NO SIN MI MOLESKINE

Dicen que la inspiración, como tantas cosas, debe pillarnos trabajando.  Es cierto, pero   a veces viene sin avisar, y prefiero que me coja con mi moleskine a mano.  Hasta que mi buen amigo Juan Carlos no me regaló una, siempre llevaba los bolsillos y la cartera llena de servilletas de papel, tickets y demás papelitos variados, con anotaciones de cualquier idea que se me cruzaba por la cabeza mientras caminaba u ojeaba el

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