He viajado en el tiempo

En ocasiones todo lo que puedes pedir es una puesta de sol así.

 

He viajado en el tiempo. Sí, he tenido ese privilegio. Acabo de volver de mi niñez. Junto a mi abuelo y mis tíos.

Y un empedrado delicioso ha hecho las veces de baldosas amarillas.

Si tu camino empieza con un empedrado así sabes que llegarás a buen puerto.

 

No he hecho nada y lo he vivido todo.

He salido con una silla a la calle, a charlar a la fresca, a contemplar cómo se apaga el día y surge el aroma del galán de noche.

Salir a la calle puede ser toda una proeza, y charlar la mejor de las recompensas de la vida.

 

He pasado una tarde acompañado en silencio, donde una vez hubo un castillo, hipnotizado por el juego de centenares de golondrinas.

No podéis imaginar la cantidad de golondrinas que había, ni la belleza de sus juegos.

 

Sentado a su lado, escribiendo, he vigilado el dormir de mi abuelo, como cuando de niño él se echaba la siesta en la bodega y me dejaba jugar al lado, en su taller de carpintería. Siempre me dejó explorar, me animó a soñar y confió en mí.

Aquí estuvo la antigua sinagoga. Es uno de mis rincones preferidos del casco antiguo.

 

He comprobado que se puede viajar sin caminar, sin necesidad de salir de casa, incluso sin poder salir de la habitación. Bastan las ganas de saber y los recuerdos.

No ha habido excursiones en coche en esta ocasión, ni siquiera paseos, pero sí muchas conversaciones y viajes fantásticos.

 

He sabido que una persona lista cabe en todas partes, que se puede ser bueno de muchas maneras y que hay ricos pobres y pobres ricos.

Casas nobles que se mantienen su gallardía pese a la ruina acechante.

 

He caminado a la sombra, he descubierto antiguos palacios y sinagogas que se resisten a desaparecer.

He comido frutas increíbles.

Este viaje descubrí las peretas, que tienen el tamaño de las cerezas y saben a pera. Una delicia.

 

He visto cómo las gentes del lugar daban de beber a los sedientos pájaros en sus balcones. Cómo se puede ser uno con la tierra.

Mi tía Isabel, constructora de puentes y tejedora de afectos.

 

Y se me ha dicho que quien da sus bienes antes de la muerte merece que le den con un mazo en la frente. Que hay que disfrutar todo en vida.

Porque como dice mi abuelo, que salió triunfante de la miseria y del rencor: “la vida es muy amable, no hay un lugar mejor”.

Un paseo inesperado, así como tantas otras cosas, pueden  recordarte lo amable que es esta vida. Gracias, familia, por ser como sois.

 

¡Sed muy Felices!

Seguimos en contacto vía Instagram (@agustinkong)

🙂 Grupo de Hong Kong Blues en FACEBOOK.

  • Bonito post. Aunque tú ya encontraste a tu mago al final del camino de baldosas amarillas: tu abuelo, o fue al principio?. Esto de las baldosas amarillas es por el Mago de Oz o por la canción de Elton John? (aunque parece que es lo mismo). Perdona el interrogatorio, en fin que me ha gustado mucho, destila sentido y sensibilidad…
    Un abrazo!

    • Jajaja, sí, tienes razón, yo ya encontré al Sabio (en este caso no es mago) en mi Oz particular. Muchas gracias por tus palabras, eres un amor, compañera. ¡Besos!

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer