Pisteando rinocerontes

El último parque que visitamos en Zimbabwe es una fundación privada para la protección del rinoceronte. Imire Rino & Wildlife Conservation, una experiencia que cambió la forma de entender la protección del medio ambiente de todo el grupo.

Dejamos las ruinas de gran Zimbabwe impactados por su misterio, leyenda y porque siendo patrimonio de la humanidad, en su museo no había luz, ni apenas vigilancia y tampoco nos cruzamos con ningún visitante. Ahora iremos hacia Harare, la capital de Zimbabwe y desde ahí al Parque Imire Rhino & Wildlife Conservation. Se trata de un parque privado para la protección y conservación de animales en peligro de extinción, principalmente del rinoceronte.

En un artículo que he publicado en The Luxonomist podéis leer sobre el problema de su extinción, cómo son cruelmente asesinados y como si no hacemos algo urgentemente en 2030 habrán desaparecido de la Tierra. Os animo a leerlo y a difundirlo, pues cualquier ayuda por pequeña que sea, es grande para los rinocerontes y para el medio ambiente.

Tras casi un día de carretera, con paradas a comer y en un mercadillo artesano, llegamos a Imire. Aparcamos el camión rodeados por jacarandas, palmeras y buganvillas.

El parque cuenta con cabañas independientes para hospedar a los visitantes, un gran jardín y zonas comunes decoradas con muchísimo gusto.  Resulta acogedor y entrañable. Está regentado por un matrimonio implicado con cada huésped y por supuesto con la protección al rinoceronte.

La primera noche y tras una fabulosa cena en el lodge principal, disfrutamos de otra tertulia al calor de la hoguera. Nos acostamos pronto porque al amanecer iríamos al encuentro de un bebé rino recién nacido. Es algo muy difícil de ver, pues desgraciadamente no hay muchos nacimientos. Pero, hemos tenido esa suerte y no se puede desperdiciar la ocasión. El bebé rino tiene un mes y medio, una pareja de ranger vigilan permanentemente a madre e hijo. Son rinocerontes blancos, de los que aún quedan 19.000 ejemplares en África. Dani nos explica que se diferencian del negro por la forma del morro. El rino blanco lo tiene ancho, los primeros colonos ingleses, alemanes u holandeses los calificaron como “wide” rinos, rinocerontes de morro ancho. Del wide los africaners lo pasaron a su propio idioma, weit, y de ahí derivó a “white”, blanco. Pero de blanco no tienen nada, bueno sí, ser el blanco de las mafias.

La escena maternal es enternecedora y nos sentimos muy privilegiados de poder presenciar a una madre rino junto a su pequeño, ajenos a cualquier maldad, ajenos al peligro constante en el que viven por culpa del peor depredador de la faz de la tierra, el hombre.

Tuvimos la oportunidad también de pistear a otra familia de rinocerontes, caminando por la sabana y aprendiendo a seguir sus huellas. Los blancos y los negros pueden convivir porque su alimentación es diferente, los blancos comen hierba y los negros ramas y arbustos. Además, tienen huellas diferentes. “Amo África, su color y energía” escribo en mi cuaderno. Nunca imaginé que pistearía rinocerontes y los vería tan de cerca. Tienen muy poca vista, pero mucho oído y olfato. No atacan si no se sienten en peligro. Hay que moverse lentamente, no hacer ruido ni gritar. No sentí miedo, pero sí mucha felicidad. Tuve claro que tenemos que luchar por su conservación.

En Imire protegen con ayudas privadas a los rinocerontes, pero todos son propiedad del gobierno que, sin embargo, no hace nada para ayudar. Pero cuando los gobernantes solicitan rinocerontes para llevarlos a sus propios parques, están obligados a entregarlos. Lo hacen con gran dolor de corazón porque saben que en los parques gestionados por el gobierno los rinos serán asesinados. Así sucedió en 2007, cuando tuvieron que entregar 9 rinocerontes que apenas duraron unos meses.

En Imire hay muchos animales de los que nos gusta disfrutar en África. Junto a rinos pudimos ver antílopes y tuvimos la suerte de cruzarnos con un ejemplar de Ilan, el antílope más grande y uno de los que más alto saltan, hasta dos metros. Para los Ilan las vallas no son impedimento y saltando pueden cruzar de parque en parque. Fuimos a visitar a Mambo, un león solitario que rajó el cuello de su compañera para poder vivir solo. Detrás de cada animal todo son historias fascinantes. Aprendimos que los Impala ven en blanco y negro, y que las rayas que tienen en su trasero son todas diferentes y es así como se identifican entre ellos, es como si en el culo llevaran gravado su nombre. Si les enfocas con una linterna, los ojos les brillan porque detrás de la retina tienen una especie de cristales que reflejan la luz. A esto se le llama “tapetum” y sirve para que vean muy bien de noche. Cuando tienen que huir de algún peligro corren mucho pero también saltan porque en las rodillas tienen unas glándulas que al moverse con fuerza sueltan feromonas y así alertan del peligro y el olor sirve para reencontrase después. Los machos se enfrentan para conseguir pareja y todos los perdedores se unen para vivir juntos en celibato el resto de su vida… Todas estas historias me resultan fascinantes, es la mejor manera de aprender y comprender el ciclo de la naturaleza.

Vimos otros antílopes bellísimos como el Sesebe, el más rápido o el Nyala, uno de los más elegantes. Sentimos mucha pena al conocer la historia de un BlessBock, había sido expulsado de la manada por un macho dominante y vive solo, siempre mirando al horizonte como a la espera de volver a ser llamado por los suyos. La esperanza nunca se pierde, parece decirnos al vernos pasar. Los rangers nos confirman que nunca volverán a por él.

Todo son historias en Imire, a cual más curiosa, como la de la elefante Nzhov, su nombre significa lideresa. Abandonó a los suyos para convertirse en jefe de una gran manada de búfalos. Lo curioso es que los búfalos son dirigidos por machos dominantes, mientras que los elefantes se rigen por matriarcado. Este grupo de búfalos prefirió a una elefante como jefe protector.

Nuestra elefante, símbolo del empoderamiento femenino que dirían los modernos, ya se ha enfrentado y matado a 15 búfalos que pretendieron quitarle el puesto de macho alfa… Y, ahí van todos detrás de su Nzhov, seguros, tranquilos y convencidos de tener a la mejor de los jefes, su lideresa.

Jirafas, cebras y más elefantes durante todo el paseo por Imire. Estamos viendo en Zimbabwe una gran cantidad de animales, y siempre a distancias muy cortas.

El color, los contrastes y la belleza de la sabana estremecen.

En el lago de Imire coincidimos con una pareja de elefantes a los que con cuidado pudimos acercarnos.

El elefante africano a diferencia del asiático, no se deja domesticar. Hay que tener cierta prudencia y respeto.

Desde que llegué a Imire quise subir a un gigantesco conjunto de piedra granítica que llamó mi atención ya en el primer paseo. Su silueta me recordaba a un camello.

Dani, Begoña, Francis y yo escalamos hasta arriba para ver el atardecer. La subida no es fácil y desde luego no apta para quien sufra vértigo, pero una vez arriba se agradece ser un pelín intrépido.

Aquella puesta de sol ya suma a las mejores de mi vida.

Lo llaman “Copje Castle” que significa el castillo de piedras amontonadas. Pude tocar el cielo rojo, quise volar, saltar y gritar.

Abajo el lago, las cebras y los impalas. Los colores de África en su máxima expresión.

Este lugar es increíble, un reencuentro con la vida.

Imire Rhino & Wildlife Conservation es parte del recorrido por Zimbabwe de Ankawa Safari.

Todas las fotografías son propiedad de Carla Royo-Villanova

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