Placeres y razones

Mari Cuqui Escajiropoulos tenía tantas ideas que requería de sombreros así para que no se le escaparan. Aquí debatiendo de astrofísica con su socorrista de cabecera. Nada le daba más placer.

Mari Cuqui Escajiropoulos tenía tantas ideas que requería de sombreros así para que no se le escaparan. Aquí debatiendo de astrofísica con su socorrista de cabecera. Nada le daba más placer.

 

A lo que más me gusta no es la paella. Ni siquiera la ropa (y mira que tengo para vestir a todo Lugo). No, a mí lo que me apasiona es otro asunto. Y creo que no soy el único.

Tres cosas hay en la vida, según reza la canción: salud, dinero y amor. ¡Ja! Ok, eso está bien. O más que bien. Pero hay una cuarta, el súmmum del súmmum: tener la razón.

A Leopoldo Kansas lo que más le gustaba no era tener la razón, sino llevar chubasquero, independientemente del clima. Afortunadamente se enamoró de una fan acérrima de "Cantando Bajo la Lluvia".

A Leopoldo Kansas lo que más le gustaba no era tener la razón, sino llevar chubasquero, independientemente del clima. Afortunadamente se enamoró de una fan acérrima de “Cantando Bajo la Lluvia”.

 

Tener la razón es un placer supremo que no puede equiparar ni el mejor helado de turrón. Y ya es decir.

Es a lo que aspiran las partes en la pareja, los compañeros de trabajo… ¡los contertulios en un bar!

Dile al tipo del bar qué prefiere: tener una caña gratis o tener la razón. O a la mujer: una cena romántica o tener la razón. Está claro.

Como las Autoridades Sanitarias tenían razón y fumar era perjudicial para la salud, Petronila Gutierres y Sandocán Indochín se pasaron a los cigarrillos de chocolate, que también les daban mucho placer.

Como las Autoridades Sanitarias tenían razón y fumar era perjudicial para la salud, Petronila Gutierres y Sandocán Indochín se pasaron a los cigarrillos de chocolate, que también les daban mucho placer.

 

Tener la razón está bastante relacionado con tener el poder, que también apetece lo suyo, pero no son sinónimos (por 25 pesetas, ejemplos de tener el poder sin tener la razón: 1,2,3, responda otra vez).

Yo no sé en los países civilizados, porque allí a lo que se aspira, supongo, es a la equidad y la verdad científica, pero aquí, en el segundo mundo, con el poder, y la razón en el mejor de los casos, nos damos más que por satisfechos.

Más que tener el poder, cuando a Renata Piedi Doloriti su novio le regaló esto por su cumpleaños, lo que quería era podérselo tirar por la cabeza al susodicho.

Más que tener el poder, cuando a Renata Piedi Doloriti su novio le regaló esto por su cumpleaños, lo que quería era podérselo tirar por la cabeza al susodicho.

 

De todos modos esto no sucede en el cien por cien de los casos. Me explico: ayer tuvimos una nueva “sesión ilustrativa sadomasoquista con la Musa Bruja.

Durante más de una hora aprendimos desde coser delicadamente el cuerpo humano” a “te azoto con una regla y un alambre de pinchos”, pasando por “te cuelgo como un fiambre” y “te electrocuto como yo quiero.

En todas esas situaciones que el sumiso tuviera la razón era lo de menos. El dominante atizaba. Y si uno se fijaba, no quedaba claro quién tenía realmente el poder o el control. Pero el placer era compartido.

Saro Maso era una ama del sado muy codiciada por su discreción. Era capaz de trabajar en cualquier entorno. Aquí asfixiando a un cliente en pleno evento religioso.

Saro Maso era una ama del sado muy codiciada por su discreción. Era capaz de trabajar en cualquier entorno. Aquí asfixiando a un cliente en pleno evento religioso.

 

Vamos, que en los entornos sadomaso la razón es lo de menos.

Lo mismo que cuando organizas tu boda. Desarrollaré la respuesta: estos días andamos decidiendo dónde sentaremos a la gente, qué incluiremos en el presupuesto o cómo se hará la ceremonia. ¿Creéis que ahí se impone la razón? Ni en broma. Eso más que acuerdos son pulsos.

Amatulia Plenur necesitaba reinventarse, así que dejó el sado y se convirtió en osteópata. ¡Sus conocimientos la convirtieron en toda una sensación!

Amatulia Plenur necesitaba reinventarse, así que dejó el sado y se convirtió en osteópata. ¡Sus conocimientos la convirtieron en toda una sensación!

 

Y al final de lo que se trata es de salir escaldado lo justo. Pero con gusto. Porque el placer ya no sólo está en reunir a la gente, sino en los quince días de vacaciones extra.

Ahora que lo pienso: hay algo que me gusta más que tener la razón. ¡Las vacaciones!

¡Sed muy Felices con y sin razón!

Pues tenían razón: ¡llegó el calor!

Pues tenían razón: ¡llegó el calor!

 

 

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