Visita al Museo del Traje

¡Buenos días a todos!

Esta semana he estado en el Museo del Traje. Quizás no escogí la mejor tarde pues llovía a mares, sin embargo eso permitió encontrarme el museo prácticamente vacío por lo que pude verlo con calma y casi para mí sola. No sé si lo conocéis, pero es un museo distinto que merece la pena ser visitado. En él encontramos una muestra de la vestimenta de varios siglos pudiendo apreciar la evolución de la misma a lo largo del tiempo.

Todos sabéis mi vinculación con la moda y que durante algunos años colaboré activamente con ¡HOLA! en distintos reportajes. El mundo de la moda puede parecer algo frívolo y en ocasiones lo es, pero también sirve de reflejo de la sociedad de cada momento y eso ya es un tema más serio que puede resultar muy interesante. La moda, al igual que la sociedad, se adapta a cada período, a las necesidades, a los medios materiales y a la realidad del mundo.

En épocas de crisis, la moda se vuelve austera, lineal y sencilla. Por el contrario, en momentos de bonanza económica, vuelve lo barroco, lo recargado, el lujo y el glamour. Si por ejemplo nos fijamos en el siglo XX, nos encontramos cómo Coco Chanel simplifica la moda femenina después de la Primera Guerra Mundial usando materiales como el punto, que hasta la fecha no se tenían en cuenta en los trajes, por no hablar de sus míticas perlas falsas que acabaron siendo seña de su casa y permitieron acercar el mundo de la joya a cualquier mujer.

Esto no fue solo motivado por la falta de medios y la necesidad de adaptarse a materiales más económicos, sino que respondía también al importante papel jugado por las mujeres durante la guerra y a un cierto afán de libertad de las mismas al final de la contienda.

Unos años después, durante la Segunda Guerra Mundial, los trajes se ajustan y ciñen, no por tendencia, sino por ahorrar tela. Por sorprendente que parezca fue así,  había que abaratar el costo de las prendas y así se hizo. Los años posteriores a la guerra, en cambio, son años en los que el lujo gana terreno, trajes largos, bordados, sombreros, metros y metros de tela, que en manos de los geniales Balenciaga o Dior, se convierten en clara muestra de una sociedad que se recupera y que tiene verdadera necesidad de olvidar los malos tiempos pasados.

Con Cristóbal Balenciaga, España tuvo al más grande creador, diseñador y modisto de nuestro país y uno de los mejores del mundo, cosa que reconocieron hasta sus propios contemporáneos.  Pese a estar retirado, tuve el honor de ser vestida por él cuando me casé con el padre de mi hijo, por lo que guardo un imborrable recuerdo de su persona. Fue su última creación.

Continuando en el tiempo, vemos que los años setenta están llenos de color, de innovación y rebeldía propios del cambio de época y que van dando paso a unos ochenta en los que con la “movida” todo se permite. Sin embargo, los noventa han sido más tranquilos, menos marcados, cosa lógica pues son tiempos en los que la sociedad no vivió sucesos de tanta magnitud y en los que la incorporación de las mujeres a todas las esferas sociales era más que evidente.

Con el cambio de siglo sí que creo advertir que tanto en los últimos años como en la actualidad, a mi modo de ver, cada cual sigue su estilo con independencia de tendencias, imponiéndose que cada uno lleve lo que quiera, o como leí hace tiempo que lo definía el sociólogo Polhemus, un estilo “donde cada individuo retoma lo que más le gusta de períodos anteriores y crea en sí mismo una moda”. Sin embargo, y aunque piense que esto es cierto no podemos olvidar que la moda, también es a menudo cíclica y todo vuelve… ¡Así que guardar alguna cosa que os guste que lo mismo en unos años os alegráis!

 

Como veis, la moda tiene mucho más fondo que el simple largo de las faldas, eso también forma parte de su encanto.

Hasta pronto.

Carmen.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.