“EL INFINITO EN UN JUNCO”, IRENE VALLEJO

Siempre he pensado que los libros son objetos hermosos en sí, no solo por su contenido, sino por lo que transmiten cuando tenemos uno en nuestras manos. Curiosidad, paz, expectación, serenidad, y un sinfín de emociones y sentimientos que se incrementan e instalan en el lector con cada página que se abre ante él. Con El infinito en un junco, Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) nos introduce en la apasionante historia de los libros, uno de los elementos esenciales para comprender al ser humano.

Y nada mejor para dar comienzo a cualquier relato que acudir a su principio. Grecia y Roma son el marco escogido con acierto por la autora para desplegar reflexiones y conocer qué personajes históricos influyeron en el surgir de los libros y, a su vez, fueron influenciados por ellos. Atención, no se trata de un compendio de curiosidades al uso, dado que la intención de la autora trasciende lo anecdótico. Cada libro, a lo largo de los siglos, ha atesorado un latido propio y único; Irene Vallejo ha acompasado con ellos el suyo como escritora con el nuestro como lectores para disfrutar de esta entusiasta declaración de sincero amor por los libros, y darnos a conocer su origen, sentido y trayectoria.

El viaja propuesto por Irene Vallejo comienza en Grecia de la mano de Alejandro Magno y sus legendarias conquistas, prosigue con el enigmático Homero y avanza con la revolución apacible del alfabeto. Continúa con las librerías ambulantes o las destrucciones de la biblioteca de Alejandría, uno de los espacios culturales más fascinantes creados por el hombre, escenario de hechos envueltos en la penumbra de la leyenda y el misterio. Descubriremos cómo se leía, dónde, y de qué manera, en qué soporte, al igual que averiguaremos quién fue el primer bibliotecario, la ubicación de las primeras bibliotecas y cuál era su objeto.  Nuestra travesía recorre los siglos hasta llegar a Roma y su tiempo, poblada de personajes y hechos esenciales para comprender la esencia del libro.

Qué acertado se revela el título de El infinito en un junco. Porque, ¿habrá un infinito más hermoso que el que se despliega ante nosotros al abrir ese asombroso recipiente de palabras? Un excelente lugar para asomarnos a dicho universo y conocer su mundo interior es este bello libro de Irene Vallejo en el que comprenderemos, como afirma Nuria Espert, que “la lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones”.

Indica la autora que “en un mundo caótico, adquirir libros es un acto de equilibrio al filo del abismo”, y creo que es cierto. La lectura es capaz de erradicar miedos, soledad o dudas, y de conjurar la presencia de sosiego, certezas o luz. Qué delicia es el capítulo en el que de la mano de Irene recorremos y saboreamos esa maravillosa escena de la película El cielo sobre Berlín en el que los ángeles se adentran en una biblioteca, asombrados al ver a los seres humanos sumidos en paz en esa curiosa actividad que es la lectura.

He dado comienzo a esta reseña afirmando lo hermoso que son los libros y cuánto transmiten cuando nuestras manos los sostienen. Pero, en realidad, son libros como las de El infinito en un junco las que sostienen al lector y lo hacen sonreír y disfrutar en cada página. Una lectura bellísima y, sin duda, una de esas joyas literarias que leeréis en más de una ocasión.

Un libro bellísimo en todos los sentidos, y una lectura muy recomendable.

Un abrazo para todos desde El Primer Marca páginas.

Me puedes encontrar también en Twitter @pedro_brotini y en Facebook Pedro Brotini Villa.

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