Ficción versus Realidad

    

     Que la realidad supera a la ficción no es un tópico, es una certeza. De hecho, ya quisiera la ficción siquiera acercarse a algunas realidades. Y si no que se lo digan a Piticli, que el otro día, en el trabajo, recibió una llamada de una empresa por una vía un tanto peculiar. Los trabajadores de dicha empresa realizaban sus gestiones desde móviles porque… ¡les habían robado todo el cobre y no disponían de teléfonos fijos, ni fax ni nada por el estilo! Imaginaos todo el juego que dio el asunto.

     Claro está, las malas lenguas automáticamente (mal) pensaron de la población gitana, que si bien no se sabe si fue la responsable de la fechoría (uy, menuda palabrita me ha salido) sí ha protagonizado otros episodios esperpénticos.

     Ejemplo: un amigo mío se dedicaba a recaudar los alquileres de ciertas viviendas de protección oficial, y cual fue su sorpresa cuando al llamar a casa de unas personas de etnia gitana se encontró con… ¡un pony en el comedor! Claro que lo mejor fue la respuesta del padre de familia: sí señorito, tenemo uh pony porque el niño quería un elefantito pero no pudimoh conseguilo.

     Normalmente todo el mundo se sorprende cuando cuento la historia. Bueno, todo el mundo no. La Musa 100C me puso cara de… ¡pero qué me vas a contar! Y es que cuando ella vivía de alquiler en un barrio un tanto… un tanto… cómo diría yo… pintoresco – marginal, su vecina de enfrente se quejaba en la carnicería de lo mal que dormía porque sus vecinos de arriba tenían un burro que rebuznaba por la noche. Según parece ya se había acostumbrado al ruido del animal subiendo y bajando las escaleras (lo sacaban a pasear como a cualquier otra mascota), pero por la noche el pobre bicho emitía unos gemidos lastimeros que ni los mejores tapones de la teletienda podían amortiguar.

     Irónicamente la Musa tiene muy buen recuerdo de aquella época, quizá porque siempre fue muy amable de la fauna salvaje (y aquí incluyo a todo tipo de mamíferos).

     La Musa de la imprenta nos explicó otra gran anécdota al más puro estilo Almodovariano. Ella, que es una francesa enamorada de España, de pequeña vino a pasar unas vacaciones a Teruel (para que veáis que existe también para los extranjeros) que le dejaron un recuerdo imborrable. ¿Qué creéis que es lo que más recuerda? Pues una de las “atracciones turísticas” a la que la llevaron. ¿Podéis imaginar cuál? ¿El Torico? ¿Los tambores de Calanda? ¡No! ¡Una carnicería tocinería regentada por dos travestís! Sí, lo que estáis leyendo. Es una pena que yo no lo pueda transcribir como ella lo cuenta, porque según parece la pareja de travestís atendía al público engalanada con todas sus pinturas de guerra, y los habitantes del pueblo como si nada. Eso es integración y lo demás tonterías.

     Y siguiendo con el tema travestís, el otro día me subo a un taxi, y el taxista (porque me tocó uno de esos taxistas que no están dispuestos a darte una carrera silenciosa) nada más sentarme me espeta: “qué tal, ¿cómo va todo?”. Y yo: “¿perdone?”. Y él que me explica que lleva poco tiempo trabajando de taxista pero que lo que más le gusta del oficio es poder hablar con personas de distintos tipos, que le resultaba muy enriquecedor. Personalmente hubiera preferido que él enriqueciera su vida con Avecrem y me hubiera dejado tranquilo, pero ya puestos y por no ser descortés asumí mi destino y me puse a hablar con él. Como no entendí muy bien por qué me empezó a preguntar cosas como: qué pensaba yo del hueco que dejaba el petróleo tras su extracción (¿qué se responde a eso?), decidí dar un giro a la conversación y preguntarle si tenía anécdotas de su profesión (las anécdotas de taxistas siempre me han parecido excepcionales). Y él, encantado, me dijo que sobre todo hacía noches, y que la anterior había recogido a un par de señoritas despampanantes “con una cinturita, unos pechos, una cara de muñeca…” (Palabras textuales). El caso es que en un momento dado empezaron a discutir, y a subir el tono, y a insultarse, y a amenazarse… hasta llegar a un grado en el que ya no pudieron modular a voluntad y sacaron de sus escotazos sendos vozarrones roncos que ni los fumadores empedernidos de Ducados.

     Dijo el taxista que pasó mucho miedo (supongo que llegados a ese punto, las caras de muñeca debían ser de “la novia de Chuky”). Y no es para menos, porque un taconazo recibido con furia masculina ha de ser de lo peor.

     Si ya con furia femenina causa estragos… ¿Queréis pruebas? le pregunté esta semana a una paciente por qué estaba en libertad condicional y me suelta: “bueno… ej que se me fue la olla con una pava… y le arreé una mamporro en tol hombro… con el zapato. Y claro, como llevaba un taconazo desos altos guapos… le rompí el omoplato” (bueno, ella no dijo el omoplato, pero se refería a ese hueso).

     Porque los zapatos de tacón son muy estéticos, sí, y muy útiles en algunos casos también (pero en determinadas situaciones deberían llevarse con carné por puntos). Es más, me atrevería a decir que a veces son necesarios. ¿Qué sería de algunas “Divas” sin ellos? Gracias a sus zancos Lady Gaga y Kylie –que no llegan al metro sesenta- resultan espectaculares.

     Yo, por desgracia, no las he visto más que en televisión, pero dicen quienes las han visto en persona que son impactantes (y diminutas). Y hablando de gente que las ha visto en persona, un amigo comentaba el lunes, respecto al último concierto de Kylie, que había ido a verla acompañado de…su madre, una gallega de 63 años que había venido unos días a Barcelona para visitarle.

     Lo dicho, Almodóvar no inventa nada.

     Disfrutad de cada momento y… ¡sed muy felices!

     P.d. he tardado más en escribir esta vez porque con tanto acontecimiento adverso era difícil encontrar el estado de ánimo con el que escribir de y con humor. Esto no parece lo cotidiano, sino el Apocalipsis. Piticli y yo, enamorados de Japón y sus gentes estamos hechos polvo.

Así que aprovecho y os adjunto un link que me resultó muy interesante al respecto http://alt1040.com/2011/03/diez-de-formas-de-ayudar-a-japon-a-traves-internet?utm_content=destacadas

  • Que bien! Se agradece un burbuja entre tanto drama (ya no sólo Japón, qué pasa con Libia? Estamos dejando que se mate la voluntad del pueblo por, una vez más, intereses petroleros).

    Sin perder la realidad, está bien acudir a los espejos deformantes del Callejón del Gato. Que antes de Almodóvar ya teníamos al gran Valle-Inclán (y Sánchez Ferlosio que no falte tampoco!!!!).

    Muchas gracias a ti, a las musas y la ficción!!!!

  • “Personalmente hubiera preferido que él enriqueciera su vida con Avecrem…” ¡MARAVILLOSO! Obí. Obá. Cada día me río más, obí, obí, obí, obá, cada día me río más, obí, obí, obí, obá, cada día me río más…

  • Ya decia yo…lo del omoplato, normalmente lo llaman paletilla, como la del cordero. Yo, he de confesar, soy una adicta a los tacones, cuando viajo, que no me los pongo normalmente, no me siento yo misma. Lo de los puntos?, es porque pisamos mucho a los demas o porque perdemos muchos (puntos) cuando nos los quitamos??. ..siento mucho lo de Japon, Agustin, muchos besos a ti y a Piticli…

  • Congratulations! Aquí estás pasando de la anécdota a la categoría que es el fin último que debe (o debería) perseguir todo escritor cada vez que coge la pluma (o el ordenador)
    Forneas

  • Genial UtRoSC: no puedo añadir nada más. Bueno, sí: ¡Gracias!

    Adorada Rosa Palo: ¿Se conocen antecedentes de otros casos tan increíbles de reciprocidad? 😉

    Querida Princess: miedo me dás…

    Colega María: jajaja, ¡cuánta razón tienes con lo del omoplato!

    Colega Forneas: porque no me ves, pero estoy rojo-rojo-rojo. Abrumado. ¡Gracias!

    Seguidísimo Esmoquin: por aquellas cosas del Cosmos, tú comentario fue a parar a otro post de HKB. ¡Me encantó!

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