La Isla Bonita

Llevaba 25 años queriendo volver, dicen que lo bueno se hace esperar. La primera vez que pisé el verde suelo de La Palma fue en mi luna de miel, en julio de 1993. Desde entonces he viajado con mucha frecuencia al resto de las islas Canarias, mi paraíso y uno de los pocos lugares del mundo que me llenan de energía. Las he conocido todas como la palma de mi mano, pero precisamente la Isla Bonita, era la única a la que nunca más había regresado. Este año en el que celebro mis bodas de plata, me pareció el lugar perfecto para el reencuentro.

Le llaman la Isla Bonita, y también la Isla Verde, es toda ella Reserva de la Biosfera y su capital, Bien de Interés Cultural. En el ‘post’ de hoy os mostraré algunos de sus increíbles paisajes y rincones cargados de energía, pero también de paz.

Pasen, vean y disfruten de La Palma.

     

Santa Cruz de la Palma es sencillamente deliciosa.

Su casco viejo es pequeño y manejable, ideal para pasear y acabar tomando un vino canario en alguna de sus terrazas.

La calle principal es la calle Real que nos lleva directa a la plaza de España con el Ayuntamiento y la Iglesia de El Salvador. Aunque cambia de nombre podemos continuar hasta el Museo Naval, o Barco de la Virgen, una réplica de Santa María de Colón.

En arquitectura civil destaca el Palacio Salazar construido a mediados del siglo XVII para Ventura de Frías Salazar, caballero de la Orden de Calatrava y regidor de la ciudad. Su fachada de piedra contrasta con el resto de construcciones y su gran patio con balconadas de madera es imponente, así como el techo mudéjar de su sala principal.

La Avenida Marítima es la avenida conocida por sus balcones de madera. Delicadeza lusitana y ejemplo de las ventanas en saledizo mejor conservadas de las islas. Perfectamente mantenidos y decorados con flores, son estos balcones uno de los puntos más atractivos y curiosos de la ciudad.

Plazas, Iglesias y edificios de colores convierten el paseo por Santa Cruz en un carismático recuerdo.

La ruta hacia el Roque de los Muchachos es un bucólico recorrido entre castaños y pino canario. El mar de nubes se atraviesa simulando formar parte de un escenario mágico para aparecer bajo el cielo azul. La vegetación ha disminuido por la altura y el pico del Teide nos recuerda que estamos en Canarias. Es este un buen lugar para quienes quieran escuchar el silencio.

El Roque de los Muchachos es el punto más alto de la isla y donde el cielo puede verse más limpio e intenso. El Observatorio es el más importante de Europa.

La Caldera de Taburiente se abre magnífica a sus pies y sorprende tanto que uno no quiere marchar.

La pequeñez del ser humano se intensifica ante la enormidad de la naturaleza y el capricho de la geología. Hay rutas bien señalizadas para caminar por el borde de la caldera volcánica.

Garafía es un pequeño pueblo camino de Buracas, donde los dragos son protagonistas de la vegetación. Alejado del turismo, Garafia muestra discreta la tranquila vida del palmero.

El paseo a los dragos es un recorrido sin demasiada dificultad pero que garantiza un recuerdo único para los amantes del drago, ya que aquí se encuentra una de las mayores concentraciones de las islas. El Bosco ya lo pintó en El Jardín de las Delicias y este es sin duda otro jardín de las delicias versión canaria.

Las sorpresas siguen llegando, nos adentramos en el Parque Natural de Juan Adalid para recorrerlo hasta el mar. Los turistas suelen perderse este espectáculo, por lo que es casi seguro que no nos crucemos con nadie en la carretera.

Después de atravesar la selva tropical, el Atlántico aparece enmarcado por verdes prados, acantilados y paz.

Es este lugar uno de los más bellos y románticos que he visitado.

Vamos ahora hacia el Charco Azul, de sorpresa en sorpresa y tiro porque no me da pereza. Es el turno de las piscinas naturales junto al bosque de Tilos más importante de Canarias. Con Bandera de Ecoplaya es también considerado como las piscinas naturales más bonitas e importantes de las Islas Canarias. No llevaba mi traje de baño y me quedé con ganas de sumergirme en sus aguas cristalinas, pero se que volveré y me estarán esperando.

Hasta aquí la ruta por el norte de La Palma, Veamos algo del sur, más turístico, pero igualmente sorprendente. La playa de los Cancajos, es una de las más negras de España, volcánica y protegida por rompeolas naturales, contrasta con el azul del mar y sus aguas tranquilas.

La subida hacia Cumbre Vieja es otro privilegio para los sentidos. Y allí la ruta de los volcanes alerta a la adrenalina.

El volcán de San Antonio tiene un centro de interpretación y un paseo que nos lleva hasta su punto más alto.

Desde allí el planeta Marte se deja ver en su caída hacia el océano y el temido Volcán Teneguía indica el camino hacia ninguna parte. Ya en la costa, los faros de Fuencaliente son la luz que indica que continuamos en la Tierra.

La fuente de agua caliente que dio origen al nombre Fuencaliente, fue sepultada en 1971 tras la erupción del Tenegúia. Lo primero que cualquier persona curiosa se pregunta al llegar a Fuencaliente es ¿Por qué hay dos faros tan juntos? Una vez más la respuesta nos la da la naturaleza: la erupción del Teneguía dejó muy mal parado al faro que a los pies del volcán fue testigo del mar de lava. Un mar de lava que, por cierto, amplió la superficie de la isla y cambió su silueta. A pesar de ser reparado, en el año 2006 se decidió construir otro faro con sistemas más modernos y dejar el viejo faro como Centro de Interpretación Marina.

Junto a ellos, las salinas de Fuencaliente fueron declaradas Espacio Natural de Interés Científico por la cantidad de aves migratorias que allí paran a repostar. Todo tiene un enlace natural, las salinas son ecosistemas exquisitos para las aves porque la concentración salina permite la vida de micro organismos de composición muy rica y compleja, perfecta para el alimento de las aves migratorias. Y estos micro organismos, tales como larvas de artemia, alga Dunaliella y arqueobacterias, ¡son rosas! Así pues, las salinas de Fuencaliente son una delicia para aves y un paisaje fascinante para humanos. 35 mil metros cuadrados de espectáculo visual.

Os espero en el siguiente ‘post’ donde iremos hasta Tazacorte para terminar el paseo por La Palma descansando en un hotel con encanto, La Hacienda de Abajo.

 

 

 

 

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