Enseñando solidaridad a nuestros hijos

Estamos muy preocupados por el mundo, la política, la elección de Trump como Presidente de Estados Unidos, el clima… mil millones de cosas que son importantísimas, pero me parece que es igual o más básico concienciar a nuestros hijos, porque si hay algo que cambiar serán ellos quienes lo hagan.

Muchas veces me doy cuenta de lo avanzados que están en todo lo tecnológico, la capacidad que han desarrollado para manejar cualquier aparato fácilmente, y es que han nacido con ello. La vida social que es bastante más activa, los planes, viajes, deportes… tienen acceso a todo. Nunca necesitan nada porque todo está al alcance de la mano y no imaginan ni de lejos las penurias que pasaban sus abuelos o bisabuelos.

Y sin embargo existe la pobreza. Muy cerca de nosotros, mucho más cerca de lo que imaginamos a veces. Nuestros hijos serán probablemente quienes puedan ayudar y fomentar nuevas fórmulas para llegar más lejos y erradicar estas situaciones que son el día a día de tantas familias.

Me encanta, por ejemplo, la acción social que realizan en el colegio de nuestros hijos. Tres veces al año van a un hospital o a un centro de mayores y viven de cerca lo que cada uno pasa. La enfermedad en muchos casos de niños de su misma edad, personas mayores que no tienen familia y están solos, y aprenden a ser cercanos y solidarios, a empatizar con la realidad de otros.

Así que el pasado lunes decidimos asistir a la presentación del libro El cobertizo que alimentó a un millón de niños con Adriana, que descubrió la realidad de otros niños en el mundo. Niños que solo comen si van a la escuela porque allí les ofrecen una comida, y cómo la cadena hace que con educación puedan acceder a la universidad y así formarse para poder involucrarse en el problema que existe en tantos lugares del mundo. Así que Marys Meals da de comer a más de un millón de niños a diario en el mundo, y que alimentar solo a uno tiene un coste de poco más de 15€ al año.

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Soy muy fan de esta organización que conocí hace ya unos años y fue muy interesante descubrir cómo empezó todo de la mano del propio Magnus, el artífice de ese gran sueño que hoy en día es una realidad. Con un pequeño camión se fue a Bosnia y, al acercarse a la realidad de los refugiados, se dio cuenta de cuánto había por hacer. Y ahí sigue…

Estoy segura de que todos ponéis vuestro granito de arena donde podéis, porque a día de hoy se viven situaciones muy duras muy cerca, pero a veces sentarse a pensar sobre ello nos hace involucrarnos profundamente y dar la posibilidad a nuestros hijos de cambiar el mundo. ¡¡Sería maravilloso!!

De momento Adriana y su amiga Adriana conocieron a Magnus, le hicieron muchísimas preguntas sobre los niños de los que habló y las historias que habían vivido, y seguramente algún día seguirán este y otro proyectos para poder apoyar a quienes más los necesitan. Mirad qué cara de ilusión y felicidad, y la alegría con la que lo contaron en clase el día después. El boca a boca suma, ¡¡no sabéis cuánto!!

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