Toros y política

Lo dijo Ortega, lo dijo Pérez de Ayala, lo dijo Marañón, lo dijeron muchos: en España no cabe entender lo que se cuece en el horno de la política si no se mira al trasluz de lo que sucede en el albero de las plazas de toros. «Ruedo ibérico», añadiría Valle – Inclán, en ambos casos.
Así ha sido siempre y siempre será así.

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En el Congreso de los Diputados de la Carrera de San Jerónimo de Madrid, los españoles hemos reunido una “ganadería” que, en principio, iba a estar pastoreada por: Mariano Rajoy, “EL Figura” , Pedro Sánchez . “El Espontáneo”; Albert Rivera, “El Toricantano”. Pablo Iglesias, “El Sobresaliente”. Luego están los medios de comunicación actuales, que vienen a ser tan caprichosos como lo han sido los “cronistas taurinos” desde el siglo XIX hasta el presente.

Cuando “El Figura”, se refugió en el burladero, nada más iniciarse la corrida, por no tener los trastos necesarios para hacer la faena, “El Espontáneo” saltó a la arena, a pecho descubierto, con el conque de realizar una improvisación de corte progresista. Creo recordar que “progreso” es aquello que nos permite ser más libres, más justos y más felices”, así que juzguen ustedes. Había en él bastante “postureo” porque, al fin y al cabo, así es la política. El arte de gobernar como el arte de torear se compone de silencios, guiños, gestos, escenificaciones, recursos dramáticos imprescindibles en cualquier negociación sea con el adversario político o con el adversario taurino.

No. No vayan a creer que el adversario político es más racional que el adversario taurino (y a las pruebas me remito). En ambos escenarios se trata de ilusionar al público. En ambos escenarios “es preciso que haya tensión”, algo que aprendí de una entrevista que le hizo Iñaki Gabilondo a Zapatero en televisión hace años. Ahora bien, en mi modesta opinión, hay más verdad en el toreo que en la política porque el torero tiene que engañar al toro con riesgo de su vida y el político sólo tiene que engañar a su/sus adversarios y al pueblo, por supuesto, sin más riesgo, a saber, que el de hacer el ridículo y, a veces, ni eso.

Debo resaltar que el “Espontáneo” era , y es, un tipo guapo por fuera, no sé si también por dentro, que demostró conocer innumerables trucos para ilusionar al personal. Y decidió convertir en victoria histórica una derrota de época.

No debo olvidar al toricantano. “Toricantano” es el torero joven que toma la alternativa, que se doctora como torero con el patrocinio de su padrino que, en esta ocasión no era otro que “El Figura.” Sin embargo, ¡las cosas de la vida!, el toricantano desdeñó a su padrino y se puso de parte de “El Espontáneo”.

El “sobresaliente” fue, y es, harina de otro costal . Por ser original hasta portaba coleta propia, como la de los toreros antigüos , es decir, anterior a esa moña que llevan en la actualidad. El Sobresaliente es, salvando las distancias y en términos taurinos, un matador o novillero, no muy acreditado, que hace el paseíllo con el resto de los componentes del despejo de plaza. Algunos le denominan “torero de guardia” ya que es el responsable de matar al toro en el caso de que los otros toreros no puedan continuar la lidia. El “sobresaliente” político ha conseguido ilusionar a muchos españoles, pero otros, muchos más, le temen por su poco ortodoxa forma de torear.

Este es, en definitiva, el retrato del actual ruedo ibérico, pintado únicamente con intención de informar a los despistados, ya que abundan en el terreno de la política y de los toros también.

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