Come, reza, ama… Camboya

Camboya es mágica, de verdad que sí. He estado en Siem Reap y tengo que reconocer que una vez más me siento sorprendida.

Si siempre pienso que cuando viajo y hago turismo simplemente veré con mis propios ojos lo que tantas veces he visto en fotografías…

Pero en ocasiones me siento sorprendida, muchas veces para bien y otras veces para mal (por ejemplo, sentí bastante decepción, supongo que como le pasa a todo el mundo, al ver el paseo de la fama en Los Ángeles).

Pues lo de estos días ha sido una sorpresa increíble. De verdad que lo que se siente en Camboya es mágico.

La energía y la belleza que se siente allí no se transmiten en una simple foto.

Las ruinas de Angkor son preciosas. El templo de Angkor Wat y el de Bayon, que está en Angkor Thom, han sido declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco. Y no me extraña. La energía que se siente allí y el aire que se respira son cosas que yo nunca había encontrado.

Los templos, de verdad, son espectaculares… en muchos de ellos se pueden ver a monjes y monjas rezando. Sé que puede sonar intenso pero estando allí sentí como si se me limpiara el alma. Sentí PAZ. Jajajaja… ya sabéis que si quiero me puedo poner muy empalagosa, jajaja…

Y seguimos con la intensidad porque como están en la estación de lluvia pues de repente hace un sol increíble (con su correspondiente humedad) como de repente se pone a caer lo que no está escrito (como se ve en mi foto, jajajaj), menos mal que los conductores de los tuk tuk están muy atentos y vienen a salvarte, jaja. (Como la ciudad es tan pequeña un viaje en tuk tuk puede valerte 2$).

Un día fui al circo, que es muy famoso allí. Se llama Phare, que fue fundado por refugiados del genocidio camboyano. Espectacular. Si vais no dudéis en pasaros.

Algo que también es increíble son las granjas de cocodrilos que hay en Siem Reap. Los crían para después hacer bolsos y zapatos. A mí me da mucha pena y me puso triste estar allí. No me gusta…

Otra cosa con la que tuve sentimientos encontrados fue con la visita a Tonle Sap que es un gran lago dulce en el que pude ver un pueblo flotante.

No era la primera vez que veía un pueblo así, ya que cuando estuve haciendo Pekín Express estuvimos en el lago Inle, pero este pueblo me pareció más especial.

Viven encima del lago, su vida se resume a agua.  Es espectacular porque todo lo que ven es agua en el horizonte.

Pero el hospital más cercano se encuentra a muchas horas. Son gente muy pobre y está es la única forma que encuentran de vivir sin pagar impuestos.

Lo que no me produjo sentimientos encontrados fue la comida. Disfruté mucho. La comida camboyana pica mucho menos que la tailandesa.

Tienen su propio estilo de curry, comen mucha rana, cocinan muchas sopas y ensaladas de hierbas y cítricos con poca grasa… Aunque no estoy muy acostumbrada a estos sabores me pareció que estaba todo muy rico.

Os pongo unas fotos para que os hagáis una idea de lo bonito que es allí todo… ¡¡aunque ya os digo que para ver su belleza y sentir su magia tenéis que ir…!!

¡Un beso!

Cristina.

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