Mute

Lo de “mute” es porque no sólo estuve en silencio forzoso como en las tv, sino que también remite al imperativo “mutar”. ¡Mutemos! Nota: aquí servidor leyendo el segundo libro del fin de semana.

 

Mudo. Me quedé mudo. Literalmente. Si en el anterior post hablaba de las maravillas de la palabra, hoy escribiré sobre cómo manejarse estando más callado que una estatua etrusca. Qué ironías tiene la vida.

El caso es que el viernes pasado perdí la voz. No el programa, sino que terminé igualito que la Sirenita haciendo un trato, justo cuando partíamos de fin de semana a nuestro adorado Delta del Ebro.

Un@ se queda mudo también ante desayunos como estos. Ha sido un finde de cuidarse, como veis. Gracias Masía Tinet <3

 

Y he de deciros que me fue muy útil. Porque decidí no fustigarme y encontrar su lado positivo. Oye, que te da para meditar más, para concentrarte y, sobre todo, para permitir que los demás se expresen. Me atrevería a decir que me transformé en el marido ideal. ¡Ni llevar la contraria podía!

De hecho estábamos cenando (yo señalaba la carta y PITICLI pedía por mí) y escuchaba tanto que PITICLI, el primer sorprendido, me acabó contando cosas que nunca me había explicado.

Y lo mismo con las otras personas a mi alrededor.

Un consejo: si queréis haceros una foto leyendo en el paraíso acordaos de meter barriga.

 

Asumiendo mi situación introspectiva decidí dar un paso más allá y dedicar horas a una pasión arrinconada: la lectura. ¡Me acabé dos libros!

Han sido horas de tumbona, piscina fabulosa entre arrozales y lectura bajo una palmera. También algo de playa (en mi instagram tenéis un #CarnePorFollowers del momento) y palas (los puntos los contaba PITICLI), además de saborear menús degustación (así no tienes que pensar ni pedir) sobre una mejillonera (Musclarium) y volver a los lugares que tanto te gustan y que ya saben qué quieres tomar (el mejor arroz negro del mundo, en Ida Can Machino). No sé si he comido o leído más.

Ventajas de los menús degustación, no tienes ni que decir: ¡ostras!

 

Y otra ventaja de leer y estar callado: por la noche me puse a ver un documental por internet con los subtítulos en castellano. El docu estaba muy bien, pero había algunas faltas de ortografía que me estaban poniendo un tanto nervioso. ¿Qué hice? Localizar por instagram al director, escribirle y ofrecerme para corregirle los subtítulos sin coste. ¿Qué pasó? Me respondió, aceptó, me pasó los subtítulos y se los corregí de una sentada. ¡Y sin necesidad de hablar con él!

Aún no he comido un arroz negro que supere al de Ida can Machino.

Aquí tenéis la prueba. Otro consejo: haceos las fotos en bañador antes de un arroz en el Delta.

 

Ojalá me ponga en los títulos de crédito.

En fin, no sé si será por el silencio o por la felicidad de estar en ese paraíso adorado, ha sido un fin de semana con sabor a vacaciones. Cuando volvíamos para Barcelona empecé a recuperar la voz y me pareció notar cierta melancolía en la cara de PITICLI. Quién sabe si por volver al trabajo o por reencontrar a un marido demasiado charlatán.

Sobran las palabras.

 

En todo caso yo espero no olvidar algo que he aprendido estos días, aparte del valor del silencio: llegué a la conclusión que en ocasiones no hacer también es hacer mucho.

Haced o no haced… ¡Pero sed muy Felices!

A nosotros, como a mi abuelo, los arrozales nos hacen volar.

 

Seguimos en contacto vía Instagram (@agustinkongPero si me veis en el mundo físico… ¡saludadme!

🙂 Grupo de Hong Kong Blues en FACEBOOK.

 

 

 

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