Gibraltar y la Costa de la Lluvia

Me fui a la Costa del Sol para celebrar un cumpleaños y me encontré en la Costa de la Lluvia. El cumpleaños se celebró en Málaga capital, en el Restaurante “El Chinitas”, una taberna de postín, de aire taurino, que me hizo recordar e investigar sus orígenes. No, el Restaurante “El Chinitas” no tiene nada que ver con el famoso “Café de Chinitas” que existe en Madrid desde hace 40 años y tampoco con el “Café de Chinitas” que existió en Málaga en el siglo XIX, pero sí recuerda en su decoración la canción popular recopilada por Federico García Lorca que decía así:

<<En el Café de Chinitas

dijo Paquiro (1) a su hermano:

“Soy más valiente que tú,

más torero y más gitano.”

En el Café de Chinitas

dijo Paquiro a Frascuelo (2):

“Soy más valiente que tú,

más gitano y más torero.”

Sacó Paquiro el reló

y dijo de esta manera:

“Este toro ha de morir

antes de las cuatro y media.”

Al dar las cuatro en la calle

se salieron del café.

Y era Paquiro en la calle

un torero de cartel.>>

(1) Francisco Montes Reina, Paquiro, (1805-1851)

(2) Salvador Sánchez Frascuelo, (1842-1898) Nota: se trata de dos toreros legendarios.

No voy a hablar más de Málaga (capital) porque yo fui a Torremolinos para tomar el sol (en esta ocasión, la lluvia), pero quiero dejar constancia del desfile de Carnaval con que nos obsequió el pueblo (o ciudad) de Torremolinos el sábado por la tarde, aprovechando un resquicio de sol, que sólo puedo calificar de esfuerzo colectivo muy importante. A propósito, no quiero que se me olvide decir que la calle San Miguel de Torremolinos (Málaga) y Main Street (Gibraltar) tienen una cosa en común: la cantidad de joyerías que te venden diamantes (entre otras joyas) y perfumerías por metro cuadrado.

Sobre Málaga, tengo un último y especial recuerdo para Amparo Muñoz, primera Miss Universo española (1974) que ha fallecido a la edad de 56 años. R.I.P. de todo corazón.

A GIBRALTAR IRAS Y NO VOLVERAS

Fui a Gibraltar y no pienso volver, a no ser que Mr. Peter Caruana me invitase a tomar el té en su casa, cosa que no va a suceder.

Hace muchos años conocí a un gibraltareño que me gustaba mucho y hasta le saqué un ripio. <<Es rubio e inglés/ jovial y guapito/ nació en Gibraltar/ le llaman “llanito”>> Pasó el tiempo y , con ocasión de una estancia en la Costa del Sol, me acerqué a Gibraltar conduciendo mi propio coche. Fue muy frustrante porque no pude o no supe encontrar un sitio para aparcar. Ahora, pensé aprovechar la oportunidad para contratar una excursión y me fui a Gibraltar en plan turista, mezclada con ingleses y franceses.

Algo que recordar

–El café con churros que desayuné. En realidad, no eran churros sino una mini rueda de porras que estaba buenísima.

–La catedral de St Mary the Crowned, en Main Street , estaba llena. Era “miércoles de ceniza” y los gibraltareños católicos, según nos advirtió la guía, son muy buenos católicos y estaban allí para cumplir con el rito de la imposición de la ceniza.

–El tiramisú que tomé en un restaurante italiano situado en Casemates Square era “de autor”, especialidad de la casa y en vaso.

Algo que olvidar

–La lluvia intermitente que cayó aquel día sin parar.

–La moneda de Gibraltar es la libra gibraltareña y las tiendas te hacen su propio cambio.

–La adquisición de un frasco más bien pequeño de Chanel nº 5. El comerciante tiró de calculadora y me dijo: “Por ser para usted, sesenta euros”. Salté como un resorte: “Para mí y para cualquiera, digo yo” y mientras una de las dependientas se partía de risa. Me recordó un episodio que viví en el Gran Bazar de Estambul y que no voy a contar ahora; es decir, aquello me pareció un puro anacronismo. Excuso decir que no compré el perfume.

–Y como colofón: la aduana. Nos habían advertido que la Aduana española era muy rigurosa , que sólo permitían que gastáramos hasta 300 € y que ,al regresar, había que bajarse del autobús, cada uno con sus compras, y pasar la aduana a pie. Nos bajamos y recorrimos un trecho bajo la lluvia para llegar a la instalación que hacía las veces de aduana: un lugar pequeño, desolador, pero con sus accesos convencionales de “NOTHING TO DECLARE”, “SOMETHING TO DECLARE” etc. Y completamente vacío. No pude evitar decirle a la guía que nunca me habían tomado el pelo de forma semejante y que su empresa debía haber previsto lo que iba a pasar un día como aquel. Ella alegó que los aduaneros cuando querían miraban y cuando no querían, pues no miraban. Entonces recordé una frase de Ramón Lobo, reportero de guerra de “El País” que dijo recientemente: “Las fronteras son un invento perverso” Forneas

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