La Ley del Mínimo Escrito

 

Montserrat Silaborsasona esperaba ansiosa todos los años Sant Jordi. Era una florista especialista en despachar capullos.

Montserrat Silaborsasona esperaba ansiosa todos los años Sant Jordi. Era una florista especialista en despachar capullos. Y una gran lectora. Su cuento preferido era el siguiente:

 

La ventana de su despacho se abría. Todos los días. Por el viento. A las dos de la tarde. Él la cerraba. Daba igual. La ventana se abría. De nuevo. Por el viento. No entendía nada.

Tras varios intentos supo que lo mejor era dejarla a su aire. Que fuera lo que el aire quisiera y mandara.

La primera vez le había pillado desprevenido. Trabajando. Inmerso en sus pensamientos. Buceando. Ajeno al mundo. Los papeles volaron. Por toda la sala.

La segunda hablaba con una clienta. Intentó cerrarla. Antes calló la clienta que el viento. Desconcertada.

La tercera vez no estaba. Pero al volver encontró la ventana como al aire de las dos le gustaba.

Se volvió una rutina. Una cita anhelada. Llegó a pensar si no se trataba de su abuela, que en vida había sido tan bromista, y que tan obsesionada con ventilar la casa andaba.

La ventana siguió abriéndose. Todos los días. Por el viento. A las dos de la tarde. Llegó el frío. Luego el calor. De nuevo la mañana helada. Entender o no ese fenómeno ya no le preocupaba.

Era, por qué no decirlo, una sugestiva compañía. Una visita de cortesía esperada.

Alrededor de ese momento una pausa organizó en su jornada. Apagaba el ordenador, visitas no se programaba. Preparaba un café, paciente, respiraba. A la hora precisa el viento, abriendo la ventana, llegaba .

Y así meses. Más de un año. Él nunca la dejaba abierta. Le gustaba que sin llamar entrara.

Pero un día no vino el aire. Ni otro. No fue en toda la semana.

Él siguió esperando con su café. La mente en la ventana.

¡Quizá ya no volvería! Temió si lo olvidaría. Pasó mucho tiempo. Decidió escribir un cuento.

Dejar constancia de lo sucedido, con un punto divertido. Lo terminó una noche amigable. Resultó un texto entrañable.

Se levantó temprano, se fue al trabajo.

Y a las dos volvió el viento, con su antiguo desparpajo.

Las hermanas Lali y Pepi Somorrostro fueron las floristas más famosas de su época porque con cada rosa regalaban un beso. Terminaron anunciando bálsamo labial reconstructor.

Las hermanas Lali y Pepi Vilaolímpica fueron las floristas más famosas de su época porque con cada rosa regalaban un beso. Terminaron anunciando bálsamo reconstructor labial.

 

No hay celebración que nos guste más a los barceloneses que Sant Jordi. Ni mejor regalo que el amor y la cultura. Dicen que se lee poco, pero que no podemos vivir sin que nos cuenten historias.

Mireia Compraensabadell no se aficionó a la lectura hasta que descubrió que podía adelgazar leyendo dentro de la tienda tuneada por su marido Jordi (a partir de ese día, Sant Jordi)

Mireia Compraensabadell no se aficionó a la lectura hasta que descubrió que podía adelgazar leyendo dentro de la tienda tuneada por su marido Jordi (a partir de ese día, Sant Jordi)

 

También que todo escritor en el fondo se narra a sí mismo. Así que no se me ocurre nada mejor que obsequiaros con un pequeño cuento basado en hechos reales.

Leed, escribid… ¡y Sed muy Felices!

Persiguiendo sueños y saltando en camisa de pijama. ¡Feliz final de semana!

Persiguiendo sueños y saltando en camisa de pijama. ¡Feliz final de semana!

 

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