Óbidos, una de las 7 maravillas de Portugal

En el post de Estremoz os hablé de la Reina Santa Isabel, hija de Pedro III El Grande, Rey de Aragón, de Valencia, Sicilia y Conde de Barcelona. Tenía 11 años cuando sus padres la enviaron a Portugal para contraer matrimonio con el Rey Dinis de Portugal y fue reina hasta su muerte en 1335. El Rey siempre estuvo muy enamorado de ella, por su belleza y generosidad, recordad que mandó construir el Castillo de Estremoz para ella. Pues bien, cuando días antes de la boda real, en 1282, la joven pareja se paseaba por su reino, ella quedó prendada de Óbidos. La ciudad había sido reconquistada a los musulmanes un siglo antes, y su reconstrucción fue muy acertada. Así fue como el Rey ofreció esta ciudad como uno de los regalos a su esposa el día de la celebración del matrimonio. Se implantó de esta forma la costumbre regia de regalar la ciudad a todas las reinas de Portugal el día del enlace. Costumbre que permaneció vigente hasta 1834 y que trajo muchos beneficios a la ciudad.

En el post de hoy veremos Óbidos y os dejaré consejos para cuando vayáis a visitarla.

Hemos visto que es una ciudad medieval y se preserva casi intacta con sus colores típicos, casas encaladas y ribetes en añil para espantar moscas y amarillo para espantar malos espíritus. Creencias populares que han dotado a Óbidos de un encanto especial, convirtiéndolo en una de las maravillas del país.

Si bien Óbidos es una ciudad pequeña que puede verse en tres o cuatro horas, lo ideal es quedarse a dormir. Así lo hicimos nosotros y desde luego fue inolvidable. A partir del mediodía, la ciudad se llena de turistas que llegan en autobuses. Pasear por la calle principal es complicado y fotografiar sus rincones más emblemáticos es tarea imposible. Nosotros llegamos al atardecer, cuando prácticamente todo el mundo se había marchado.

De tal forma pudimos dar un primer paseo para ubicarnos, y nos instalamos en Lovin Book, un pequeño hotel en la calle principal (Rua Direita). Luego buscamos un restaurante para cenar y optamos por Adega do Ramada, tienen mesas en la calle, carnes y pescados a la brasa y tomamos un bacalao espectacular.

Por la mañana temprano pudimos dar un buen paseo, subir al castillo y ver la parte más medieval del pueblo sin demasiado agobio turístico. Las murallas almenadas pueden recorrerse prácticamente enteras, pero hay zonas en las que hay que tener cuidado, especialmente con niños. Desde lo alto hay vistas preciosas del pueblo. Y dentro del recinto del castillo se conservan las casas medievales que ocuparon quienes tenían conexión laboral con el castillo.

A partir de las doce llegaron miles de turistas. Lo que más me sorprendió fue que todos esos turistas apenas salieron de la calle principal, se dedicaban a comprar en los muchos establecimientos de souvenirs que hay en la Direita, hacer alguna foto típica y poco más.

Así que el resto del paseo transcurrió por las calles adyacentes y paralelas a la principal, por arriba y por abajo, no dejamos rincón sin investigar. Otra cosa que llamó tristemente mi atención fue la cantidad de pintadas en azul o amarillo que hay en estas calles fuera del circuito. Parece como si a los vándalos que pintan en las paredes de Óbidos les dieran pintura azul o amarilla para que “al menos” pintarrajeen todo al tono del pueblo. En general las calles fuera del circuito no están muy bien conservadas.

En Óbidos, como en muchos otros lugares de Portugal, la comunidad judía tuvo su importancia. La vieja sinagoga era un edificio destinado a la oración, pero no fue construida para tal uso. Ahora es una casa rural, se encuentra junto a la Iglesia de la Misericordia, que mandó levantar la reina Leonor en el siglo XVI y cuya puerta es la primera obra de arte barroco de Portugal. En la Rua Nova, ahora la Direita, instalaron sus pequeños comercios y aún quedan restos de su vida en Óbidos.

Además de la Iglesia de la Misericordia, hay otras iglesias importantes como la de Santa María que se levantó en el siglo XII sobre un templo visigodo, luego fue mezquita y ahora es la iglesia principal. En 1444 el rey Alfonso se casó con su prima Isabel, eran unos niños, 10 y 8 años. Óbidos ya era la ciudad de las reinas, así que un lugar perfecto para que los reyes contrajeran matrimonio, un pueblo de cuento, perfecto para unos niños. La iglesia de Sao Tiago, de estilo barroco fue totalmente destruida en el terremoto de 1755, pero fue reconstruida. Lo mismo pasó con la Iglesia de Sao Pedro.

Dos picotas tiene Óbidos, la vieja y la nueva. Las dos están junto a la entrada por la puerta da Vila, la picota nueva fue una donación de la reina Leonor a la ciudad. Ella vivió allí mucho tiempo para llorar la muerte de su hijo.

Es un lugar con mucho encanto, con una arquitectura variada resumen de todos los tiempos de esplendor y por todo es uno de los pueblos más visitados de mi querido Portugal.

Nos vemos en el siguiente post para seguir paseando por Portugal.

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