La Palma, Isla Bonita, isla coraje

Caldera de Taburiente

Tras casi tres meses dejó de rugir, de escupir infierno y destruir. Durante este tiempo he seguido muy de cerca la explosión de un volcán al que nadie quiere poner nombre. He llorado y sufrido desde lejos, pero sintiéndolo tan cerca. El último volcán en Cumbre Vieja cedió su ímpetu aplastante ante la llegada de la Navidad. Por él miles de familias han perdido sus hogares, sus cultivos, sus recuerdos, lo han perdido todo. Con el alma rota y el corazón destrozado reclaman ayuda. Y no les vamos a olvidar.

Saben que viven en una isla volcánica, viva y fértil. Muchos de los palmeros ya han padecido la destrucción de tres volcanes, y han sabido y podido con esfuerzo, coraje y mucho trabajo, crear riqueza de la desolación. Y lo volverán a repetir, pero España debe estar con ellos, porque la verdad y la bondad se esconden en las adversidades. Y aquí estamos.

 

Llevamos tres meses siendo testigos de la fuerza de la naturaleza. Esa naturaleza que puede ser tan bella e hipnótica como devastadora. En ella está la clave de la creación, el planeta no surgió del arco iris, ni de lluvias de pétalos de rosa. La Palma se elevó hace más de dos millones de años, es la más joven de todas las Canarias, y emergió del fondo del mar tras la explosión de un volcán submarino. Sucesivos volcanes la convirtieron en la isla Bonita y de recuerdo le dieron forma de corazón. Es Reserva de la Biosfera y su bella capital, Santa Cruz de La Palma, es Bien de Interés Cultural. La Palma es vida,

 

energía, es creación y pura raza.

El casco viejo de la capital es para pasear y disfrutar con calma de sus calles y terrazas, de sus edificios e iglesias. En arquitectura civil destaca el Palacio Salazar construido a mediados del siglo XVII para Ventura de Frías Salazar, caballero de la Orden de Calatrava y regidor de la ciudad. Su fachada de piedra contrasta con el resto de construcciones y su gran patio con balconadas de madera es imponente, así como el techo mudéjar de su sala principal. Muy conocida es la Avenida Marítima por sus balcones de madera. Delicadeza lusitana y ejemplo de las ventanas en saledizo mejor conservadas de las islas.

 

Escuché por primera vez el silencio en el Roque de los Muchachos, y esa sensación extraña e inquietante me sedujo hasta el punto de haberse convertido en uno de mis atractivos favoritos en La Palma. Al Roque se llega tras una subida inolvidable entre castaños y pino canario. Atravesar el mar de nubes es llegar al cielo y desde ahí escuchar el silencio en silencio, mientras, en el horizonte se dibuja el Teide. Estamos en el punto más alto de la isla. Desde aquí nubes y estrellas pueden tocarse y su Observatorio es el más importante de Europa.

 

La Caldera de Taburiente es uno de los cráteres más grandes del mundo, capricho de la geología, diversidad endémica y paraíso para el senderista. Único en el mundo, sus más de 8 kilómetros de diámetro con desniveles de casi 2000 metros, son testimonio del antojo de siglos de erupociones, efectos de la erosión y ejemplo de la vida que hay tras la destrucción. Esencia de naturaleza.

A los botánicos les gustará Garafía, allí donde los dragos crecen en manadas y alejados del turista. Un paseo único para disfrutar de las siluetas que ya cautivaron al Bosco para su Jardín de las Delicias.

Otro lugar idílico es la costa norte de Juan Adalid. Alejado también de la ruta turística, la carretera transcurre entre un frondoso bosque que al llegar al mar cede su terreno para convertirse en verdes acantilados al océano. La isla de la Palma es la más boscosa de las ocho Afortunadas, y la variedad de su flora otro de sus atractivos.

Muy cerca del mágico bosque de Tilos, el más importante de Canarias, se encuentran las piscinas naturales del Charco Azul, en la costa de San Andrés. Allí donde el mar se volvió cristal líquido y las rocas enfatizan protección.

El sur de la isla es también sorprendente. La playa negra de los Cancajos es contraste de color. Las horas del día trabajan cual pintor perfeccionista, impidiendo que el lienzo quede terminado. La luz cambia su aspecto y la playa se regocija, orgullosa de su poder.

 

La subida a Cumbre Vieja, la ruta de los volcanes, antaño de belleza en forma de pinar, es ahora la novedad creativa del nuevo volcán. Habrá de pasar un tiempo hasta que las infraestructuras permitan esa subida, la misma que un día me alegró el día al ver como de los pinos brotaba vida tras el incendio de 2016. Ahora será diferente, es la vida.

 

La vista desde el volcán de San Antonio y su caída hacia Fuencaliente se advierte ahora como la mirada a una bola de cristal que predice el futuro. El temido Teneguía ha cedido su testigo al nuevo volcán, pero en su fajana se han duplicado los faros y las salinas son fuente de riqueza económica y medioambiental.

La fuente de agua caliente que dio origen al nombre Fuencaliente, fue sepultada en 1971 tras la erupción del Teneguía, que también dañó el faro. Se construyó uno más moderno, dejando el antiguo faro de Fuencaliente como Centro de Interpretación Marina y la curiosidad de tener dos faros juntos. También el Teneguía amplió la superficie de la isla y alteró su silueta. Las salinas, que según la época del año se ven rosas o blancas, también han sufrido las consecuencias del volcán. La ceniza caída sobre ellas ha supuesto un grave daño, económico y medioambiental, pues estamos ante un Espacio Natural de Interés Científico por la gran cantidad de aves migratorias que allí acuden a mineralizarse.

 

Tazacorte es un pequeño pueblo canario, como todos los de La Palma, con mucho encanto. Se encuentra en la zona afectada por el volcán. Estamos en la vertiente occidental y la más habitada de la isla por ser donde se encuentra el recurso agrícola más importante de los palmeros, los cultivos del plátano de Canarias. Es la zona cero y aunque Tazacorte no ha sufrido la devastación, si ha vivido muy de cerca la tragedia de sus vecinos del Valle de Aridane; El Paso, Las Manchas, Los Llanos, Todoque, La Laguna, El Paraíso… Los palmeros han sacado fuerza de flaqueza, como siempre han hecho, y todos a una han sido el mejor dique de contención de lágrimas derramadas.

El Parque Natural de Cumbre Vieja, que rodeaba todos estos municipios, era un frondoso bosque de pino canario, que se recuperaba del terrible incendio del 2016.

No todo ha cambiado en la isla Bonita, su singularidad y belleza permanecen y la bondad, elegancia y coraje de su gente también.

Es el turno de organismos, instituciones, ayuntamientos y demás entes, que de esos nos sobran, para hacer llegar las ayudas que el gobierno prometió, así como las donaciones que tantos españoles han enviado, y que parece ser que aun no saben como hacerlas llegar a los necesitados. Menos saliva, menos burocracia, menos promesas y más acción.

* Si queréis ayudar directamente a los vecinos más necesitados del Valle de Aridane, quienes están demostrando su eficacia en el reparto son tanto Mensajeros de la Paz como Cáritas.

* Hotel recomendado para una visita inolvidable a La Palma: Hacienda de Abajo. Tazacorte.

 

Hotel Hacienda de Abajo. Tazacorte

 

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