MIRLO BLANCO, CISNE NEGRO

He de confesar que, al final, el libro de Juan Manuel de Prada, titulado “MIRLO BLANCO, CISNE NEGRO!, Editorial ESPASA, 437 páginas, al final, me ha gustado.

Empezaré por decir que los libros de más de 300 páginas me horrorizan porque son muy pesados, en cuanto al continente, y se tarda mucho en leer su contenido. Además, en mi modesta opinión, está algo sobrecargado de lenguaje culto (sobran comparaciones y metáforas) Por ejemplo, en el capítulo 1, utiliza 15 veces el término “escritores nocilleros.”

Como todos sabemos, se han hecho y se van a seguir haciendo grandes cosas en “roman paladino”(aquel en que el pueblo habla a su vecino) Pero, tratándose como se trata de demostrar lo que se supone debe ser una obra maestra del momento actual, es importante exhibir habilidades lingüísticas en estado puro. ¿Me equivoco?

Sí. “Mirlo blanco, cisne negro” es, como dice el autor en la solapa, “una sátira despiadada del mundo editorial” y tiene pasajes que lo avalan, pero muestra también las relaciones de poder de unos seres humanos sobre otros y la diferencia entre “una novela vulgar,, con esa mediocridad que ata y gusta a las masas cretinizadas” Pero olvida que “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo se ve del color del cristal con que se mira”.

Yo entiendo y admiro a Juan Manuel de Prada. A todos nos gustaría escribir una gran obra que quedase para la posteridad y fuese celebrada por los siglos de los siglos. Yo entiendo que un autor como él, tiene la obligación de escribir, sobre todo, para ese mundo que frecuenta los grandes saraos literarios, esa “élite” que tiene tantas miserias ocultas, o más, como las que nos cuenta la novela.

Ahora bien, su peripecia es bastante corriente y le sucede a la mayoría de los seres humanos. Siempre ha habido y habrá una diferencia entre “soñar” y “vivir” Lo expone de una forma magistral, pero muy conocida. En el capítulo 1, en el mismo comienzo, cuando escribe. “Entonces yo era todavía un pipiolo y pensaba insensatamente que un escritor podía con talento y tesón, llegar a comerse el mundo. Luego descubriría que con demasiada frecuencia, el escritor acaba comiéndose los mocos, si no sabe culebrear y aprovechar las oportunidades. Pero no adelantemos acontecimientos.”

Naturalmente, el mirlo blanco es Alejandro , el discípulo, y el cisne negro es Octavio. el veterano pasado de kilos y de miserias.

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