La parábola de Cecil Rhodes

No podemos seguir en Zimbabwe sin conocer un poco la figura de Cecil Rhodes. Más detestado que amado, su paso por el África Austral supuso seguramente un cambio en el devenir político y geográfico del continente. Quienes como yo estudiasteis EGB, probablemente os suenen Rodesia del Norte y Rodesia del Sur. Fueron territorios colonizados a partir de 1880 por Cecil Rhodes (de ahí su nombre) para el Imperio Británico.

Enfermizo, pero con ganas de vivir y de emprender, llegó a África en 1870 para trabajar con su hermano en una granja familiar, le habían diagnosticado una enfermedad que se agravaba con el clima británico. Poco tiempo después de llegar se le presentó la oportunidad de comprar unas viejas y supuestamente agotadas minas de oro y diamantes. Resultó que las capas inferiores de aquellas minas compradas a precio de ganga, guardaban cantidades ingentes de diamantes y oro. Se convirtió en el hombre más rico del mundo, y su melancolía británica le llevó a colonizar todas las tierras que pudo (al parecer no escatimó en engañar e incluso matar) en nombre de su reina y del Imperio Británico.

Como político destacado que logró llegar a ser, siempre defendió los intereses británicos a costa de los nativos, engañó al pueblo Ndebele para colonizarlo, contribuyó a poner África en el mapa y a que los ojos de otros colonizadores se fijaran en un continente desconocido. A su muerte dejó una Fundación que aún hoy día otorga becas y ayudas para estudiantes africanos, fue quizá su manera de compensar el expolio africano del que fue voz y parte.

En sus discursos y escritos dejaba bien clara su teoría. El Reino Unido, empobrecido en aquellos años, necesitaba nuevos mercados para prosperar y nuevos territorios para ubicar a millones de ingleses que no tenían forma de salir adelante. Soñó incluso con anexar planetas y su teoría no era otra que conseguir un Imperio Británico tan grande que así se evitaran guerras y solo hubiera prosperidad, para los británicos.

Uno de sus sueños de conquista pasaba por unir El Cabo con El Cairo, para lo que había que cruzar las Cataratas Victoria. El puente sobre el Río Zambeze a su paso por las Victoria fue construido bajo las órdenes de su hermano entre 1904 y 1905, tres años después de su muerte. Una fabulosa parábola metálica que más allá de su utilidad empresarial supuso un aquí estoy yo, el hombre más poderoso, capaz de cruzar las Cataratas Victoria”. Y es que todos los ingenieros le aconsejaron que el puente se construyera unos metros después y no justo en los cañones del Zambeze, pero tenía que ser ahí para dejar constancia de su supremacía y poder, de su megalomanía; los trenes de Cecil Rhodes cruzaban las Victoria y se empapaban con sus aguas. Sus piezas de acero llegaron prefabricadas desde Inglaterra y en apenas 14 meses el sueño de Rhodes era una realidad. Fue un hijo de Darwin el encargado de inaugurar el puente.

Admiré esta obra de ingeniería colocada como por arte de magia en mitad de lo que fue tierra de nadie”, poniéndome en el lugar de los primeros africanos que la vieron aparecer a principios de siglo XX y que, sin duda, pensaron que Cecil Rhodes tenía poderes sobrehumanos. Pensé también en el sufrimiento que este hombre causó a la población nativa y en sus diferencias con Livingstone, pensé que si se hubieran conocido quizá Rhodes hubiera utilizado su ambición y creatividad en beneficio de todos y no solo de unos pocos.

Las colonias y protectorados británicos en Rodesia tuvieron su fin en el norte en 1964, año en que el nuevo país se denominó Zambia y en 1980 con la Independencia de Rodesia del Sur que adoptó el nombre de Zimbabwe.

* Las Cataratas Victoria y el Puente de Cecil Rhodes se incluyen en el itinerario de Ankawa Safari por Zimbabwe.

 

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