COREA

    Plaza del Ayuntamiento de Seúl

Ser viajero es cansado pero tan reconfortante…conocer un país viajando en sus transportes, sacando sus billetes en sus estaciones, admirar sus paisajes, patear sus ciudades, sonreír a sus habitantes ante su ayuda incondicional..

Este año ha tocado Corea del Sur y Japón, una parte del lejano Oriente, diferente del Sudeste asiático y de China, pero igual de interesante.

Corea fue una sorpresa para mí,  sus habitantes son más esbeltos que otros asiáticos y su comida es muy especial :casi todo se cocina delante del comensal en su propia mesa, teniendo incluso su propio extractor de humo en la misma mesa.

Seúl: llegamos a esta megalópolis desde el sorprendente aeropuerto de Incheon, situado a 40 kilómetros de la ciudad, atravesando desde el aire toda Rusia, Mongolia y China, el mismo viaje que realizamos el año anterior con el Transiberiano.

Seul , su verdadero nombre es Ciudad especial de Seúl, estoy totalmente de acuerdo con este nombre. Fue destruida por completo en la Guerra de Corea (1950-1953), pero ha resurgido como un ave fénix y hoy es una ciudad poderosa, el Milagro del río Ham, lo llaman, en referencia a su imponente río.

Nuestra visita coincidió con el 73 aniversario de la liberación de Corea de Japón que más tarde, tras la Guerra de Corea dio  lugar a la división del país que todos conocemos. Me impresionó el orden de esta ciudad, su limpieza, su comida.

Durante la visita al Palacio Imperial (Palacio de Gyeongbokgung),  habitantes de la Ciudad llevaban el traje Hanok, el típico de Corea, eso le aseguraba la gratuidad a la entrada del Palacio, los cuales daban un color muy bonito durante la visita. Si el extranjero quiere lucirlo, lo puede alquilar en cualquiera de las numerosas tiendas por solo 5 euros. La visita al palacio me gustó, a pesar que es una reconstrucción del siglo XX, pero recoge el espíritu de la construcción inicial del siglo XIV.

Nos trasladamos por la ciudad en Metro, que es muy seguro, limpio y si estás atento,  fácil de conducirse por él. Fuimos a visitar la muralla que rodea Seul que no impidió la invasión japonesa, es una construcción de 18,6 kilómetros  que data del siglo XIV.

La visita es gratis, tienes que mostrar tu pasaporte para que te den un pase que devuelves a la salida, ya que es una zona militar, incluso ves soldados armados durante el paseo. Es la muralla que más tiempo ha estado en activo, sobrevive el 70% de la construcción original. Su punto más alto es de 342 metros, lo que permite que el paseo nos muestre vistas bonitas de la ciudad, pero ojo, es agotadora la visita.

Puerta de entrada de la muralla

Por último quiero recordar la visita al Ayuntamiento, un edificio moderno e imponente, con un bosque de flores de luz preciosas, en cuya plaza se celebró gratis un concierto en conmemoración del Aniversario de la liberación De Corea que nos resultó espectacular y gratuita.

Ayuntamiento

Bosque de flores

Jeonju: viajamos hacia esta ciudad situada a 202 kilómetros al Sur de Corea en autobús. Tardamos 2 horas y 40 minutos y pagamos 12.400 won cada uno, unos 10  euros al cambio, durante el viaje comprobamos que Corea es un país muy frondoso.

Detalle Casa Hanok

En esta ciudad se originó la dinastia Josean y en ella sobreviven 800 casas  Hanok , casas de madera muy bonitas, propias de la clase alta coreana. Alquilamos una bici, lo que nos hizo más agradable el paseo entre estas casas, deleitándonos con dos mujeres que tocaban en la calle extraños instrumentos. Visitamos el Jaman Village, un pequeño barrio donde hay grandes murales pintados.

Las calles tenían repartidos bloques muy grandes de hielo, para que la gente los tocase y a su vez, se refrescase, ya que el calor era intenso. .. y así pasamos por una imponente iglesia católica llamada Jeondong y de extraño corte bizantino.

Comimos Bibimbap (vegetales, carne y huevo) un delicioso plato coreano con origen en esta ciudad, en un gran restaurante muy acogedor atendidos por unas señoras encantadoras. Me gustó más que el Kimchi, otro plato coreano que es una mezcla de vegetales fermentados.

Bibinvap

Nuestra tercera ciudad en Corea fue Gyeongju, se encuentra al sureste de la península coreana, así que cruzamos esta y estuvimos 3 horas y media en autobús, salvando los 187 kilómetros que separan las dos ciudades. Esta ciudad se considera un Museo sin muros y también la recorrimos en bicicleta que puedes alquilar fácilmente enseñando tu pasaporte.

Está salpicada por extraños montículos verdes de 13 metros de alto y 47 de diámetro, casi todos agrupados en un parque llamado DaereungwonTomb Park , que contienen las tumbas, a modo de tolos micénicos de los monarcas de la dinastía Shilla. Una de ellas está abierta para su visita y esta resulta encantadora, al igual que los alrededores.

Pudimos con la bici recorrer lagos repletos de loto, campos de arroz y el parque que contiene un observatorio, el más antiguo de toda Asia, constituido por 362 piedras, uno por cada día del año lunar. Este parque nos regaló con un atardecer espectacular.

La visita al Donggun Palace, es uno de los momentos zen más agradables que he sentido en este viaje, sobre todo sentada al borde del lago Anapji. Precioso. Este maravilloso lugar fue abandonado durante siglos y en el siglo XX al dragar el lago se hallaron numerosos objetos de la época de esplendor de la dinastía Shilla.

Nuestro periplo por Corea terminó en Busán, situada a orillas del mar de Japón a 71 kilómetros de Gyeongiu a una hora en autobús. Busán es una ciudad gigantesca, la segunda del país después de Seúl , con unos recorridos en Metro interminables.

Busán posee una playa (Haeundae)con mucho ambiente, pero con un inconveniente: que cierra a las 18.00 de la tarde. Si se te ocurre bañarte después de esa hora, te echan al compás de un silbato.

La Ciudad además tiene  grandes edificios, una sirenita encantadora a orillas del mar y un mercado de pescado maravilloso…

Durante el paseo por la orilla del mar, pudimos ver indicaciones inquietantes en el caso de Tsunami y también su peculiar sky line…

Y nos despedimos de Busán camino de Japón en barco, salvando los 280 kilómetros del Mar de Japón que separan los dos países. Y Busán se despidió de nosotros mostrándonos el maravilloso espectáculo del puente Gwangan, con sus colores cambiantes reflejados en el mar …Nos vemos en Japón.

    • Querido HKB: muchas gracias por el aprecio que nos tienes. Nos encantó Corea y su comida!
      Supongo que en Barcelona habrá buenos sitios de Bibimvap. Tengo que investigar en Madrid! Un abrazo!

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