El torero gallego : “Celita”

Alfonso Cela Celita nació en San Vicente de Carracedo (Lugo) el 11 de julio de 1886. Murió el 26 de febrero de 1932. Hoy cuenta con una biografía escrita por Juan Brasa, una semblanza de Luis Iriarte, que le incluye en su libro sobre los figurones taurómacos de la época, así como páginas en el Cossío, en la Historia de la Tauromaquia de Fernando Claramunt, en las crónicas de Gregorio Corrochano y en el recuerdo de los buenos aficionados taurinos.

A los doce años, su padre le trajo a Madrid y aquí aprendió el oficio de carnicero. Surgió su afición. En la plaza de San Miguel y en la Cuesta de la Vega pasaba las tardes jugando al toro con los chiquillos. El traje de luces se lo puso por primera vez en Colmenar de Oreja. Esto fue el año 1907. Quedó bien con los palos, pero aquel trabajo no le satisfacía, lo que deseaba era estoquear.

Su vida de matador de novillos comenzó en la plaza de toros de Segovia. Toreó una corrida concurso y ganó el premio ofrecido al que mejor quedase: un capote de paseo tasado en 6.000 pesetas (de la época) En la plaza de Tetuán debutó en 1908. Toreó bastantes corridas. En esa plaza le vio torear Retana, el empresario de la plaza grande y Dulzuras, que entonces era revistero de “El Mundo”, escribió un artículo elogiando su estilo de matador.

Se presentó en la plaza de la carretera de Aragón e n 1910, sin ninguna recomendación y a pesar de que entonces “para torear en Madrid se precisaba la influencia de los ministros”. Lo que sucedió fue que una tarde en el Café Inglés le dijo Retana:

“¿Quieres torear el domingo?”

“Sí señor”, respondió Celita

Retana replicó: “Te advierto que si no te encuentras con facultades, no debes precipitarte. La plaza de Madrid da y quita. Si fracasas, te costará gran trabajo volver”.

“Anúncieme, don Manuel”, respondió Celita y salió con Dominguín y Pacomio.

Gustó tanto que Retana para evitar que le explotase algún apoderado desaprensivo, se ofreció incondicionalmente a arreglarle algunas corridas en provincias y en la Corte.

“Casi todos los toreros pasaron fatigas, pero ninguno ha sufrido lo que yo, -declara Celita– porque además de ser un desconocido, nací en Galicia. Y como Galicia no es tierra de toreros.”

En Andalucía creía la gente que Celita era un bicho raro. Cuenta el torero que una tarde en Sevilla, toreando Palhas con Vázquez II y Mogino , el público de los tendidos empezó a tararear una muñeira. Le llamaban “gallegaso”. Cuando cogió los trastos para despachar al primer  bicho que le correspondió, sintió un no sé qué… algo así como si estuviera poniendo en ridículo a Galicia y… en cuanto se cuadró el toro, gritó a los guasones “¡Viva mi tierra! ¡Vamos a ver si puedo ser matador de toros.!” Hizo el mejor volapié de su vida. Entonces le tocaron las palmas y le llevaron en hombros hasta el hotel. Parece que el “gallegaso” les había convencido.

En 1912 decidió tomar la alternativa seguro de que podía con los toros. La empresa de Barcelona quería que alternase como matador por primera vez, pero lo hace en Galicia, en A Coruña, el 15 de septiembre, con toros de Flores y apadrinado por Bienvenida. La tarde de su alternativa, una tarde dominguera de sol a propósito para toros o siestas, a la vera del botijo que rezuma iba Alfonso Cela por la calle de San Andrés, en la jardinera de los toreros, con un vestido perla y oro de los de a mil pesetas y su capotillo de paseo que era un primor. En el coche acompañaba al espada su cuadrilla.

Todos querían estrechar la mano del torero y muchos se contentaban con tocarle los alamares del terno flamante. Desde la puerta de la capilla no dejó el diestro de repartir saludos a sus amigos y a desconocidos que le admiraban. El toro era difícil. Alfonso, nervioso, le pasaba la muleta y en cada pase se ceñía más al buey que le pudo haber asesinado. La fiera rodó y Alfonso Cela quedó consagrado como un gran matador. La tarde de su alternativa fue la de más emoción para el torero gallego. Le miraban los ojos negros de sus bellas paisanas, y la mujer gallega, al mirar, parece que dice mimosa: “Rapaz, te quiero muchiño, muchiño…” Así concluye Juan Brasa la biografía del torero gallego Celita.

Así concluye Juan Brasa la biografía del torero gallego Alfonso Cela, Celita. Y así concluyo yo este fragmento de la conferencia que impartí en la Casa de Galicia en Madrid el 30 de septiembre de 2.004, con el título de “Toros en Galicia” que hoy dedico con afecto a mi buen amigo Eusebio Mangada. Forneas

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