Superpoderes

Encarna Shonconneri tenía un don especial: era capaz de huir de los moscones a la velocidad de la luz. Aquí saliendo de un bar.

Encarna Shonconneri tenía un don especial: era capaz de huir de los moscones a la velocidad de la luz. Aquí saliendo de un bar en Santander Distrito Federal.

 

Desintegro el color azul. Os lo aseguro. Dadme una camisa azul celeste, una toalla o hasta unas sábanas. ¡Tachán! En unas horas el tono habrá desaparecido como si le hubiera caído disolvente. Para alucinar. Debería hacer un vídeo de youtube para mostrarlo, que igual da seguidores.

Soraya Bíbliotech Digitalisé tampoc vestía nunca de azul. En su caso porque al ser tan alta se confundía con el cielo y chocaban los aviones. Aquí, de blanco, jugando al scalextric.

Soraya Bíbliotech Digitalisé tampoc vestía nunca de azul. En su caso porque al ser tan alta se confundía con el cielo y chocaban los aviones. Aquí, de blanco, jugando al scalextric.

 

Ése es el motivo por el que casi nunca visto de ese color, ¡con lo que me favorece! Jamás pude ir a una entrevista de trabajo con el look recomendado. Ah, también destruyo bastante el marrón y el rojo, pero no hay color.

Sospecho que ese detalle está relacionado con que nunca me ha picado un mosquito. No, no hablo de moscardones.

A Roberto Fishface tampoco le picaban los mosquitos, ni los humanos. A la que se le acercaba uno... ¡al agua! Dicen que alguna vez gritó: ¡Esto es Esparta!

A Roberto Fishface tampoco le picaban los mosquitos, ni los humanos. A la que se le acercaba uno… ¡al agua! Dicen que alguna vez gritó: ¡Esto es Esparta! Pero no se le entendió muy bien.

 

Podría practicar yoga en pleno enjambre (nudismo no me atrevo). Sí, sí, los mosquitos se pasean relajadamente por mi brazo durante la tarde o recorren mi pierna durante la noche y nada. Van al de al lado.

Pero así como los mosquitos me obvian, las personas tienden a reconocer mi cara, no importa cuánto tiempo haga que no he vuelto a un restaurante o una tienda, me recuerdan. En ocasiones es una ventaja, en otras un poco incómodo.

Antonia Galaxy  no es que tuviera miedo del robot, es que se acababa de acordar que no había cerrado el butano. En realidad el robot le molaba.

Antonia Galaxy no es que tuviera miedo del robot, es que se acababa de acordar que no había cerrado el butano. En realidad el robot le molaba.

 

Yo creo que tiene que ver con el hecho de que desde que mis padres me pusieron la ortodoncia no he dejado de sonreír.

Ésos, básicamente, serían mis tres superpoderes, aunque podría explicaros también mis  dos mediopoderes. Uno: tengo cara de oreja, lo cual hace que cualquier desconocido me cuente su vida. Y dos: despierto una fantasía instantánea de estabilidad y seguridad, pero no de revolcón.

Mariano Maicrochip tenía el superpoder de la ultrasiesta. Era capaz de echar una cabezada en cualquier situación. Aquí, mostrando su capacidad en el pub más ruidoso de Benidorm.

Mariano Maicrochip tenía el superpoder de la ultrasiesta. Era capaz de echar una cabezada en cualquier situación. Aquí, mostrando su capacidad en el pub más ruidoso de Benidorm.

 

PITICLI tiene un superpoder indudable: el de la invisibilidad. Sobre todo en los restaurantes. No importa cuánta gente haya en la barra o en las mesas, no se le verá. Contrastado. En cambio resulta absolutamente irresistible para señoras de la tercera edad y ciudadanos de Brasil.

Isabelita Firefox más que superpoder tenía una mala gaita que ni Agustina de Aragón. Ésta es una imagen de la reconquista de Saturno, que hizo prácticamente sola.

Isabelita Firefox más que superpoder tenía una mala gaita que ni Agustina de Aragón. Ésta es una imagen de la reconquista de Saturno, que hizo prácticamente sola.

 

¿Y las Musas? Bueno, la mayoría de ellas tiene un poder de doble cara. Por un lado son capaces de desarmar a cualquiera, despertar pasiones incontroladas (la sola presencia de algunas resultan irresistibles a los hombres y a determinadas mujeres) y enloquecer al público, y por otro… también enloquecen, pero por su capacidad para generar el caos.

Así son, un torbellino. Pero ya se sabe: todo poder conlleva una responsabilidad.

Yolanda Colajet andaba desesperada: resutaba irresistible a cualquier invasor destructor. Con éste llevaba tres y otros tantos planetas.

Yolanda Colajet andaba desesperada: resultaba irresistible a cualquier invasor destructor. Con éste llevaba tres y otros tantos planetas. Unos la consideraban gafe, otros, suertuda.

 

Lo importante es saber cuál es el nuestro. Y divertirnos. Pero empleándolo para el bien, ojo.

¿Cuál es el vuestro?

¡Sed muy Felices!

Nosotros el poder de volar no lo tenemos, pero sí hemos pillado el punto a captar los saltos.

Nosotros el poder de volar no lo tenemos, pero sí le hemos pillado el punto a captar los saltos.

 

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  • Pues mi poder es administrativo, en el Centro de salud si me siento al lado de los administrativos, el usuario siempre me pregunta a mí…nada superosónico como ves. Ni siquiera tengo éxito con los ancianos, jajaja. Me ha encantado lo de la oreja eso, pensandolo bien, también me ocurre…
    Pobre Piticli…
    Un abrazo!!

    • Buenos días. Obviamente tienes cara de oreja, te lo aseguro. Pero es que también la tienes muy entrenada jaja (la actitud). Estoy seguro de que eres muy organizada, y que podrías hacer de administrativa también 😛
      ¡Muchos besos!

    • Jajaja. ¿Seguro? Algunos superpoderes propios sólo los detectan las personas de nuestro alrededor 🙂 ¡Mil Besos!

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