Un baño entre volcanes

Uno de los atractivos más grandes de Lanzarote es el hecho de que es una isla volcánica. Vayas a donde vayas, esto queda patente en cada uno de sus rincones. Vivimos rodeados de preciosa ceniza volcánica y hemos aprendido a disfrutar de ella y de los paisajes lunares que han dejado a su paso.

Una tierra de contrastes de norte a sur, donde en el norte, el gran volcán de La Corona es la reina indiscutible y donde el sur ha ganado tierra al mar gracias a las erupciones de los volcanes del Parque Nacional de Timanfaya.

El mar de lava y el océano Atlántico formaron varias playas de arena negra a las que me gusta ir de vez en cuando. A pesar de que parezca que estamos en otro planeta o en una película futurista, para mí es lo más normal del mundo.

Recuerdo pasear con mi padre cuando era niña entre las rocas buscando la preciada olivina, unos cristales de color verde que sólo se encuentran dentro de las rocas de determinadas formas. Él sabía perfectamente qué piedras debíamos coger y cuáles no, tenía un talento natural para eso.

Así que hoy quiero mostraros una de las playas más espectaculares, a la par que inquietante, que hay en España, seguro que no os deja indiferente.

Se encuentra en la carretera entre el pueblo de El Golfo y las salinas de Janubio.

Llevo vestido de Antik Batik, bikini de Lenita Canarias, sandalias de Fosco para Merkal, gafas de Tous, capazo de Julieta Barcelona y toalla de Twin-set.

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En el próximo post os hablaré de otro de mis rincones favoritos de mi isla.

¡¡¡Espero que os esté gustando mi tour por Lanzarote!!!

 

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