Adaptarse y “adaptarse”

     Hace unos años alguien me dijo que “adaptarse” era de cobardes. A mí siempre me pareció que más bien era de inteligentes, pero claro, los extremos nunca son buenos.

     ¿Por qué lo digo? Por cosas como las que oí de algunas de las Musas, que son tan comprensivas y naturales que a veces se pasan.

     Una de las Musas, sin darle la mayor importancia, nos comentó que una amiga suya tiene el hábito de morder los cantos de las paredes. Y no sólo de las de su casa, también de las ajenas…

     “Ay, no veas cómo me deja el gotelé de mi piso cuando viene de visita”, nos dijo.

     Por lo visto la casa de la chica está toda roída. Y el hábito se acrecienta en situaciones de tensión. Como cuando fueron a un bar a ver el Barça – Madrid.

     “Nene, tú no sabes lo que es ir a ver un partido así con ella, ni cómo dejó la pared del bar…”

     Yo, que tenía a esas alturas los ojos como platos, a duras penas le podía explicar que eso es el Trastorno de Pica, porque ya enlazaba con otra “manía” de la amiga…

     “Fuimos a buscarla a su casa otra amiga y yo para hacer un viaje en coche, y por la carretera venga pitarnos los camiones cuando nos pasaban de largo, que yo pensaba: madre mía qué pesados los camioneros hoy. Hasta que miré por el retrovisor y vi que mi amiga iba sin camiseta ni sostén –pero con el cinturón de seguridad, eso sí- con los pechos al aire. Cuando le preguntamos, nos dijo que así iba mejor…”

     ¡Y de esa guisa realizó todo el trayecto! (es más, hasta le tomaron una foto).

     De nuevo quería indagar si la muchacha no entraría dentro del espectro autista cuando otra de las Musas explicó por qué no había traído a su perro a nuestro encuentro…

     “No, no he podido traer el perro porque es un trayecto muy largo y el pobre pasa miedo. Bueno, en realidad tiene pánico a los niños (los ve a kilómetros). Aunque a los que verdaderamente tiene terror es a los niños asiáticos…”

     (¿Sabrá ese perro algo que nosotros desconocemos sobre la alimentación infantil china?).

     A lo que otra Musa respondió: “el mío a quienes tiene fobia es a los calvos con bigote… lo cual es un drama, pues nuestro vecino de rellano cumple esas características”.

     (Esto me recordó a una colega que sufre fobia a los hombres con perilla, pero me callé).

     Ironías de la vida, ambas querían consultar con un psicólogo canino ante el temor de que esos miedos viraran en agresividad. Que digo yo que igual deberían llevar primero a la amiga come esquinas a un especialista, pero también me callé.

     Cerré la boca por dos motivos:

1. porque ya estaban con la siguiente anécdota

2. porque no podía parar de reír con la misma

     Y es que la conversación giró alrededor de esos miedos hipocondríacos que nos entran a veces y que nos hacen pensar que en vez de dolor de huesos tenemos una enfermedad terminal…

     Una de las Musas, para ilustrarlo, explicó cómo durante varias semanas experimentó un dolor en la garganta que no se iba de ningún modo. Al principio pensó que se debía a haber fumado en exceso durante una comida pantagruélica. Pero aquello no marchaba pese a haber dejado incluso de fumar. Fue en diversas ocasiones al médico de cabecera pero no encontraron la causa. Así, la Musa empezó a indagar por Internet y se auto diagnosticó: cáncer. Y en su mente aquel cáncer no paraba de agravarse.

     Tan alarmada estaba por el paso de los días sin mejoría que terminó en urgencias, mostrando tamaña alarma que le realizaron un TAC. Al finalizar la prueba le preguntaron: “¿Usted se ha ido de mariscada recientemente? Es que hemos observado lo que parece un resto de cigala.”

     Y sí, aquella comida pantagruélica había sido una mariscada. Y no, no era cáncer sino gamba.

     Otras veces, sin embargo, sucede todo lo contrario, y en vez de preocuparnos por la salud lo hacemos por las cosas materiales.

     Como cuando la Musa se fue a ver la Fórmula 1, más feliz que una perdiz con sus MAXIGAFAS nuevecitas de D&G. Paseando por boxes, por accidente, un equipo de televisión móvil le arreó tal maxigolpe con la maxicámara que la Musa y sus MAXIGAFAS salieron disparadas. ¿Creéis que durante esos segundos eternos de caída a la Musa le preocupaba el traumatismo que iba a sufrir? ¡No! ¡Ella temía por sus gafas! Así, como a cámara lenta, mientras su brazo iba, irremediablemente, camino de rasgar contra el asfalto, ella gritaba: ¡MIIIIIIIISSSS GAAAAAFAAAAAAASSSSS!

     Resultado:

  1. Alguien cogió las gafas al vuelo.
  2. La Musa se dio un golpetazo de campeonato (de campeonato de F1, imagino).
  3. En las fotos de ese día se la ve con un derrame en el brazo del tamaño del mapa de Rusia, pero sonriente cual anuncio de dentífrico con sus MAXIGAFAS intactas puestas.

 

     Claro que de haber ido a un traumatólogo quizá se hubiera podido encontrar frente a frente con un avispado profesional que supo elegir la especialidad a tiempo. Me explico.

     Como sabéis algunos de vosotros, las situaciones que presentan algunos de mis pacientes son tan surrealistas (y aplaudidas por el público) que cuando alguno de los residentes de psiquiatría se enfrentan por primera vez a ellas han llegado a exclamar, por ejemplo: “¡¿Pero por qué no elegí traumatología?!”

     No les culpo. A veces, incluso por muy curtido que estés, alucinas pepinillos.

     Como hoy, cuando tras una entrevista con una pareja digna de ser filmada (el Nacional Geographic hubiera pagado millones) miré a la curtida psiquiatra –que tenía un gesto difícil de describir- y le pregunté qué pensaba de la situación, su respuesta fue: “me he quedao muerta”.

     En fin, a buscar la moraleja de este post y… ¡a ser muy felices!

  • JAJAJAJA… pero que grandes tus musas!!! Es increíble, sobre todo la actitud que parecen adoptar… cuanto por aprender y cuanto por escuchar!!!

  • jajajajaja! ay! como me he reido leyendo, ayer llegue tarde pero he sabido reconocer perfectamente las historias de la chacha filipina!! jeje

  • Puede juntar a la señora come-esquinas con el niño chupa-paredes y convertirlos en la pareja revelación del diseño de interiores de esta temporada. Eso sí, usted se lleva el preceptivo 15%, faltaría más.
    Me he reído lo que no está escrito con su post. Le sigo envidiando tanto…

  • Pues cuando estás dentro de la conversación no parece TAN surrealista no???
    Luego lo lees y… coño!!! estamos como cencerros!!!!
    Para cuando un post temático: “Ex-novios de la musa carcelera”? 😀
    Qué musas tan grandes…

  • Madre mia!!!!! cuanto arte!! que genial eres, si N.DOMINGUEZ supiese lo famosa que es en este momento, no dejaba esquina en punta. Genial 😉

  • Querido HKB: a mi algunas veces me entran ganas irresistibles de comerme el ordenador,ante algunas cosas que te cuentan en la consulta, quizas pronto se describa un cuadro clinico entre los trabajadores de la sanidad, que podria llamarse: pica de los sanitarios….

  • Maestra Gemma: un carnaval… ¡y de los buenos!

    Genial UTL: ¡sí, cuánto tenemos que aprender de l@s Mus@s!

    Colega Forneas: mil gracias por el halago. ¡Uauh!

    Musa Mariola: ¡tiene mérito entonces el post, porque la conversación en vivo sí era tremenda!

    Musa Kata: GENIAL TÚ

    Adoradísima Rosa Palo: tiene usted unas ideas brutales. La adoro.

    Musa Heidi: pásame una tarjeta, pásamela YA.

    Tremenda Regina: yo sí veía allí mismo cuán fatal estábamos, jaja. Ese post que comentas sería brutal, pero no sé si abusar…

    Musa Clara: qué honrado me siento por tus palabras. ¡Pero si soy un mero transcriptor!

    Colega María: tienes toda la razón. Ese momento quizá no esté tan lejos, jaja.

  • Te voy a contar una frase que me dijeron a mí en la Universidad, en la clase de guión: “La realidad siempre supera a la ficción, porque la ficción para ser creíble por el espectador tiene que regirse por unas normas. La realidad no, no tiene normas”. 😉

    Tenía que colarla en algún sitio, jejejeje.

    Un abrazo,
    Jose

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