LAS TERTULIAS TELEVISIVAS

La tertulia que algunos quieren hacer derivar del fogoso y polemizador teólogo cristiano-romano Tertuliano, tendría sus orígenes en las llamadas academias literarias del Siglo de Oro, como la valenciana Academia de los Nocturnos o la de Sevilla, dirigida por el Duque de Tarifa, que se reunía en la Casa de Pilatos. En Madrid fueron famosas la Academia Selvaje, nacida en 1612, y la Academia Manruana, ante la que Lope de Vega, frecuente secretario de estas instituciones, leyó su “Arte nuevo de hacer comedias”. Otros afirman que estas reuniones tuvieron comienzo en las que que realizaban los críticos al acabar una pieza teatral en la zona de los corrales de comedias denominada tertulia. En Francia puede llamarse tertulia a la costumbre de los salones del siglo XVIII en los cuales una dama recibía los galanteos de una serie de intelectuales; en Inglaterra, los clubs son una institución parecida, pero de carácter más formal. En España, una velada, sarao o soirée podía perfectamente terminar o completarse con una tertulia entre gente que departía amigablemente sobre todo lo divino y lo humano, y en concreto sobre la actualidad política y cultural. Pero el carácter informal y sin «acta» escrita de la tertulia impide considerar a las academias, de origen italiano, como asociables al fenómeno estrictamente oral de la tertulia española.
En un tiempo en el que decaen las tertulias de café y de sobremesa, en España triunfan las tertulias en los medios de comunicación, tanto si son políticas, como deportivas, culturales o las mal llamadas del corazón que, en realidad, son de cotilleo de famosos. Un fenómeno sin precedentes al que se suman casi todas las emisoras y cadenas de televisión, pero que al mismo tiempo despierta recelos sobre su pluralidad, sobre la polarización de actitudes y sobre el tono empleado por algunos tertulianos.

Quiero expresar ahora mi disconformidad con las tertulias televisivas que son las que atiendo algunas veces. No sé si los moderadores no saben moderar o no pueden. En verdad, se salvan muy pocas y, a lo que yo conozco, me decanto por “El gato al agua”. En esta tertulia, todavía hay cierto orden y no hablan todos a la vez sino por su orden. Yo entiendo que la tertulia es una lucha de “egos” sobre todo a niveles de segunda división. Los grandes, los que están preparados y se conocen el medio no hablan, salvo en casos especiales, unos sobre otros al mismo tiempo. Y los moderadores, sin duda alguna, conocen este problema porque algunas veces se les oye decir: “Por favor, no habléis todos a la vez que no se os entiende y luego la gente se queja”. Otra distorsión es la música: una música demasiado alta tapa los parlamentos y produce dolor de cabeza; no siempre hay música, así que, cuando la ponen, cabe pensar que puede haber “gato encerrado”. Otro elemento distorsionador son las ventanas y los pies con noticias o aclaraciones. A ver ¿cuántos “guapos” o “guapas” son capaces de atender a todo con absoluta fiabilidad?
Forneas

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