Lo siento, mi amor…

Lo siento, mi amor, pero hoy te lo voy a decir… Te hablo a tí, usuario habitual del transporte público, y también a tí, funcionario alto o bajo responsable de los transportes públicos. Esto es una queja, un lamento y voy a empezar por mencionar unos antecedentes. de mi artículo (inédito) “Cuatro días de marzo: crónica de un viaje al pasado” , de marzo de 2006.

<<Son las ocho de la mañana de un domingo del mes de marzo . El autobús de ALSA está a punto de emprender la ruta Madrid-Barcelona). Tengo frente a mí un letrero que dice:“Está prohibido quitarse los zapatos en el interior del bus” y lo dice también en inglés y en árabe. No puedo evitar acordarme de hace  dos años en un viaje de regreso de Benidorm (a Madrid) donde nos cayó el diluvio universal y el conductor se puso como un basilisco porque nos cambiamos los zapatos que estaban empapados. Ahora lo comprendo y lo apruebo.>>

De un tiempo a esta parte, en mi modesta opinión, el comportamiento de los viajeros de los transportes públicos ha cambiado mucho. No sólo se sacan los pies de los zapatos sino que también y ahora hablo del transporte metropolitano, muchos viajeros se creen que están en el saloncito de su casa: la gente cruza las piernas y no te deja pasar con seguridad, dado el reducido espacio que hay entre las dos filas de asientos. En el autobús urbano es típico poner los pies en el asiento de enfrente, cuando van cuatro comunicados, pero lo que vi ayer es digno de pasar a la posteridad: Era un muchacho joven,  un zancaslargas,  y no se contentó con poner los pies en el asiento sino que lo hizo en el respaldo. Yo me dije: “No se dará cuenta de que el viajero que se siente después, se manchará inevitablemente.”

Si vas al cine, te puedes encontrar un pie al lado de tu cara o tamborileando en tu espalda. yo comprendo que las personas muy altas pueden tener problemas de espacio, pero eso no me parece normal en el cine. Sí en los aviones. En los aviones, sobre todo en vuelos low-cost, las personas muy altas y de piernas largas es comprensible que no puedan estarse quietas en un espacio tan reducido, pero lo que está de moda es poner los pies en alto y echarse un sueñecito. Me parece que a algunas personas les falta madurez.

En los transportes públicos, hay una variedad de gente. Los que amí me llaman más la atención son los malumorados y los malencarados (hay muchos) lo que en este tiempo de tribulaciones, no me sorprende nada.

Otra queja, otro lamento

No puedo evitarlo. Estoy muy preocupada. Si la memoria no me falla, hace tiempo que se quería convertir al Senado en Cámara de Representación Territorial. Y ahora nos la convierten en plurilingüe con unos senadores que tienen que leer su texto (con esfuerzo)  porque no manejan correctamente el idioma y anunciando a bombo y platillo que esto representa un gasto que sólo sirve para espantar a todos los españoles con sentido común por la inoportunidad del mismo.

Lo que, en principio, podría ser una medida razonable tiene, para mí, una pega muy importante: aquello que se conoce como “lost in translation” agravado por el hecho, comprobado y comprobable, pero no reconocido, de que el espectador de televisión se queda in albis con el guirigay de ese doble mensaje: lengua original + traducción , una sobre la otra que sólo hace daño al oído. Forneas

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