esFÚMAte

     Convertirse de la noche a la mañana en un delincuente no tiene precio. Verse corriendo “campo a través” para fumarse un cigarrillo a escondidas, tampoco.

     Y es que fumar, desde hace unos días, es como el acto sexual, que sólo se puede hacer en la intimidad. ¡Qué digo, peor aún, en la intimidad de un lugar legalmente permitido!

     Ahora que lo pienso… ¿también se desarrollará un morbo añadido en el fumar? Ese miedo de realizar un acto en un sitio prohibido… “Venga, vamos a hacerlo en mi oficina, o en el lavabo” ya no sólo se empleará en ciertas situaciones. Claro que también podrá darse la siguiente escena: “¿en tu casa o en la mía?” “en la tuya, en la tuya, que yo comparto piso con no fumadores y está prohibido”.

      Y no penséis que eso sólo les puede pasar a los jóvenes. La novia de mi abuelo, con 84 años, aprovecha para fumarse un cigarrillo a escondidas cuando envía a mi abuelo, con 89, a comprar el pan.

     También me imagino lo siguiente: has conocido a alguien, y al cabo de unos días te atreves a confesarle algo tan grave como haber ahogado sin querer a tu hámster de pequeño… “Cariño, hay algo que quiero confesarte… soy fumador”. ¿Se tipificará como motivo de divorcio? Imagino que sí, como intento de asesinato pasivo.

     Como veis, estoy totalmente en shock por la nueva ley, y aunque fumar es prácticamente indefendible (es innegable el daño para la salud), quería dedicar un post al tema. Porque sí, soy fumador.

     Gracias a la nueva situación no sé si fumo menos, pero desde luego fumo más deprisa, más desesperado, pudiendo competir con cualquier aspiradora de gama alta del mercado. Y tampoco ahorro demasiado.

     Si bien es cierto que con la subida de precios muchos se han pasado al tabaco de liar para reducir gasto y consumo, me temo que a mí eso no me serviría, y me sucedería como a la madre de una amiga, que se pasa las noches como una posesa liando sin parar cigarrillos para el día siguiente. Me contaba esta amiga que los días previos a la Navidad su madre andaba estresadísima llenando pitilleras desesperadamente ante el temor de no poder hacerlo durante las fiestas al tener que cocinar para tanta gente.

 

     Mis ojos ya no se irritan con el humo, pero se me empañan cuando miro con tristeza aquellos antes atestados bares a los que iba siempre, que me trasladaban a un Londres romántico con su niebla, que me impregnaban la ropa con un horrible y familiar aroma de tabaco, y que ahora me parecen fríos al no tener gente ni tamizada la luz de los fluorescentes.

     Ni siquiera su abundante olor a fritanga, o el poder verme con amigas embarazadas me consuela.

     Volver a casa sin la boca pastosa y con la ropa aún desprendiendo el delicado aroma a suavizante tras una noche de juerga no me sirve, pues nada más cruzar la puerta del minipiso me tomo la revancha y me fumo un campo de fútbol, devolviendo a mis prendas y encías el orden natural de las cosas. Ni el contingente de  velas antihumo que tengo puede con ello. Es más, corro el riesgo de intoxicarme con efluvios de lavanda y limón.

 

     Voy a los restaurantes y recuerdo con ternura las imágenes de Melanie Griffith, capaz de comerse un helado (es lo único que le he visto ingerir, digan lo que digan) mientras se fumaba un paquete de Marlboro. En su momento me parecía una aberración, y ahora lo idealizo. Porque actualmente lo que sucede es que la gente… ¡habla! sosteniendo únicamente el tenedor, o echándole mano nerviosamente al pan, mientras espera que terminen los postres para salir al portal del establecimiento a drogarse, en el mejor de los casos cerca de una fuente de calor y con un café para llevar. ¡Ay, la vida del toxicómano!

     ¿Y en el trabajo? ¿Qué fue de aquella magnífica fuente anti-estrés llamada pitillo que evitaba que estrangularas al siguiente usuario / cliente necio? Os lo diré: desapareció en pos de miles de chicles, parches, caramelos y cigarrillos electrónicos (todo un invento, hay que reconocerlo).

     Los que todavía decidimos “vivir al límite” y enfrentarnos a posibles fotografías delatoras realizadas por vecinos (no hablo en broma) nos hayamos con la parábola del “Oficial y Caballero”, o lo que es lo mismo: no debes salir de uniforme a fumar –por imagen- sino que has de hacerlo como paisano, sacando rápidamente al Richard Gere civil que llevas dentro, y despojándote del rol que tantos años de estudios te llevó y que despertaba la admiración de  usuarios y familiares.

     En estos momentos, y amparándome en otra ley, fantaseo con hacerme con un burka –o con un burkini para los días de calor- que me permita ejercer de drogata preservando mi identidad.

     Como veis, estoy fatal. Pero es que a mí, lo mismo que a Lauren Bacall, el tabaco me ha dado muchas alegrías.

     Para aquellos que no lo sepan, siempre ha habido una gran solidaridad entre consumidores de nicotina. En cualquier sitio te permitía hacer amigos, o incluso ligar.

     Recuerdo cuando estuve hace unos años en Los Ángeles, en casa de unos familiares que vivían en una urbanización tipo “Melrose Place” en cuyos pisos no se podía fumar, y que sufrían las visitas regulares de la casera, que inspeccionaba que siguieran siendo pisos libres de humo, además de insistirte en que te pasaras por su Iglesia. “Es difícil conocer gente en Los Ángeles” me decían. Pues bien, la primera tarde me fui al patio central a fumarme un cigarrillo a mi aire, y al cabo de media hora ya conocía a medio vecindario y estábamos organizando una barbacoa mientras descorchábamos botellas de vino de la zona.

     Y lo mismo en Nueva York, en un invierno a quince grados bajo cero, en el que conocí a un montón de gente en la puerta de un pub (¡llegué a conocer incluso a la genial Lady Bunny!), entre montañas de nieve y estufas colgadas de la pared para que no nos congeláramos (así de prácticos son en EEUU).

 

     Por no hablar de lo que me ha ayudado en los trabajos. Desde para facilitar la relación con los pacientes, hasta para conocer a mis compañeros. Porque cuando pasas de trabajar en un equipo en el que sois tres más el conserje a una empresa de más de mil trabajadores, ir al corrillo de fumadores te ayudaba a superar cualquier obstáculo.

     Pero no, ahora estamos perseguidos y mal vistos. Y eso que a mí nunca me gustó pasar desapercibido…

      Sin llegar al extremo de China, donde comprobé que se fuma muchísimo, incluido en los WC públicos, donde junto a la taza tienes un cenicero y una pantalla de televisión (las imágenes de la gente usándolo todo mientras hacen sus necesidades con la puerta entreabierta son imborrables), a mí me hubiera gustado que se hubiera decretado el sistema japonés. Allí la gente es muy cívica: en la calle no se fuma, excepto en puntos concretos, nadie tira las colillas al suelo (algo que detesto es que muchos fumadores son unos incívicos que tiran los restos en cualquier parte) y sí hay establecimientos con zonas habilitadas para fumadores. Y nadie se tira de los pelos (imagino que con lo fuerte que lo tienen tampoco serviría para nada).

     Pero no. Atrás quedaron los tiempos del exceso, donde te atendía un médico que fumaba, o en el cine había tal humareda que Sara Montiel no necesitaba media de seda alguna para aparecer photoshopeada. Las generaciones actuales sólo conocerán un mundo de locales de aire limpio, donde los que fuman son los malos de las películas, y todo – todo se podrá explicar mediante un sms.

     ¡Madre mía, releo el post y me asusto de cuán drogadicto soy!

     Supongo que es lo que tiene saberse a las puertas de cambiar un hábito. Vamos, que estoy elaborando el duelo.

     Tendréis que tener paciencia conmigo, con nosotros.

     Y es que si a alguien quiero dedicar este post no es a los fumadores, sino a todos aquellos que no lo son y que se han adaptado y adaptan a nuestra adicción. ¡Sois maravillos@s!

     Prometo, si lo dejo, convertirme en uno de ellos. Y aseguro a las tiendas que por lo que a mí respecta seguiré contribuyendo a la economía y al consumo interno. ¡Con lo que ahorre en tabaco compraré el doble de todo!

     En todo caso, una cosa está clara, con vicios o sin… ¡hay que ser feliz!

 

P.d. 1. El otro día fui a PRIMARK y descubrí varias cosas Primero: que no sólo con lo que ahorre podría comprarme media tienda, sino que tengo que superar un prejuicio antes, pues fui incapaz de adquirir unos pantalones porque costaban… ¡7 euros! Mi mente sólo pensaba en cuánto habrían pagado a quien los confeccionó. Como dice una amiga: “¿Qué le dieron a quien los hizo? ¿Dos leches?”. Segundo: tengo el mismo gusto que la comunidad gitana. Jersey al que yo le echaba el ojo, jersey que también escogían. La única diferencia es que ellos se lo probaban allí mismo, sin necesidad de probador.

P.d. 2. Todo esto de la ley antitabaco me hace pensar en una exposición a la que fui y que anunciaba que los “siguientes” serían aquellos que tengan sobrepeso. Se mostraban incluso sistemas que proponían diferentes tarifas de transporte público en función de tu peso, pues calculaba el gasto kilos – carburante. Aunque también hay quien anuncia que el siguiente paso será con el alcohol. ¡Nuestra sociedad terminará pareciéndose a un catálogo de Benetton, todos tan esbeltos y sanos! ¡Hurra!

  • Genial post! Yo sólo sé que ahora fumo más porque en cada rincón que se puede aprovecho, por si acaso…

    De todas formas veo estupendo que prohíban fumar en los sitios públicos (lo aplaudo, lo secundo y lo entiendo), pero también espero que por las mismas razones PROHÍBAN LOS COCHES EN LAS CIUDADES (sólo eléctricos o no contaminantes en la versión que sean).

    ABAJO LOS MALOS HUMOS! Y arriba las listas del paro (por lo que dicen los camareros lo pasarán fatal… pobres, antes porque se tragaban todo el humo ajeno y ahora que no tienen humo no tienen trabajo).

  • Hong Kong Blues, propongo que organicemos una excursión a Andorra: se puede fumar en los bares, el tabaco cuesta 2 duros y el McDonnald’s tiene servicio a domicilio!, my dream come true! y se piensan que los famosos se van p’allá por las ventajas fiscales… yeah right…
    M’ha encantao el post de principio a fin!
    Un beso!

  • Nunca he sido fumadora, pero si un fumador me hubiera hablado de fumar con tanta gracia y arte como tú , a lo mejor hasta me había animado aprobarlo … pero ya es tarde… y más con esta ley , que aunque yo no fume , tanto prohibir me parece exagerado! Besos !

  • Querido Agustín, ¡cómo me he reído y me ha gustado tu último post! Entre Fernando Vallejo y Truman Capote, dos autores que adoro, tu post me ha devuelto la sonrisa en un día dificíl. Gracias y un fuerte abrazo.

  • No sé qué comentario dejarle, Mr. Kong, porque todo lo que merece la pena decir ser dicho ya lo dice usted y, además, maravillosamente. Leo sus posts entre nubes de humo. Le adoro calada tras calada. Tosamos juntos.

  • Yo debo ser un poco rara, porque nunca he dado ni una calada, vamos ni a los 15 años, cuando te influye hasta el comentario más tonto de tu amiga Vane. Así pues, como lo que no se pasa no se entiende, me temo que no me puedo hacer cargo de vuestro “duelo”…
    Todo tiene su lado positivo hay bares que han perdido adeptos y otros claramente los han ganado, porque yo ahora justo por la prohibición voy a sitios a los que no iba…bueno pues 1-1, no?
    ¿y las ventas de estufas seta? Igual hasta dan un tironcillo a la economia.
    Pero entiendo que a los fumadores os cueste…poco a poco…

    Imaginate que en la primera escena de Chicago que salgo fumando, no me dejan encender el cigarro, asi que pongo la pose y hago como que expulso humo…suerte que una es una profesional. Animo dear HKB y que el duelo sea corto…

  • Ains… los fumadores…. nunca había visto tanta gente en las terrazas como hasta ahora… ¿Los gastos médicos por resfriados y gripes estan cubiertos por la SS, verdad? A veces, me da una penita ver grupitos de gente congelados de frío, fumando su pitillito en la calle… Ainsss… Por cierto… Primark para mi tambien fue un gran descubrimiento… aunque nunca había visto una cola tan y tan larga para pagar.. dieciseis cajeras no daban a basto…Besazos!!

  • …espero que no tengas un duelo patológico, te animo a que dejes de fumar, con una reflexión: las arrugas en los fumadoras son más profundas, a veces esto motiva mas que la recuperación del gusto, el olor a tabaco, la !toilette bronquial” matutina, etc…suerte!!

  • Ay Agustín, qué bueno el post! Vaya tema fuiste a sacar!!!
    No voy a obviar los efectos beneficiosos para la salud que la nueva ley tiene para la mayoría de la población.. excepto para mí, que desde que entró en vigor, ¡también fumo más! Lo tengo calculado, 10 cigarros más a la semana, y es que ante tal prohibición, fumo lo que yo llamo “pitos preventivos”: me lleno de nicotina antes de entrar a un bar, no vaya a ser que me entren las ganas mientras me tomo el café.
    Y fumo mientras camino, cosa que antes odiaba, por lo que ahora tengo que llegar a las citas con 10 minutos de antelación, para recuperar el aliento…
    ¿Y tú crees que pensé en dejar de fumar? Nooooo
    Esto sí que es grave….
    Salud!!

  • Genial UtSotF: ¡me gusta tu actitud! Y si prohíben los coches… ¡que también lo hagan con los microondas!

    Musa Malibú: mil gracias. Yo suscribo aquí mi devoción por ti.

    Tremendísima Regina: has abierto mis ojos a la verdad. Por cierto… ¿sabías que Andorra tiene un museo del tabaco?

    Seguidísima Agencia: a gente como tú es a quien va dedicado el post. ¡Gracias!

    Adorado Albert: honrado me siento por tus palabras. Bueno, honrado es poco.

    Tremenda Ari: lo que pasa es que tú has sido, eres y serás siempre una innovadora.

    Terremoto Sonia: el Primark es… es… indescriptible.

    Idolatrada Rosa Palo: sí, era posible adorarla más, pero no lo sabía hasta leer su comentario.

    Energética Alicia: te envidio. Y verte en el musical no ha de tener precio.

    Maestra Gemma: me gusta tu punto de vista, siempre tan cálido. ¡Primark en hora punta ha de ser tremendo!

    Colega María: tienes más razón que una Santa. A ver si te voy haciendo caso…

    Musa Ele: me siento muy reflejado en ti. Y eso me hace muy feliz, por lo que te adoro.

    Admirado GarcíaMadrid: gracias por dejar tus palabras aquí. Un honor. Entiendo que apoyes mi comentario de Primark…

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