Otro Japón

Qué gran suerte es tener un marido capaz de realizar esta foto tuya en Shibuya.

 

Dicen que hasta que no has estado tres veces en Japón no consigues descifrar por qué las mujeres japonesas no usan gafas y los hombres japoneses llevan bolso en vez de maletín. Dicen también que hasta entonces no te son reveladas las funciones ocultas de sus váteres con chorrito de agua.

En realidad todo lo nombrado anteriormente lo he dicho sólo porque no sabía cómo empezar este post pero… ¿acaso no ha funcionado?

Homenaje a las hermanas Duval en Shinsekai. Sin embargo, no os hablaré de este barrio. Soy así.

 

Queridxs amigxs, aquí estamos de nuevo. Atrás queda un exitoso Thalía challenge, la huida afortunada de un tifón descomunal y uno de los mejores viajes de mi vida.

Nos ha gustado tanto lo que hemos descubierto en esta tercera experiencia en tierras niponas que incluso dudábamos si compartirlo, para que no se popularizaran demasiado algunos hallazgos. Pero como compartir es de guapas, aquí va esta propuesta de Japón alternativo.

Si vas a Osaka no preguntes por la Dolores. Eso es en Calatayud.

 

OSAKA. La tercera ciudad del país (para algunxs la segunda) es un punto de partida o final típico. Mucha gente visita su castillo, el canal de Dotonbori y la animada zona de Shinsekai.

Lo cierto es que todo eso vale mucho la pena pero poca gente recorre lugares tan fascinantes como Tenmangú (un impresionante templo sintoísta en un barrio –Tenma– lleno de restaurantes),  el santuario Ohatsu (un lugar dedicado a unos desdichados enamorados en mitad de los rascacielos) o el mayor barrio coreano de Japón (Tsuruhashi, donde se come fenomenal). Para quienes busquen modernidad, Nakazakicho es un barrio encantador, lleno de locales cuquis y casas bajas pre guerra.

En el templo de los enamorados intentamos hacer un “Dirty Dancing”. Al menos no hubo heridos.

La historia de Ohatsu es un poco la de Pretty Woman… ya me entendéis.

Ruegos creativos.

La calle cubierta de Tenma. Como en la vida, en ella a veces cuesta ver la luz al final del túnel.

Su templo Tenmangú, como dirían en México, es un “templotote”.

PITICLI causó furor en Nakazakicho.

En sus calles hípsters bailamos un “agarrao”.

Barbacoa coreana en el barrio ídem. Ésta, con menta, receta de la madre del dueño.

 

Lo habitual es ir desde ahí hasta Kyoto o Nara. Sobra decir lo fabulosos que son pero para quienes busquen una excursión menos habitual, Kurashiki es un precioso pueblo con un casco histórico sorprendente y hasta canales evocadores.

Atención a lo bonito que es Kurashiki.

De postal total, ¿o no?

Curiosamente, Kurashiki es la capital del “denim” japonés. Su casco histórico está lleno de talleres. ¡Y también hacen vino!

 

TOKYO. La capital del país es ya un destino muy turístico. Incluso barrios como Shimokitazawa, Koenji o Nakameguro son cada vez más visitados. Por el contrario, Ueno aún mantiene rincones muy auténticos (atención a sus baños tradicionales o los pequeños restaurantes bajo las vías de Ameya Yokocho).

Más al norte, el barrio de Yanaka sorprende con sus casitas históricas, su Yanakaginza (calle donde aún quedan artesanos) y sus trescientos templos (sí, trescientos). Muy cerca se encuentra Nezu, un santuario relativamente poco conocido y absolutamente encantador.

Foto de la primera vez que estuvimos en Ueno. Como se ve, fue un flechazo.

Años después la magia sigue.

Yanaka Ginza es famosa por sus artesanos, por sus atardeceres y por sus gatos. Sí, hay una escalera donde se ve que se ponen decenas.

Matsuri, o festival de verano por el barrio.

PITICLI siempre fascinando.

Intentando imitar la postura de una escultura en las fiestas de Nezu.

 

Pero aquellxs que nos han seguido por instagram saben que gran parte de nuestras vacaciones las hemos pasado en el archipiélago YAEYAMA. Viene a ser, en sus mapas, “las Canarias de Japón”. Se trata de un conjunto de islas subtropicales junto a Taiwán y que recuerdan a un Hawái a la japonesa. Si buscáis en google comprobaréis lo increíbles que son sus arrecifes de coral y su naturaleza.

Una plasha sensisha de Taketomi, provincia de Okinawa.

 

A ellas se arriba en un vuelo interno que aterriza en Ishigaki, la isla más poblada y que funciona como centro de operaciones. Desde su puerto salen ferris para todas las demás. Ishigaki es llamada “la última ciudad japonesa”. Nosotros exploramos cinco de sus islas (incluyendo Ishigaki).

Las casas de Taketomi mantienen los tejados tradicionales y los leones guardianes en los mismos.

 

TAKETOMI. Una isla muy pequeña frente a Ishigaki y a la que se llega en pocos minutos. Taketomi, para mí, es una joya. Su arquitectura tradicional está perfectamente conservada, prácticamente no hay coches (en su lugar hay búfalos de agua) y tiene –para muchxs- las playas de arena blanca más espectaculares del archipiélago. Aunque suele ser una excursión de un día existen bastantes casas de huéspedes.

Es frecuente cruzarse por la isla con búfalos de agua. El campesino lleva un cubo para recoger las heces de los animales.

Vista de la costa desde el “muelle del oeste”.

 

IRIOMOTE. La mayor de las islas. El 90% del territorio es selva (sí, pura selva profunda) y ni siquiera existe una carretera que la circunde por completo. Plagada de ríos (uno de ellos es apodado el “Amazonas japonés”) es un lugar habitual para realizar trekkings. Nosotros completamos uno de seis horas: primero hasta la cima de la cascada de Pinaisara (55 metros, la mayor de Okinawa) y posteriormente hasta su base para bañarnos. Por el camino tuvimos que ir en kayak entre manglares o superar desniveles fangosos. Una aventura absolutamente recomendable.

En plena selva de Iriomite, entre las raíces de un árbol propio de la zona.

Kayak entre manglares. Al fondo, cascada de Pinaisara. Ciertamente te sentías en el Parque Jurásico.

Postureo en la cima.

 

KUROSHIMA. Pequeña isla en forma de corazón famosa por tener muchísimas más vacas que personas. Es un lugar al que van a poner sus huevos las tortugas marinas y cuenta con la playa que más “likes” ha tenido en nuestro instagram. Sólo había un bar-restaurante abierto en toda la isla, en el núcleo más poblado -hacia el centro de la misma- y os puedo asegurar que es uno de los mejores recuerdos que guardo. Tendríais que haber visto la cara del dueño y de los parroquianos al vernos entrar. Son famosos sus cielos nocturnos.

Playa de Kuroshima. Si vais a mi galería de instagram veréis otra foto de este día que tuvo mucho éxito.

El bar de Kuroshima, regentado por un ultra fan de Yohji Yamamoto.

Ah, y te podías echar una partidita al “UNO”.

 

KOHAMA. La particularidad de esta isla es que gran parte de su territorio son campos de golf y resorts. Para ver adónde va la gente pudiente japonesa. Tiene un par de bonitas playas (pero nos tocó marea baja y mal tiempo) y un único pueblo. Allí probé el delicioso plato local: tallarines con caballa.

Kohama está muy cuidada, y tienen el detalle de indicarte dónde salen las mejores fotos.

El plato típico del pueblo.

 

ISHIGAKI. La isla principal tiene la bahía más famosa y fotogénica de la zona: Kabira (googlead si queréis y alucinaréis). Cerca de la misma se encuentra Yonehara, una playa desde la que se accede a uno de los arrecifes de coral más increíbles que existen.

Hacer snorkel en el mismo es ver en vivo y en directo todos los documentales de la 2. Más en alta mar se encuentra un corredor que cruzan las mantarrayas. Nosotros no vimos mantas pero sí cientos de peces exóticos (ahí estaba Nemo, Dori y todo el cast) y hasta tortugas marinas. El resto de la isla cuenta con bosques frondosos, manglares, bonitas playas y algunos templitos muy evocadores. El centro del núcleo urbano es animadísimo y tiene un montón de restaurantes. Otro detalle: la gente es muy amable en todas partes (y habla inglés).

Snorkel en Yonehara. Por cierto que me sucedió algo un tanto bochornoso con el neopreno que ya os contaré en privado.

En Ishigaki se encuentra este templo famoso por su enorme cantidad de lámparas que marcan el camino.

El monumento más famoso de la isla es éste, que marca la recuperación del sentido de conducción tras la ocupación estadounidense. Bonito no es, pero se le coge cariño.

Playa de Fusaki y muelle del Ángel, lugar al que va la gente para ver el atardecer.

 

En fin, espero que os hayan entrado ganas de explorar ese territorio (aunque no demasiadas, no queremos que se popularice demasiado 😛 ). ¡Si queréis saber más preguntad!

Por cierto… ¿qué tal lleváis septiembre?

¡Sed muy Felices!

¡Viva Japón!

 

Seguimos en contacto vía Instagram (@agustinkongPero si me veis en el mundo físico… ¡saludadme!

🙂 Grupo de Hong Kong Blues en FACEBOOK.

La noche en que supimos cómo íbamos a volver a España (el tifón inutilizó el aeropuerto) fuimos a celebrarlo a los recreativos y al karaoke.

 

 

 

 

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