PERIODISTAS TAURINOS

PERIODISTAS TAURINOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XIX, publicado en 2001 por Editorial Fragua y ahora (2012) actualizado y re-editado por EAE Publishing Com. es el tercer título de María Celia Forneas sobre esta materia. El primero fue Toros en Madrid. Anécdotas y curiosidades, orígenes, historia y literatura de la Fiesta. Guía para nuevos aficionados, Editorial Pirámide, S.A., Madrid, 1994. El segundo se titulaba La crónica taurina actual. Un texto informativo, literario y de opinión, Biblioteca Nueva S.L., Madrid ,1998.

Periodistas Taurinos Españoles del Siglo XIX es una investigación original de la autora y el resultado actual de la línea de investigación del periodismo taurino que, como profesora titular de Universidad, emprendió hace años, que se materializó en un curso de doctorado impartido en el Departamento de Periodismo I de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. El estudio de los escritores del siglo XIX, sus personales biografías y estilos a la hora de abordar el periodismo taurino era un terreno prácticamente virgen, pues lo poco que existía se había realizado desde un punto de vista taurino, no periodístico, y presentaba muchos datos erróneos, hasta la aparición del texto publicado por Manuel Bernal Rodríguez, en 1997, La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio, que dedica el tercer capítulo a la crónica taurina.

El texto está dividido en dos partes: la primera consta de seis capítulos donde se analiza el periodismo taurino del siglo XIX a través de distintos medios y periodistas. En la segunda , los dos últimos capítulos tratan respectivamente de la mitificación del torero a lo largo de la Tauromaquia Moderna y de la constitución histórica de la crónica taurina

Capítulo I: La crónica taurina en “El Correo Literario y Mercantil (1828-1833) descubre la excelente labor realizada por este periódico en la difusión de la Fiesta de Toros, en una época difícil en el terreno de lo político y lo taurino. En sus páginas se debaten muchas o casi todas las cuestiones importantes que se suscitan en la época con relación a las funciones de toros.

Capítulo II: Santos López Pelegrín, Abenámar es un costumbrista romántico que ejerció el periodismo taurino desde 1837 a 1844. Fue además, jurista, poeta, emigrante a Filipinas, autor teatral, político y supuesto autor de la Tauromaquia de Francisco Montes, Paquiro, el mejor torero de su época.

Capítulo III: Serafín Estébanez Calderón, El Solitario, que sólo tiene una pequeña aportación al periodismo taurino, pero llegó a escribir un Doctrinal del folletinista de toros, según su sobrino Antonio Cánovas del Castillo, desafortunadamente perdido para la posteridad.

Capitulo IV: Pero Grullo y Fierabrás engloba el estudio de dos escritores: Joaquín Simán e Illescas, Pero Grullo, y Manuel López Azcutia, Fierabrás, aunque la aportación de éste último fue muy minoritaria. Pero Grullo, sin embargo, practicó la crónica taurina, el comentario taurino y político, y fundó también el periódico taurino El Clarín.

Capítulo V: Antonio Peña y Goñi y su tiempo trata de la labor de este crítico musical y periodista taurino que ejerció la crónica bajo muy diversos seudónimos y fue también director de La Lidia, la más famosa e importante revista taurina de la época. Antonio Peña y Goñi fue además, cronista esencial de esa época cumbre de la tauromaquia que fue la de Rafael Molina, Lagartijo y Salvador Sánchez, Frascuelo.

Capítulo VI: La crónica impresionista de Don Modesto que cierra la primera parte del libro está dedicada a José de la Loma, Don Modesto y la moda de la crónica impresionista. Don Modesto es el primer escritor taurino que ejerce oficialmente de cronista y así se autodenomina en la “Charla Taurina” que dio en el Círculo de Bellas Artes en 1915.

Capítulo VII: Tauromaquia: el paso del mito al logos abre la segunda parte con un aspecto capital que tiene una especial representación en el enigma de si fue o no fue Santos López Pelegrín, Abenámar, el verdadero autor de la Tauromaquia de Francisco Montes, Paquiro.

Capítulo VIII: La crónica taurina y su verdad cierra el libro y trata de arrojar algo de luz sobre un aspecto muy importante de la cultura española. Se trata de esclarecer la constitución histórica de la crónica periodística y de la taurina, en particular, tanto desde la perspectiva autorial como la lectorial. Sin embargo, hay que tener muy presente la dificultad que entraña el planeta de los toros , donde la “verdad” se busca, muchas veces con una perspectiva interesada y sin que importe el contraste científico de los datos. Sin embargo, la crónica taurina se ha configurado como un texto informativo, literario y de opinión.

Antes de que el periodismo moderno alcanzase su mayoría de edad, el periodismo taurino floreció y demostró su categoría con los mejores ejemplos de su época. Las crónicas de aquel entonces se leen, todavía hoy, tanto por las noticias que aportan como por la retórica de sus autores.

Es preciso mencionar que el periodismo moderno no entra en su mayoría de edad hasta mediados del siglo XIX, cuando Stuart Mill exclama:” El periodismo comienza a ser en Europa lo que la oratoria política fue para Atenas y Roma.” Es pues, hacia 1850 cuando cristalizan sus inmensas posibilidades políticas, económicas, culturales y sociales.

Además, a finales del siglo XIX surgirán dos tipos de prensa: la informativa, basada en la noticia y el sensacionalismo, al estilo norteamericano, dirigida a .los sectores medios de reciente constitución, y la ideológica o doctrinal destinada a un público más selecto. En muchos momentos, ambos tipos se confunden, pero por lo común una línea divisoria los separa. La primera categoría es impersonal, mientras que la segunda es subjetiva: el periodismo de carácter informativo reproduce sin más el suceso; el periodismo ideológico, en cambio, se detiene a comentarlo. Este contexto histórico conviene explicarlo bien porque no existía una línea de separación entre el periodismo de información y el de opinión, y no existía un concepto claro de la necesidad de comunicaciones con las masas, que ahora es uno de los factores primordiales de la sociedad moderna. “El hombre masa poco importaba a este periodismo de subido tono literario en el que más valía como se contaban los hechos, esto es, el aspecto estilístico, que los hechos en sí por su independiente valor periodístico”.

Cuando el discurso periodístico perfiló su autonomía y puso como requisito pertenecer a la esfera de lo factual (los hechos de actualidad) así como el discurso literario privilegió la esfera estética, se estaba apelando a un recurso de legitimación y diferenciación. Tan cierto es que un solo criterio, y aun aproximado, pudiera ser válido para reconocer lo más característico de la crónica y permitir su clasificación como tal: su inmediatez y actualidad, como que en la crónica ha de predominar la subjetividad mezclada con el dato verificable. Cada texto publicado, lleve o no la firma de su autor, constituye una versión irrepetible de la noticia. . Es un poco la diferencia que Roland Barthes encontró entre escritor y escribidor (ecrivain-ecrivant): la verdadera literatura tiene que ir acompañada de un índice de originalidad, de lo opuesto al clisé; o sea, una nueva forma de decir.

El escritor que se acogía al oficio de periodista se veía forzado a confrontarse, de la manera más concreta posible, con toda una problemática de la representación que subyace a la literatura de Occidente desde tiempos muy remotos: ¿Cómo representar “la realidad”? ¿Cómo plasmarla en el papel? ¿Y con qué autoridad?… A lo largo de la historia cultural a la que pertenecemos, las fronteras entre la narración histórica y la ficticia han sido, y siguen siendo, bastante porosas y han abundado y abundan los géneros fronterizos.

P.D. A mi compañero Agustín, mil gracias por ser como eres.
P.S. Some readers write me in english. Thank you very much indeed.

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