ENTREVISTA: VÍCTOR DEL ÁRBOL, POR ENCIMA DE LA LLUVIA.

Hoy tenemos en el Marca Páginas la gran fortuna de contar con una entrevista con uno de los escritores más interesantes de la actualidad, tanto por la calidad de sus obras como por la intensidad de sus tramas y personajes: el escritor Víctor del Árbol, ganador del Premio Nadal y autor de algunas de las, sin duda, mejores novelas de los últimos años. Títulos como La tristeza del samurái, Por encima de la lluvia o Un millón de gotas son de imprescindible lectura para aquellos que amamos todo aquello que aporta ese latido que albergan los libros y la lectura, un latido que es una extensión y ampliación de la vida.  Todo un lujo contar con sus palabras y sus historias.

Pregunta.- Adentrarse en tus escritos es emprender una ruta a través de existencias duras pero en las que siempre anida un punto de ilusión o esperanza y, siempre, de lucha, a pesar de las heridas que han sufrido tus personajes, tan heridos pero tan plenos de vida. ¿Cómo afrontas su construcción al concederles amor o dolor?

Respuesta.-Intento afrontar la creación de cada personaje desde un punto de vista vivencial. Ello significa que los “pobladores” de mis novelas tienen vocación de ser algo más que engranajes en la historia. Quieren ser personas, no simples modelos narrativos. Y por tanto están concebidos como voces e identidades propias. Cada uno está dotado de carácter y personalidad y es en función de sus actos que sienten emociones. No todos tienen la misma manera de afrontar dichas emociones. Al darles una vida pasada (que no siempre aparece en la narración) intento que sean coherentes con las experiencias que condicionan su visión de la vida.

Finalmente, sí pretendo (y así es) que un personaje sea el reflejo de un lector (alguien real), ese personaje tiene que saber navegar en la contradicción de sentimientos, en la dicotomía que todos sufrimos entre lo que deseamos y lo que tenemos, lo que creemos y lo que sabemos. Entre el amor y el dolor.

P.- Como escritor creas, pero también imaginas, interpretas y recuerdas. ¿Cuál es tu visión de la literatura desde estos parámetros?

R.- La literatura es para mí el ejercicio de la palabra más allá de lo estético. Y la ficción no tiene un mero valor retórico, sino que la concibo como una acción, una manera de armarse frente al escepticismo radical que nos rodea. La literatura puede ofrecer un profundo sondeo de una sociedad, un individuo o un tiempo. De modo que un libro puede ser interpretado de muchas maneras, desde lo personal o lo colectivo, desde el espacio temporal, social o geográfico, como recurso de entretenimiento y placer o como hilo de costura. No soy un escritor autobiográfico, tampoco un cronista ni un ensayista. Como novelista, la materia prima es la creación de una realidad plausible, comprensible y equiparable a la realidad orgánica que conocemos, pero sin renunciar a la capacidad fabuladora. Podríamos decir aquello de inspirada en hechos reales.

P.- Los lectores que tienen en sus manos tus libros disfrutan con las historias que creas, pero ¿hasta qué punto nuestras vidas como padres, trabajadores o amigos pueden encerrar una historia?

R.- Cada ser humano habla de sí mismo a través de muchos canales (imagen, proyección, relaciones sociales, etc) y su historia se construye con los otros y para los otros. Al compartir nuestro espacio y nuestro tiempo unimos nuestras historias individuales y creamos una historia colectiva en la que nos reconocemos. Pero, lo que a mí me interesa realmente es el individuo que es arrojado de ese grupo protector, a menudo empujado por circunstancias que no ha buscado. Cada uno de nosotros conoce esa sensación de zozobra, en un momento u otro nos vemos afectados por circunstancias que no hemos provocado. Y reaccionamos. Es entonces cuando surge el verdadero yo. Y es fascinante lo que podemos descubrir de nosotros. De pronto descubrimos que somos valientes o cobardes, poderosos o débiles, apasionados o calculadores. Esas son las historias que me interesan.

P.- Vivimos tiempos de celeridad y de inmediatez, en los que lo que perdura o trasciende es contemplado con escepticismo, incluso con indiferencia. ¿Qué lugar tienen en este escenario la palabra y los libros?

R.- Un libro es un objeto lleno de subjetividad. Solo cobra sentido cuando es interpretado por quien lo lee. Podríamos afirmar que el escritor siembra y el lector recolecta. Y esa “realidad” atrapada en un libro cambia, aunque no lo hagan las palabras. Se reinterpreta con el paso del tiempo, con las diferentes lecturas. Cambian los paradigmas, la ética, los valores, pero el libro permanece, inalterable, ofrecido una y otra vez como espacio de reflexión, de duda, de encuentro entre todas las sensibilidades. Un libro te dirá lo que otros creen (el escritor), lo que tú quieres que crean (el espejo y el reflejo) y finalmente, con el tiempo, te dirá quién eres o quieres ser (reflexión) ¿Quién no elegiría ese espacio de intimidad?

P.- ¿Qué albergan las historias de derrotas y heridas, de héroes anónimos y olvidados que tanto te agradan?

R.- La perspectiva de los que contradicen la idea de que la felicidad es la única vía de existencia. A través de la experiencia dolorosa la vida cobre una dimensión más profunda y acorde a la condición, no ya humana, sino de todo lo vivo. Si aceptáramos ese aprendizaje tal vez viviríamos con menos miedo. Parafraseando al Príncipe Hamlet siempre es mejor Ser que no Ser, aun a riesgo de sufrir.

P.- ¿Qué proyectos tienes pendientes de realizar y qué sueño, literario o no, esperas ver cumplido?

R.- Soy de los que sueña con los ojos abiertos, y sigo tratando de aprender de mis propios errores, que cada vez se me presentan con mayor nitidez. Si lo consigo, tal vez me convierta en el escritor que me gustaría ser. Veremos si la vida me da la oportunidad y si soy capaz de aprovecharla.

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