Hwange, el Parque Sublime

No exagero si os confieso que el post de hoy intenta describir el que fue uno de los días más intensos y memorables de mi paso por África y de mi vida viajera.

Dejamos atrás las Victoria para recorrer unos 190 kilómetros y llegar al Parque Nacional de Hwange. El camión de Ankawa viaja bordeando el Parque, el más grande del país. Cruzamos una primera parte con mucha mina de carbón, embellecida por baobabs y pequeñas comunidades. La carretera es eternamente recta, los niños han salido de las escuelas y caminan agrupados por las cunetas, me pregunto cuántos kilómetros harán al día para aprender. Hay que hacer una parada técnica para comprar madera, la necesitaremos para cocinar y para prender las hogueras que a partir de ahora servirán de punto de encuentro y tertulia nocturna. Un grupo de niños uniformados se arremolina en la puerta del camión, les puede la curiosidad y se ganan un montón de caramelos.

Nos alojamos en Gwango Heritage Resort, al borde mismo del parque. El resort cuenta con cabañas adosadas rodeadas de arbustos de mopane, custodiados por miles de monos verdes. Una Zambezi y amigos será el premio del día y el mejor acompañamiento para un atardecer africano. En la cena probamos la “sadza” una pasta elaborada con maíz blanco machacado y mezclado con agua hirviendo. Es el típico acompañamiento para cualquier alimento. Aquella noche lo tomamos con arroz y guiso de ternera.

En Zimbabwe se vive con el sol. Incluso disfrutando de una tertulia al calor de la hoguera, uno se acuesta pronto. No en vano el sol de las cinco y media de la mañana indica que es hora de comenzar la aventura. El Parque Nacional de Hwange es el más grande de Zimbabwe y de los más grandes y poblados de África. Presume de tener una de las más mejores comunidades de elefantes. Así como de poder ver en su sabana a los cinco grandes: Elefantes, búfalos, leones, rinocerontes y leopardos. Una de sus lindes es la vía férrea más larga de África y segunda del mundo, con 150 kilómetros.

Hwange no está vallado, lo que permite a los animales entrar y salir libremente. Ahora en época seca, los animales se agrupan al amanecer y atardecer en las charcas para beber agua. Durante el resto del día hace demasiado calor y permanecen resguardados a la sombra de acacias, euphorbias, camel thorn o mopanes. En este parque han conseguido gracias a bombas que funcionan con placas solares, extraer agua del subsuelo para rellenar las pozas y que durante la época seca haya agua para todos los animales. Especialmente para los elefantes que necesitan 250 litros de agua diarios para subsistir. Aun así la extrema sequía que azota la zona ya ha matado a más de 50 elefantes solo en Hwange.

También los cocodrilos están siendo afectados por el cambio climático. Al parecer los huevos de las hembras no son capaces de sobrevivir a más de 26 grados. A partir de esta temperatura sólo prosperan los huevos de los machos. En conclusión, nacen más cocodrilos que “cocodrilas”. Otra curiosidad que aprendí en Hwange es que los termiteros, hay miles, mantienen en su interior una humedad y temperatura constante de 32 grados durante todo el año. Las termitas recolectan hojas y pequeños trozos de maderas que gracias a la humedad y al calor, acaban fermentando y produciendo lo que será su alimento. El cerdo hormiguero es su peor enemigo, antes también lo fue el pangolín, pero desgraciadamente se encuentra en auténtico peligro de extinción por la demanda china y vietnamita. Utilizan las escamas de su cuerpo como medicina y su carne como delicatesen y son víctimas de la caza furtiva.

Por primera vez oí hablar del Turaco gris, un pájaro que al ver animales peligrosos grita algo similar a “Go away” (márchate) poniendo sobre aviso a los más indefensos, o la Carraca de pecho lila, un pequeño pájaro multicolor con cuyas plumas los reyes de Zimbabwe se hacían sus coronas y estaba prohibido bajo pena capital que cualquier otra persona hiciera lo mismo.

Soy todo oídos, no quiero perder ninguna de las explicaciones que tanto Dani como Nash, nuestro guía del parque, van contando según aparece uno u otro animal o ave. Pero también los árboles cuentan historias, sus siluetas me fascinan y provocan en mi imaginación historias caprichosas de aventuras sucedidas hace miles de años.

Alguien grita de pronto haciéndome volver de mis fantasías en bosques milenarios, tres leonas protagonizaban una escena memorable. Los leones, los reyes de la sabana, acosados por cazadores y furtivos es una raza amenazada también por la endogamia, ya que cada vez hay menos machos y los que nacen son más y más débiles por falta de sangre nueva. Más adelante iremos a visitar un parque que destina su esfuerzo a proyectos de repoblación para conseguir nuevas mezclas y el refortalecimiento de la raza.

Hoy en Hwange nos quedamos a presenciar como tres leonas defienden de buitres y marabúes su almuerzo, un pequeño elefante al que han dado caza. En este momento Dani nos cuenta que también los buitres están despareciendo por culpa, una vez más, de la caza furtiva. Pero ¿quién quiere cazar furtivamente un buitre? Nadie, pero los furtivos envenenan con cianuro el agua de las charcas de rinocerontes, cualquier animal, además del rino, que beba de esa charca morirá también. Y su carne matará después al buitre. Sin embargo, en nuestra escena hay cientos de buitres y varios airosos marabúes, esperando el descuido de las leonas para lanzarse a carroñear su parte del pastel.

Vemos dos leonas a la sombra esperando su turno de vigilancia, mientras la tercera permanece al quite. Era simpático ver como en cuanto se daba la vuelta, los buitres intentaban acercarse al elefante y la leona. Como si tuviera ojos en la nuca, se volvía con rapidez para correr de nuevo hacia ellos que, por supuesto, salían espantados. Por turnos las leonas se iban relevando y, por descontado, los carroñeros tuvieron que conformarse con los restos.

En la charca de Nyamandhlovu hay un mirador de madera para avistar aves y animales. Las leonas quedan a nuestra izquierda y aún podemos verlas, pero Dani avisa de la llegada de alguien a quien no se le espera. Es uno de los antílopes más raros de Zimbabwe, el Roan. Las cebras también lo saben y le miran fascinadas. Enmascarado y de cuernos anillados con punta lisa, resulta precioso. Solitario, con toda seguridad su harén este esperando el visto bueno para ir a beber agua. Hemos tenido mucha suerte.

Mientras tanto los babuinos saltan y juguetean por todos lados y, cuando creemos que nada puede salir mejor, aparece una gran manada de elefantes, sigilosos, grandes lentos de caminar firme. Las almohadillas de sus pies permiten que ni un chasquido descubra su llegada.

Cómodamente sentados en las bancadas del mirador escuchamos lo que Dani quiere contar sobre los elefantes. Se rigen por matriarcado pero todas las hembras cuidan por igual a todas las crías. Los suelen rodear para protegerlos. La oreja del elefante africano tiene la forma de África y la oreja del elefante asiático tiene la forma de la India. Su gestación es de 22 meses y comen 350 kilos de hojas al día. Su piel tiene 4 centímetros de grosor y sus dientes van en packs completos que cambian seis veces en la vida cada diez años. Al llegar a los sesenta años ya no renovaran dientes y es por eso que los cementerios de elefantes suelen estar cerca de zonas con agua, porque es ahí donde el pasto es más tierno.

Ahora la parte más cruda, además de los que mueren por culpa de la sequía y de la caza “controlada”, otros 93 elefantes mueren cada día en manos de los furtivos. El mercado negro paga 1.500 dólares por un kilo de colmillo de elefante y un colmillo puede llegar a pesar hasta 200 kilos. Con el dinero de un solo colmillo vive una familia el resto de su vida.

Hay que seguir la ruta por el Parque de Hwange, aún veremos más elefantes, como aquel que lanzó un escupitajo de lodo al cocodrilo que asustaba a sus crías. Todo es acción aquí y nosotros estamos para verla y participar con las palpitaciones de nuestros corazones. Vemos unos kudus y Dani cuenta que son las hembras quienes eligen a sus machos.

Vemos ñus azules, conocidos como la bestia salvaje y de quien dicen que se hizo con todo lo feo de los animales africanos. Su torax es enorme con un corazón y pulmones gigantes que les permiten caminar y correr durante mucho tiempo. Sus patas traseras son como las de las hienas, más cortas pero muy fuertes. Se nos cruzan simpáticos facoceros, harenes de impalas o jirafas, llevamos horas aprendiendo pero parece que el día ha pasado en un segundo.

Si el Roan es el más raro, el antílope Sable que de pronto tenemos ante nuestros ojos es para mí, el más bello y elegante. Vestido de frac y con una larga y curvada cornamenta, al parecer es capaz de empalar con ella leones y cualquier otro animal que no le pille desprevenido. Definitivamente su cabeza no merece estar expuesta en el salón de caza de nadie. Pertenece a la sabana y, a pesar de estar su caza controlada, no abundan.

Sublime Zimbabwe. En eso estoy cuando un gran hipopótamo aparece cojeando entre arbustos de mopane. El coloso camina sin pausa, pero con claros síntomas de dolor. Tanto a Dani como a Nash les extrañó que estuviera fuera de la charca a esas horas tan calurosas del medio día. Su piel es muy fina y se deshidrata con mucha rapidez, por eso durante las horas de calor permanecen sumergidos en sus charcas y pastan al atardecer. Como máximo aguantan 5 minutos fuera del agua, así que era urgente que aquel hipo llegara cuanto antes a una charca. Decidimos seguirle sigilosamente y cuando llegó a la charca otro hipopótamo, aún más grande, le aguardaba para impedirle la entrada.

Son animales territoriales y como tal, deben luchar entre ellos para ejercer como macho dominante. La pelea fue desgarradora para nuestros corazones. Los gemidos de dolor, los mordiscos y las aguadillas resultaban insoportables, estábamos con el corazón en un puño cruzando los dedos para que ganara el más débil. A la escena hay que sumar la figura de la madre coraje que intentaba colocarse entre ambos machos para defender incluso con su vida, al hijo despreciado.

Los primeros hipopótamos, como el rinoceronte, surgieron hace 55 millones de años, pero eran una especie de cetáceos, de hecho, tienen el mismo origen que las ballenas. Es el animal más peligroso de África, el que más muertes a humanos ha causado. Su tonelaje hace imposible sobrevivir a sus pisotones y empujones, defiende su territorio con agresividad y firmeza. Así que el espectáculo que estábamos viendo tampoco estaba exento de riesgo y, desde luego, aquel hipo alfa parecía muy enfadado. El fin de la historia solo lo saben ellos, pero probablemente al caer la tarde nuestro hipo marcharía definitivamente a la búsqueda de otra charca donde comenzar una nueva vida.

En una última charca casi podemos tocar elefantes, tan cerca que temo recibir el impacto de uno de sus lanzamientos de lodo como hicieran con el cocodrilo.

Y el día se acaba con esta escena que recordaremos siempre. La imagen es bonita pero la realidad no le hace justicia.

 

El Parque Nacional de Hwange es uno de los parques que se visitan con Ankawa Safari.

 

 

 

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer