Recuerdos que son joyas

Hay cosas que uno debe conservar toda la vida, no por un afán de aferrarse a algo material, yo soy contraria a eso. Para mi gusto, no merece la pena tener más apego del debido a cualquier objeto, las cosas son solo eso, cosas. Sin embargo y una vez dicho esto, todos tenemos objetos que por su especial historia, calidad, o simplemente por el encanto que tienen, queremos guardar.

Hoy os quiero hablar y enseñaros dos trajes que conservo con especial cariño, tanto por la persona que los diseñó, como por lo bien que están hechos. Ambos son de Hubert de Givenchy. Estos dos trajes son dos joyas de la Alta Costura. Pasará el tiempo, pero ya se han convertido en clásicos. Hace un par de años hubo una exposición dedicada a Givenchy en el Museo Thyssen y allí estuvieron expuestos. El propio Hubert de Givenchy me pidió que los prestarse para la exposición y yo me quedé encantada de hacerlo y de ver que él los consideraba dos de sus grandes creaciones. A esa exposición acudí con mi madre, aquí os dejo unas fotos de ese día. En esta ocasión la exposición va a ser en Calais, que es el lugar de origen de Givenchy, y nuevamente me los han pedido. Y otra vez los presto feliz de hacerlo. Uno de ellos es un traje de satén ribeteado de visón, un traje que sentaba maravillosamente. El otro tiene una chaqueta de pedrería preciosa.

Durante mis años en París con mi segundo marido, por su trabajo, tenía mucha vida social. Eran muchos los clientes que veíamos y que nos invitaban a fiestas. Jean Marie Rossi es uno de los mejores anticuarios de Francia. Así conocí  a Givenchy. Con el tiempo nos hicimos muy amigos y siempre que vuelvo a Francia nos vemos. Por otro lado, él había sido muy amigo de Cristóbal Balenciaga y, al ser yo española y la última novia que vistió, eso nos unió más.

Givenchy fue el que me animó a donar mi traje de novia al museo Balenciaga que estaban creando. Ambos entendían la moda como arte. Tanto es así, que cuando estaban haciendo mi traje, Balenciaga me hizo pasear una y mil veces para ver el efecto que causaba. Yo era una casi una niña y eso a veces me cansaba pero ahora, visto desde la perspectiva que dan los años, comprendo que si el traje quedó tan bonito era precisamente porque él estuvo pendiente de todos esos pequeños detalles. Para que veáis cómo trabajaba Balenciaga, sólo os diré que la cola del vestido me la cosieron un rato antes de la ceremonia y con el vestido ya puesto. Su perfeccionismo llamaba la atención. Os pongo una foto del traje de Balenciaga.

Hubert de Givenchy, además de genial artista, es un señor. Todo en él es agradable, educado, correcto… Siempre ameno, siempre cariñoso. Su genio es intemporal. Para él lo importante es que la mujer que lleve uno de sus trajes esté aún más guapa. La moda, desde mi punto de vista, debe ser eso. No sé trata tanto de seguir una tendencia en boga, como que el  traje te siente a ti bien. El error de muchas estilistas actuales es precisamente el seguir la tendencia del momento sin pensar en la mujer. Una debe ponerse lo que a ella le va. Lo que la mejora y la hace más guapa. Si no se cae en el ridículo con facilidad. Givenchy entendía esto así y parte del secreto de su éxito era precisamente ese, sacar el mayor partido a cada mujer. No sé debe buscar epatar, sino el crear un conjunto armónico que se haga agradable a la vista, que consiga que la mujer que lleva ese traje se sienta cómoda y segura.

Mis trajes viajan a Francia en estos días, quién sabe si en unos años los lucirá mi nieta y los disfrutará tanto como yo lo hice en su momento. Y servirán para que recuerde tanto a su abuela como a su gran amigo, Hubert de Givenchy.

Hasta pronto.

Carmen

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