Safari sobre ruedas

Uno de los viajes más fascinantes de mi vida fue el que ahora narro en el último número de Hola Viajes. En el nuevo número de la revista, dedicado a Viajes Inolvidables, despliegan mi reportaje sobre Namibia. Un Safari sobre ruedas, sobre las ruedas del camión todo terreno de Ankawa Safari. Cuatro páginas con fotografías, la ruta completa que nos llevó durante doce días y más de 2.000 kilómetros a recorrer uno de los países mas fascinantes y seguros de África.

Desde el aeropuerto internacional de Windhoek, donde nos recogió el camión hasta el último día visitando la capital africana. En el reportaje tenéis también una guía práctica con los mejores lugares para comer y dormir, como llegar y moverse por el país, así como rutas y aventuras excepcionales que no se pueden dejar de hacer. El número completo es una maravilla, con lugares mágicos para descubrir nuestro país y rincones muy especiales del resto del mundo. El reportaje “Safari sobre ruedas” ocupa las páginas 168 -171. Espero que os guste.

Sólo los países más seguros de África permiten descubrir sus rincones y tesoros de acampada. Sólo el camión todoterreno de Ankawa Safari permite hacerlo también con todo lujo de detalles para acampar al más puro estilo memorias de África. Nos adentramos en Namibia para recorrer el país de Parque Natural en Parque Natural.

El camión de Ankawa Safari será el cuartel general durante todo el recorrido por Namibia. Subir sus escaleras y cruzar la puerta por primera vez es una experiencia que nunca se olvida. El rumbo a lo desconocido no impide que la primera toma de contacto con el camión sea una descarga de buen rollo, todo apunta a que la sinestesia estará a la orden del día.

Safari fotográfico. Primera parada Parque Natural de Etosha: Adentrase en los 22.000 kilómetros cuadrados del Parque Natural de Etosha es conectar al instante con flora y fauna. Desde la altura y amplitud del camión y sus 360 grados de visibilidad todo parece al alcance de la mano.  Las cebras suelen ser las encargadas de dar la bienvenida al parque más grande de Namibia y uno de los mejores y más completos de África. El Campamento de Halali permite la acampada siempre y cuando se haya reservado con varios meses de antelación. Las tiendas se sitúan bastante distanciadas unas de otras para no incordiar a la intimidad en un lugar donde nadie quiere molestar al otro, sino encontrarse en paz con uno mismo y con todo el planeta.

El charco de Halali se convierte al atardecer en una película de tres dimensiones donde admirar la grandiosidad del elefante, o el misterio del rinoceronte.

Es Etosha y su gigantesco salar, el segundo más grande del mundo después de Uyuni en Boliva, un lugar mágico. En sus charcas se agrupan impalas, kudus, ñus, cebras o gacelas ante la atenta y desconfiada mirada de los avestruces. Cuando uno se familiariza con el entorno, cuando las presumidas cebras dejan de captar la atención y cuando el juego de las gacelas se hace habitual, aparece el antílope Hartebeest para sorprender con la curiosa forma de su cornamenta, cuernos de corazón como curiosa alegoría al amor eterno.

El camión avanza por la sabana, las ardillas corretean junto a la carretera de tierra, el horizonte se difumina con el cielo y un nuevo charco es elegido por una inmensa manada de elefantes que hacen, una vez más, disparar todas las alarmas. Desde el techo abierto del camión la sensación es de profunda libertad ante un espectáculo inédito. Y de vez en cuando, esbeltas las jirafas se dejan admirar.

Lo ideal es estar al menos dos días en Etosha para garantizar también el avistamiento de leones y tener tiempo de visitar salar, blanco, inmenso y muy acostumbrado a reír con las posturas y fotogénicas ocurrencias de sus visitantes.

La tribu más bella de África. En Namibia se vive con el sol y madrugar no importa. Desde Etosha, Ankawa Safari parte hacia el poblado Himba del Desierto de Damara. Es también zona de guepardos. La tierra enrojecida marca el cambio de rumbo hacia el sur. Son los Himba una tribu originaria de Namibia, y la más bella de África. Pueden verse concentraciones de la etnia en algunos lugares al norte del país, pero ninguno como en la zona de Kamanjab. Aquí se mantienen como lo hicieron sus antepasados y el turismo no ha viciado su modus vivendi.

Con ocre pulverizado mezclado con grasa animal, las mujeres cubren la totalidad de su cuerpo y parte del cabello, para protegerse así del sol y los insectos. Son polígamos y los hombres pueden casarse tantas veces como su dote lo permita. Cada esposa tendrá su propia casa y serán visitadas por sus maridos cuando ellos dispongan, eso sí, no pueden estar más de dos noches en el mismo hogar. Construyen las pequeñas y circulares viviendas con excrementos de vaca y termiteros. El agua es un bien tan escaso que las mujeres solo se bañan dos veces en su vida, para la celebración del matrimonio y al tener su primer hijo. El humo limpia y desinfecta, es su ritual diario de belleza. El hombre caza y cuida el ganado, la mujer protege la familia en su ausencia, cocina, prepara los ungüentos de ocre y decora el cabello de otras mujeres, los niños corretean desnudos, juegan con palos y en sus ojos brilla la felicidad. Otro mundo, otra realidad.

Estamos en una zona de guepardo. Es el mamífero más veloz de la tierra y uno de los más bellos. En libertad y tan cerca, consiguen una extraña reacción que pasea entre alegría, fascinación y aventura. Para verlos muy de cerca, en su hábitat y conocer sus costumbres y peligros basta acampar una noche en Cheetah Park.

Árboles de piedra. Otro misterio escondido en las profundidades del país es el Bosque Petrificado, Patrimonio de la Humanidad. Hace solo 280 millones de años una gran riada trajo miles de árboles desde Angola. El lodo los cubrió y quedaron petrificados a consecuencia de los minerales, cuarzo, hierro, silicio magnesio y oxide de las arcillas. La erosión los hizo reaparecer y ahora son ellos los encargados de demostrar que el tiempo no pasa, pasamos nosotros.

En el Parque Twyfelfontein los más sabios de la tribu de los “San” pintaban en las piedras para enseñar a los jóvenes 2.000 años antes de Cristo. Pizarras en escuelas de la Edad de Piedra que ahora sorprenden porque alguno viajó hasta tierras tan gélidas que al volver contó en sus dibujos como eran aquellos extraños animales que sus ojos habían visto, eran pingüinos. También explicaban donde y como encontrar agua y a qué animales estaba prohibido matar, porque eran animales que siempre llevan a la preciada agua: elefantes, rinocerontes y jirafas. Sabia enseñanza que más de uno debería tener en cuenta cuatro mil años después. Costa de los Esqueletos, aquella a la que para entrar hay que demostrar que se lleva gasolina suficiente, mantas, agua y comida de sobra por si la desorientación ataca a la comitiva. 800 kilómetros de costa en pleno desierto. Aquí vienen a morir los elefantes, pero también miles de barcos que durante años encallaban en los fondos irregulares por las arenas del desierto. Es también aquí donde en algún punto que pocos saben, se encuentra la mejor ola del mundo para surfear. En Cape Cross, se encuentra la comunidad de leones marinos más grande del continente.

Quedan kilómetros de costa y desierto hasta llegar a Swakopmund, una ciudad de principios de siglo XX donde los alemanes se hicieron fuertes y aún hoy día es el idioma local. Un imprescindible es recorrer el desierto al amanecer en quads. Subir y bajar dunas entre arena, rocío y la bruma mañanera es como un paréntesis a cualquier otra realidad.

El desayuno puede esperar, debe esperar. El Trópico de Capricornio no va a cambiar de posición y también espera para poder dejar la pegatina de Ankawa junto a miles llegadas de todo el planeta.

El Desierto más antiguo del planeta. El próximo destino es el fascinante Desierto de Namib. El paisaje cambia desde las dunas, hasta llanuras infinitas, pasando por montañas de aspecto lunar, para llegar a las grandiosas dunas rojas de Namib. El campamento de Sesriem tiene un espacio especial reservado para el camión, el fin del mundo más bello.

Coronar la cima de la Duna 45 para desde arriba ver cómo sale el sol, es cuestión de madrugar, pero también de pierna, de tomarlo con calma y hacer lo posible por superar un reto inolvidable.

Algo único y solo factible para quienes duermen dentro del parque, pues sus puertas abren cuando el sol deja de ser protagonista. Queda otra de las maravillas de Namibia, el Valle de la Muerte, conocido como Deadvlei, un lago milenario que al secarse pintó su suelo de blanco y dejó los árboles secos para decorar un lugar inquietante que sin embargo da paz. La duna de Soussusvlei puede ser el lugar perfecto para despedir un país de emociones.

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