Si tú me preguntas sobre lo sucedido en Berga

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Todavía siento miedo cuando voy de la mano de mi marido por la calle.

Sí, aún recuerdo los golpes de antaño, y escucho los insultos de hoy.

Sostengo su mano pero irremediablemente, al poco, la suelto. No, no soy tan valiente.

Por ello me admiran aquell@s gays que se besan o pasean unid@s en público. Especialmente l@s más jóvenes, porque la visibilidad es buena pero también les expone al odio y a la violencia. Hablamos de Berga, Madrid, la escuela o tu propia casa.

Yo nací en un entorno más desprotegido. La calle era una selva, la escuela una tortura y mi casa una condena.

No quiero jugar contigo, imagínate que te cortas y me contagias el sida, marica, me dijo una vez un niño en el patio. Yo tendría 10 años, y ni siquiera era consciente de ser gay. Luego llegaron los golpes, que no podría confesar en casa.

A los homosexuales habría que matarlos con gas mostaza por el recto, pues así encima disfrutarían, dijo en una comida mi propio padre, delante de mí, cuando yo ya sabía qué o quién era.

Mi padre, aquellos chavales y tanta gente eran héroes antes, y en algunos lugares todavía lo son. Por eso, aunque estamos siempre cerca de la vuelta a la oscuridad,  me alegra vivir en un país cuyas leyes actualmente me amparan. Y donde puedo tener un marido.

Yo conseguí sobrevivir para contemplar este momento. Otros no lo lograron. La amargura les consumió hasta quedar ocultos en la sombra o, simplemente, murieron.

Si tú me preguntas, te diré que no quiero castigo ni defensa, quiero que no pase.

Quiero una sociedad donde no se decida quién o qué es normal.

Huyo de quienes marcan ciudadanos de primera, segunda o tercera.

Huyo de quienes dicen tener a Dios de su parte, porque guardan el odio y el castigo para sus diferentes.

No, no quiero tener a un Dios de mi lado, sino los Derechos Humanos.

Los Derechos Humanosqué mariconada, deben de pensar algunos.

Quizá por eso los defiendo yo.


 

Nota: hace unos días me preguntaron por qué no escribía sobre lo acontecido en Berga, desarrollando aspectos del presunto trastorno de conducta del agresor. Empecé dicho escrito, partiendo de la salud mental, virando a las fobias de nuestro tiempo y arribando, finalmente, a mi propia experiencia. Quién sabe, quizá no todos los caminos lleven a Roma, sino a uno mismo.

Éste fue el texto final, que subí como nota a mi Facebook personal. El impacto de la misma ha sido tan grande (he recibido cantidad de mensajes y ha sido decenas de veces compartido) que me sentí impulsado a publicarlo también en este foro. Por respeto a la web, he modificado algunos de los insultos del original.

Apoyemos el amor, el respeto y la libertad. 

 

 

 

 

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