Los Noctámbulos Implacables

     Madre mía, menos mal que PITICLI me acaba de llamar, porque estaba más dormido que Aurora tras sufrir el hechizo de la bruja despechada. PITICLI llamaba, junto a la Musa Mexicana, para invitarme a tomar algo en una terraza al terminar su ensayo (para quienes no lo sepan, están preparando un monólogo teatral que promete mucho, aunque yo no sé qué hacen durante el mismo, pues PITICLI siempre vuelve a casa oliendo a vino –por lo visto siempre discuten ciertos detalles con una botella de por medio, cosas de la bohemia-).

     Y es que no sé qué me pasa, pero desde hace un tiempo lo único en lo que pienso cuando se acercan las tres es en irme a casa a pegarme un siestorro. Admiro a la gente que hace cursos, que va al gimnasio, que se pone el chándal y se tira a la calle a correr o patinar… yo lo único que quiero es planchar la oreja, y si puede ser durante más de una hora, con babilla, mejor.

     Eso sí, yo me escudo en mi ardua tarea diaria, y mi exceso de realidad durante el trabajo, que me “obliga” a hacer un “reset” cerebral tras tratar, por ejemplo, con pacientes como el niño de doce años al que le miro los brazos, tras detectar unas formas curiosas, le pregunto qué son y me responde que tres tatuajes. Efectivamente, el niño iba tatuado (uno de ellos era un “amor de madre” y otro un “Cristo vive”, para más INRI). Por cierto que no tuve el placer de verle llegar con los piercings y los pendientes. Tampoco estaba presente cuando explicó que alguno de los tatus se los había hecho su tío durante una visita a éste en la cárcel, con los “instrumentos” que había por allí. Eso es una infancia edificante y lo demás tonterías.

     Lo dicho, o hago un reset o no puedo tener un resto de día en modo, al menos, “normal”. Y ya no digo “modo súper guay”, que para eso se necesita ser más joven.

     Puede que para engañarme, o para autoconvencerme de que todavía estoy hecho un chaval, el fin de semana pasado me fui con una de las Musas a Madrid, así, ambos de Rodríguez. Y claro, ¿qué haces en cuanto te encuentras en semejante situación? Lo mismo que haría cualquier jubilado en Benidorm. Para empezar, nada más ponerse el tren en marcha –literalmente- fuimos al vagón cafetería a tomarnos sendos gin tonics. Porque sí, porque éramos “jóvenes”. Luego vimos que no estábamos para seguir ingiriendo esas dosis en plena tarde y seguimos con Coca Colas (vaya, debería pedir dinero a los anunciantes).

     El caso es que llegamos a Madrid con la misma actitud que los integrantes de una despedida de soltero, pero sin los artilugios en la cabeza (¿para qué se pondrán esas protuberancias, para captar una señal cósmica?). Tan entonados estábamos que cuando nuestro intermediario se encontró con nosotros para darnos las llaves del apartamento nos quedamos en shock. El muchacho firmaba como M. Chao en los mails, y yo pensé que era argentino, por aquello de Manu Chao, pero no, resultó ser chino. Yo creo que algo de sorpresa nos notó. Pero lo bueno fue cuando nos despedimos de él, y la Musa no paraba de decirle: “chao Chao”. Cosas del directo.

     Sin tiempo que perder nos pusimos nuestros mejores escotes (yo también, pues decidí que había llegado el momento de amortizar la láser) y saltamos a la calle para:

  1. participar de la Historia
  2. ir a cantar a grito pelado canciones de Marisol, Paloma San Basilio y Camilo Sesto.

     He de aclarar que no fue en el mismo escenario. Había que ir a SOL ya que estábamos allí, y lo hicimos, pero no estábamos preparados para acampar (y menos cuando vimos alguna rata pasar cerca de las cabezas de los durmientes), así que terminamos en un bar –anteriormente sofisticado- en el que aquella noche alguien había plantado un teclado electrónico en mitad de la sala, y en el que un muchacho cantaba canciones que sólo conocías si eras un nostálgico o un viejuno (petardo en ambos casos). Ideal para nosotros. Tanto nos inspiró que finalizamos la fiesta en un local un tanto “despreocupado”, y servidor se desmelenó hasta tal punto que hizo una acrobacia –léase pino – puente- en la pista. Éxito total y alcohol del bueno. Todo el mundo nos quería invitar a ir con ellos y nos sentíamos unos jovenzuelos (bien nos guardamos de decir nuestra edad, aprovechando que de noche todos los gatos son pardos o algo peor).

     Animados por el resultado, al día siguiente decidimos seguir explotando nuestro “charm” y nuestras energías recuperadas (PITICLI aún no cree cómo yo puedo dormirme todos los viernes y sábados en el sofá y tener ganas de salir cuando voy por ahí) y le preguntamos a un amigo diseñador dónde podíamos ir a lucir nuestros encantos. Creo que el problema fue que le solicitamos un lugar “con clase”, porque al llegar a dicho local había más controles que en la frontera de Melilla –menos mal que estábamos en la lista-. Desafortunadamente, posteriormente nos percatamos de que:

–          si en el local de la noche anterior todo el mundo iba “desenfadado” – “hortera” y armado con una cámara de fotos cutre, en éste la mayoría se había puesto encima el catálogo de un diseñador, justo cuando nosotros habíamos decidido ir “normalitos”

–          si en el otro sitio la gente se movía al ritmo de Shakira, y se tambaleaba por el alcohol, en este local la gente NO CAMINABA. ¡DESFILABA! Intentamos imitarles, pero no hubo manera

–          si en el anterior local mi acrobacia fue aplaudida, en éste había grupos de skaters y bailarines profesionales que podrían haber participado en cualquier vídeo de los Black Eye Peas. Así que nos quedamos quietecitos en un rincón

–          sí, era un lugar de gente que “era alguien” o “representaba ser alguien”, o como dice una amiga: de esos en los que te tienes que quitar todas las perlas y los TOUS antes de entrar. Nos pilló más desprevenidos que la etnia de origen de M. Chao.

     Así que nos quedamos sólo un rato, como trabajo de campo antropológico, pero nos fuimos pronto, conscientes de que no habíamos podido elegir peor lugar para alimentar nuestros egos. Eso sí, cuando nos íbamos nos preguntaron si queríamos que nos pusieran el “sello” para volver a entrar, y aunque no teníamos intención de hacerlo, accedimos (a ponernos el sello) porque nos parecía “de súper joven” lucir semejante trofeo de guerra los días siguientes (y es que… ¿de qué los hacen, de tinta perenne?). De vuelta al apartamento volvimos a pasar por SOL, ya que no habíamos hecho historia en la disco, al menos sí para la posteridad.

     Nos quedamos unos minutillos porque tampoco queríamos molestar, que aquella gente tenía que dormir, y no queríamos ser como los cuñados de un amigo, que son capaces de presentarse en su casa un día entre semana a las once y pico de la noche porque “se han dado cuenta de que se les caducaban unos ACTIMEL y como no los iban a consumir se los llevaban para que los aprovecharan”. Da igual que mi amigo se levante a las cinco y media y que tenga dos hijos menores de cinco años. Sus cuñados son unos implacables noctámbulos que en vez de irse les piden visionar vídeos de YOUTUBE (me tengo que plantear seriamente lo de los anunciantes).

     Aunque para visitas inesperadas y desafortunadas, la que tuve yo antes de ir a Madrid, en la que descubrí que había llegado el momento de experimentar aquello que decía el anuncio de “ciertos malestares que se sufren en silencio”. ¡Horror! ¡Cómo podría yo poner cara de felicidad desaforada cuando sufría en silencio! Así que me fui a la zona más alejada que me podía ofrecer la línea roja del metro y busqué una farmacia discreta, vacía, y a poder ser a la que nunca tuviera que volver, para preguntar por algún “remedio para un amigo”.

     Error. Esas cosas NUNCA funcionan (el remedio sí, que conste). Lo que sucedió es que como por arte de magia apareció una señora que necesitaba saber URGENTEMENTE cómo tomarse sus antidepresivos, otra que necesitaba no sé qué para su nariz, y una farmacéutica de repuesto para poner orden en aquella corrala. Si buscaba intimidad o que me creyeran en mi petición estaba muy lejos de conseguirlo. Allí todo el mundo opinó y dio por sentado que quien sufría en soledad era yo, pero eso sí, me dieron muchos ánimos y sus mejores deseos. Valoré especialmente los de la mujer con depresión, pues ella sabía lo que era el dolor en ese momento.

     De haber habido allí una banda musical en busca de remedio al dolor de oído interno, fijo que me hubieran tocado una marcha de despedida. Definitivamente, la discreción y el pasar desapercibido no va conmigo. Claro que con la suerte que tengo me hubiera podido tocar una banda de rumanos. Esto me hace pensar en la teoría de la Musa Escritora, que considera que no le puedes inducir a tu hijo a que estudie acordeón como instrumento musical o le estarás abocando a la indigencia.

     También me remite a la anécdota de otro amigo, que trabajaba en un SCHLECKER y tenía que andar con mil ojos porque las gitanas siempre robaban TODA la gama FRUCTIS.  Madre mía, no sé si es por el sueño, pero me está saliendo el post con más “product placement” de mi historia. Espero que no lo lea un capo de una editorial al que “abordé a bocajarro”, porque no tiene otro nombre, a la salida de la presentación de un libro a la que fui, y al que le dije que quería ser uno de sus autores (no se lo dije así, claro, sino que intenté ser chispeante e ingenioso). Yo pensaba abordarlo en el lavabo –más que nada porque sabría que allí no podría escaparse, o no al menos no hasta que terminara su “gestión”- pero decidí hacerlo en la puerta de salida. Cuando se lo comenté a mi agente se quedó muy desconcertada, pero también agradecida de que hubiera sabido parar mi “chispeo y gracia” a tiempo, pues el hombre es bastante importante y no sabemos cómo lo habría tomado. En fin, todo sea por un sueño.

     Uy, ahora que lo pienso, quizá he sido demasiado sincero y abierto en este post… ¿será por la torta de la siesta? ¿Será por los 35 recién estrenados? ¿Será porque llevo una semana compartiendo 28 metros cuadrados con dos bolivianos que están haciendo obras en el minipiso, que ha supuesto tener la nevera y los escombros en el único espacio libre que quedaba, una cantidad de polvo que ha supuesto un reto para dos alérgicos, las cañerías levantadas con sus consiguientes efluvios, y la puerta de entrada continuamente abierta de modo que TODO el mundo que pasaba por la escalera podía verme actuando en tiempo real como en la CASA DE GRAN HERMANO SARAJEVO? Porque sí, llevo una semana experimentando lo que siente una showgirl. Y claro, luego pasa lo que pasa.

     Así que mejor lo dejo aquí, no vaya a ser que encima llegue tarde a la terracita. Y eso sí que no.

     ¡Sed muy felices!

  • Querido mío, debería de haber ido a Sol con uno de los packs de Moët&Chandon Rosé, montar un picnic e invitar a los acampados. Es su obligación ética y moral para con los demás llevar el estilo y el glamul allí donde más falta hace: ha empezado por Madrid, pero ahora debería seguir por los pueblos de Castilla La Mancha. Y no, no se queje, que como decía el tío de Peter Parker, “Todo poder conlleva una responsabilidad”, así que se aguanta por haber nacido tan mono y tan ideal.

    Me deja usted muerta con las aficiones teatrales de Piticlí… huelga decir que quiero información minuto a minto acerca de la preparación de su monólogo (que perfectamente podía utilizar cualquiera de los posts que usted escribe y sería un éxito seguro).

    Un besico.

  • Está claro porque has tardado tanto en postear: acumulando datos y más datos!!! Pedazo de post. Me he reído mucho con todo, aunque siempre se me quedará grabado en el cerebrito ese sabio consejo sobre el acordeón… jajajaja… (bueno y lo del niño tatuado tampoco se irá de mi recuerdo ni de mis preocupaciones sociales).

    Muchos ánimos para Piticli!

    Que bien que hayas vuelto a escribir.

  • Voy a ser muy sincera, cosa habitual en mí, por otra parte: me gusta mucho lo que escribes , pero ésta es la primera vez que te he leído de “pe a pa”. Lo mismo es que soy muy antigua. Tu crónica actual está más en mi línea porque me permite visualizar la situación.
    Celebro que tu estancia en Madrid haya sido satisfactoria y te pregunto: ¿Es verdad lo de la rata de sol?

    • A mi lo de la rata de Sol, no me sorprende, yo las he visto en la Plaza Mayor., se conoce que Gallardpn, emplea eldnero del ayuntameinto en pagar los intereses de sus duedas, en vez de raticidas…Me alegro que hayas disfrutado tu estancia en Madrid, que ya comprobe con tus fotos…Besos y como siempre, me encanta la dinamica de tu escritura..

  • Perdon,se me han movido las teclas…donde dice Gallardpn, es Gallardon (sin acento, pues tengo un virus en la tecla de acentos…), donde dice eldnero, quise decir el dinero y donde pone duedas, quise decir deudas. Lo siento, estoy un poco torpe, yo no duermo siesta…

  • Me parto con la escena de la farmacia… es de Almodovar total… ya me veo a Chus Lampreave en el papel de la mujer con depresión…
    Muchas felicidades jovenzuelo!!
    Mmmmmuak!

  • Estimado Hong Kong qué bien se ve todo con perspectiva, cuanto más lejos mejor te siento. Enhorabuena por este blog, te veo con tu pecho laserado en un bar locutorio con bloguers twitteros rascando glamour como las ratas rascan en Sol bajo la luna y la sombra del madroño. Las canciones de progre reivindicativas es lo que tienen que se cantan toda la vida, nos las sabemos todos y nunca han servido para nada salvo para dar la tabarra, pero son monísimas. Lo dicho, enhorabuena por este blog, tienes en bobarín y en clorata de potasa dos seguidoras ( soy oligofrénica) Un saludo, Clorata de Potasa
    P.D: Los cuñados de tu amigo pueden enviar los actimeles a mi domicilio incluso caducados, con la poca sustancia que contienen apenas se nota, o remitirlos a la Puerta del Sol ,acti-mel-da para todos y algo de café!

  • Adoradísima Rosa Palo: imagino la escena de M&C en sol y me parto, jaja. Tranquila, la informaremos de los asuntos teatrales de PITICLI sin falta.

    Genial UaLTW: Gracias por tus palabras de apoyo (y para PITICLI). Si hubieras visto al niño tatuado tendrías pesadillas que ni Elm Street…

    Seguidísimo Esmoquin: Yo también me río ahora (y mucho), pero lo que era esa tarde… ¡qué horror!

    Colega Forneas: Tu sinceridad me honra y me descoloca, jaja. En todo caso, gracias por estar ahí. Y sí, lo de la rata era bien cierto…

    Colega María: Eres un SOL más grande que el de la comentada plaza.

    Totalísima Regina: efectivamente, Chus era la única que faltaba allí. Mil gracias por tus palabras. ¡Nos vemos don Desi!

    Colega Clorata: Es / son Usted/es genial/es. ¡Besos!

    Colega Suziemoi: Más completa no se puede 😉

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