En el regazo de Hondarribia

Durante un tiempo en mi infancia hubo la costumbre de viajar desde Bilbao a Biarritz para pasar el día. Una costumbre desgraciadamente perdida pero que siempre recordaré con cariño. Mi madre y yo nos escapábamos de vez en cuando al país vecino y nos reconfortaba estar juntas en un lugar diferente. En alguna de esas escapadas mi madre me enseñó Fuenterrabía. Años después regresé varias veces ya con mi propia familia. Es uno de los pueblos más bellos de Guipúzcoa, la muy Noble y Leal, Valerosa y Fiel ciudad de Fuenterrabía. En 1979 su nombre oficial se cambió al de Hondarribia, esto es importante porque si vais en coche los carteles de la carretea así la indican, aunque en el GPS viene señalizada en los dos idiomas.

 

Un pueblo tranquilo en la costa vasca, frontera con Francia y en un entorno de naturaleza excepcional. Encuentro entre el mar y la montaña, entre las olas, la brisa y el bienestar. En el siguiente post os hablaré de su historia y estratégico enclave militar, durante siglos ansiado por los franceses.

He vuelto para dejarme acunar en el regazo de la villa, he vuelto para descubrir el hotel boutique más caprichoso de Hondarribia, en cuyo nombre se encierra el secreto de su hospitalidad, Villa Magalean Hotel & Spa.

Magalean significa en vascuence “acunar en el regazo”. Y eso es lo que los propietarios buscaron desde el principio, un lugar donde uno se sienta tan a gusto como en el regazo de una madre. Además, Magalean significa también la falda de la montaña, lugar donde se ubica la ciudad de Hondarribia, en concreto en la falda del monte Jaizkibel, parque Natural Protegido. Nada es casualidad en el hotel boutique que nos acoge y abraza en este post.

Se trata de una antigua villa junto al casco viejo de Hondarribia, que fue restaurada e inaugurada en 2017 por Caroline Brousse y Didier Miqueu.  Hicieron realidad su sueño con refinado gusto francés y un aurea acogedora, elegante y moderna a la vez. De líneas puras, tonos blancos, mucha luz y pequeños detalles, la villa se convierte durante la estancia en esa casa que todos deseamos tener.

 

Villa Albertine, era una villa de los años cincuenta de estilo neo-vasco, que Caroline recordaba desde niña. Bajo la dirección del arquitecto Iñaki Biurrun, y con la premisa de guardar el máximo parecido con las villas del entorno de aquella época se restauró la propiedad.  Se respetaron los códigos arquitectónicos de los años cincuenta y anteriores: vigas talladas, balcones en hierro forjado, revestimientos de piedra en las ventanas, azulejos andaluces, molduras, frisos, y los suelos antiguos.

 

La decoración interior estilo Art Déco, contemporánea, en armonía con la estética de aquellos años muestra el saber hacer artesanal con los más exquisitos elementos decorativos del País Vasco y Europa, como vidrieras del País Vasco francés, lámparas de Lladró, tejidos nobles seleccionados en Inglaterra e Italia, muebles contemporáneos traídos de Holanda y Bélgica o porcelanas de Limoges. La biblioteca Albertine, es un reencuentro con la historia, gracias a su amplia colección de literatura vasca, española, francesa y anglosajona.

 

Sus ocho habitaciones tienen balcón o terraza y todas son diferentes entre sí. Decoración cuidada y elegante, lujosos cuartos de baño con ducha, grifería italiana y doble lavabo, equipamiento de tecnología punta y todos los servicios de un gran hotel para que al huésped no le falte de nada.

 

En un hotel tan especial y singular, el ecoturismo no pasa inadvertido, un lugar ideal para desconectar, descansar, disfrutar de la naturaleza de montaña y costa, o incluso, en estos tiempos para teletrabajar. El hotel nace con un claro compromiso de responsabilidad medioambiental. El uso de energía renovable a través de paneles solares para la producción del agua caliente; la gestión de residuos y uso responsable de lencería; la gestión de compras del restaurante para limitar desperdicios de comida, el compromiso con los productores y la vida social local; coche eléctrico para uso del hotel, y poste de carga para coches eléctricos de clientes, son algunos ejemplos de este profundo compromiso con el entorno sostenible. Todo bajo el más riguroso protocolo adaptado al nuevo contexto sanitario, que brinda una cálida hospitalidad con la máxima seguridad.

Sin olvidar la importancia de dejarse llevar en su Spa antiguos rituales y masajes hindúes, o dejarse sorprender por modernos tratamientos con tecnología punta y siempre en manos expertas, como las de Elixabete Elduayen, que me ofreció un masaje ayurvédico que me dejó como nueva. La zona de Spa Henriette, en homenaje a la primera esteticista de Hondarribia, incluye un circuito que comienza con un baño turco, sauna nórdica y termina con una ducha sensorial donde gracias a la tecnología de luz y sonido, se puede disfrutar de una desconexión total bajo el agua, soñando con estar bajo una cascada en Costa Rica, bajo la bruma húmeda y fresca de la selva tailandesa o bajo una tormenta tropical…

El Spa Henriette es uno de los atractivos para visitar Villa Magalean, incluso aunque no se esté alojado en el hotel, todos sus tratamientos están abiertos al público, para dedicar un tiempo al cuidado y bienestar personal. Trabajan en exclusiva con la firma Cinq Mondes, que invita a dejarse llevar por antiguos rituales y masajes que te trasladan a Tailandia, Marruecos, China, Polinesia, Japón y la India, a través de sus aromas, plantas, aceites y bálsamos, música e inspiración. El spa ofrece rituales de purificación en el Hammam, mesa de exfoliación, sauna, ducha de hidromasaje con aromaterapia y luminoterapi. Además, cuenta con modernos tratamientos con tecnología punta LPG Endermologie®. La experiencia culmina en el bar de infusiones donde se ofrece una selección de tisanas y tés desteínados.

 

El sueño hecho realidad de Caroline culmina en su restaurante Mahasti, que significa vida.

 

 

Para la cena pudimos disfrutar de la más exquisita cocina vasca. Abierto a todo el que quiera acercarse, para disfrutar de una cocina vasca de autor elaborada con producto de temporada, que ensalza toda la riqueza gastronómica de la región y posiciona a Villa Magalean como hotel gastronómico.

 

 

En un ambiente tranquilo, el chef argentino Juan Carlos Ferrando y el joven irunés Markel Ramiro formado en Basque Culinary Center, ofrecen una cocina a cuatro manos, en la que la experiencia y transmisión de conocimiento del primero, como chef asesor del restaurante y la creatividad y gestión del segundo, se funden en una cocina en la que el producto, la innovación, la frescura y el saber hacer, son protagonistas.

 

Una vinoteca seleccionada minuciosamente por Didier Miqueu dará la opción de elegir el mejor vino francés y español, y alguna que otra sorpresa.

En definitiva, un entorno en el que se respira paz, ideal para disfrutar en pareja o como en mi caso con una buena amiga. Espero volver pronto.

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