Las Leyes de Burgos

Burgos es uno de esos destinos que tengo como recurrente por ser uno de mis favoritos. Fruto de tantos viajes, son ya varios los buenos amigos que allí me esperan. Y gracias a uno de ellos, he recordado que ayer 27 de enero, fue uno de esos días que los defensores de los Derechos Humanos deberíamos festejar cada año. Tal día como hoy en 1512 tuvo lugar un acontecimiento único y pionero en la historia hasta aquella fecha. Tan avanzado como sorprendente. Supuso un hito en la historia universal y un cambio radical en el pensamiento y en la forma del trato a los seres humanos. Fue el comienzo del fin de la esclavitud, del sometimiento, de la distinción de razas y el comienzo de una nueva era más humana. Al menos eso fue lo que se intentó cuando el 27 de enero de 1512 en la ciudad de Burgos, el rey Fernando el Católico firmó las Leyes de Burgos.

Durante varios días, juristas, sacerdotes y políticos estuvieron debatiendo una petición expresa de los Reyes Católicos: tratar a los indígenas del Nuevo Mundo como españoles. Aquel reclamo de los Reyes, les costaron muchos debates y sobre todo opiniones en contra. La idea era demasiado avanzada para la época, pero Isabel y Fernando se llevaron las manos a la cabeza al tener conocimiento de los abusos que algunos españoles estaban cometiendo en su nombre y bajo la excusa de la cristianización. Evangelizar no significaba abusar, y aquello solo podía terminar por imperativo real.

Así fue como el Rey Fernando mandó reunir en Burgos a los mejores juristas, sacerdotes influyentes, importantes teólogos y asesores del reino en el Convento de San Pablo de los Dominicos, para estudiar todas las denuncias recibidas, en su mayor parte por sacerdotes encargados de evangelizar en las nuevas tierras. La llamada de auxilio que puso definitivamente el grito en el cielo fue la que lanzó desde La Española el dominico Fray Anton Montesino, tres días antes de Navidad. Su discurso criticando duramente la moral y la ética de la propia conquista, y en clara defensa de la libertad y de los derechos de los indígenas, fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de los reyes.

Estatua en recuerdo de Fray Anton Montesinos (Santo Domingo)

“Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué auctoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muerte y estragos nunca oídos habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y criador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Éstos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos?”

 

Las Leyes de Burgos o las 35 Reales Ordenanzas para el buen Regimiento y Tratamiento de los Indios fueron la primera declaración en favor de los Derechos Humanos de la historia. Abolieron la esclavitud y ejercieron una fuerte y eficaz función protectora para los indígenas. Fueron las primeras leyes otorgadas a los pobladores del Nuevo Mundo y como tal origen de lo que luego sería el Derecho Internacional.

Las Leyes de Burgos les reconocían finalmente los derechos fundamentales del ser humano, la libertad, la propiedad privada y el derecho a un trabajo digno y justamente remunerado, respetando además las horas de descanso. Además, se permitía la libertad de contacto y comunicación con los cristianos y se les ofrecía la ventaja de aprovechar las enseñanzas tanto cristianas como académicas que los sacerdotes impartían en los territorios conquistados.

A los Dominicos les supo a poco, pues La Encomienda se mantenía, aunque fuera bajo el amparo de esta nueva Ordenanza Real. Consiguieron que las Leyes de Burgos se ampliaran un año después con Las Leyes de Valladolid, especialmente dedicadas a las mujeres y a los niños.

Su obligado cumplimiento no siempre fue fácil ni ejercido por todos. Como siempre ha pasado, pasa y pasará, en todas las épocas hay abusadores de poder, a quienes no les gusta que la ética, la moral y menos aún los verdaderos valores cristianos se impongan a sus antojos y ambiciones.

Pero ahí están las Leyes de Burgos, la primera declaración formal e internacional de los Derechos de los Hombres, sea cual sea su condición o raza.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer