“LA JOVEN QUE NO PODÍA LEER”, JOHN HARDING

Desde siempre he sentido debilidad y predilección por las novelas clásicas de género negro o policiacas. Tal vez porque desde bien pronto mi madre puso en mis manos los textos de cierta escritora llamada Agatha Christie o de un tal Arthur Conan Doyle. Me encontraba cómodo buceando en compañía de tramas misteriosas en ambientes victorianos, personajes con dobles intenciones e investigadores astutos e intuitivos que nos conducían en volandas hasta la resolución del caso en las últimas páginas.

Sin duda, esa es una de las la causas de que haya disfrutado con agrado de “La joven que no podía leer”, del británico John Harding, una novela con muchos de los componentes de las novelas y autores más célebres del género, desarrollados con enorme acierto por parte del autor, en un juego de espejos en los que todo parece cierto hasta que se demuestra que las certezas puedan constituir un grave y fatal error…

Un manicomio en la Nueva Inglaterra de finales del siglo XVIII puede resultar un enclave complicado para residir o trabajar. Y mucho más si un recién llegado que se presenta como John Sheperd lo hace en su condición de médico y ayudante del estricto director del centro, el doctor Morgan. El lugar, triste y lúgubre por las funciones que cumple, engloba además un buen número de secretos por parte de sus habitantes, tanto pacientes como terapeutas y cuidadores, e incluyendo también a los veteranos y a los recién llegados.

Y es que no parece normal que una mujer a la que nadie parece conocer se aventure a recorrer de forma misteriosa los pasillos en plena noche. Tampoco parece una práctica habitual que al nuevo ayudante le esté vetado visitar la última planta del centro sanitario, ni tampoco parece comprensible la profunda animadversión que el joven Shepard experimenta por parte de O,Reilly, la enfermera jefe. De todas formas, si todas estas situaciones son peculiares, John está bastante ocupado con guardar de ojos e intromisiones ajenas sus propios y muy peligrosos secretos…pero no tan ocupado como para no arriesgarse e intentar prestar ayuda terapéutica a una paciente a la que todos llaman Jane Dove, una joven que a pesar de su profundo amor a los libros y un singular uso del lenguaje, no sabe leer…

Una lectura ágil e interesante, rematada con un final repleto de tensión y sorpresa, al más puro estilo clásico, de esos que hacen abrir los ojos con asombro ante la indudable pericia literaria con la que el autor nos ha invitado a participar en este juego. Muy recomendable.

Un gran abrazo desde el Marca Páginas.

Nos vemos también en Twitter @pedro_brotini, en Instagram, pedrobrotini, y en Facebook Pedro Brotini Villa.

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