Monasterio de Piedra, jardín de agua

Un poco de historia que tanto me gusta. Fueron los monjes cistercienses los primeros en descubrir este lugar que estaría en el siglo XIII alejado de todo y de todos cuando el Rey de Aragón Alfonso II donó su Castillo de Piedra a los monjes en el año 1186.

Sin embargo, tres fueron las ubicaciones de los monjes hasta terminar construyendo el Monasterio que hoy conocemos. Sus obras terminaron en 1218 y justo antes de aquella Navidad, los monjes se trasladaron al nuevo convento. Seiscientos años estarían entre aquellos muros.

El principio de su desaparición comenzó en plena Guerra de la Independencia contra Francia, cuando José Bonaparte suprimió la comunidad y expulsó a todos sus monjes para que el ejército francés saqueara la abadía.

Terminada y vencida la Guerra, Fernando VII les autorizó a recomponer la comunidad con los restos que aún quedaban, pero poco tiempo después, tras el Levantamiento de Riego y el periodo liberal, volvieron a ser expulsados, los bienes nacionalizados y vendidos al mejor postor.

Cuando el Trienio Liberal terminó con la Expedición Española, más conocida como la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis, los monjes pudieron de nuevo volver al Monasterio.

Aún les faltaba la última y definitiva desamortización, la que acabaría definitivamente con los cistercienses, 600 años después de establecerse en el Monasterio de Piedra.

La Desamortización de Mendizábal permitió que el Monasterio fuera vendido a Pablo Muntadas.

Fue su hijo Juan Federico quien ideó dedicar el lugar al hospedaje y la hidroterapia. Hombre culto, polifacético, abogado, poeta, filósofo y romántico, en definitiva todo un humanista, restauró el monasterio que era una ruina. Paseando por el bosque descubrió la cueva que llamó Iris y la Cascada Cola de Caballo. Quizá aquel descubrimiento fue el origen de su siguiente idea, las piscifactorías. El monasterio continúa hoy en día como hotel, Spa y restaurante. Allí me tomé unas migas aragonesas con uvas y chorizo, que después del paseo me supieron a gloria, y dos postres exquisitos, pudin de torrija y yogur con frutos rojos. En el hotel no me quedé a dormir, así que no puedo opinar.

Juan Federico de Muntadas, además de visionario hostelero, era también un amante de la botánica y convirtió en 1845 las huertas de los monjes y el bosque que rodea el monasterio en un hermoso jardín. Construyó también la que fue primera piscifactoría de España en 1867.

 

Varias cascadas, lagos, cuevas y senderos que discurren entre una frondosa vegetación, hacen de este lugar uno de los jardines más bellos de Europa.

Un recorrido que puede hacerse entre dos horas y la eternidad.

Cada paso es un aliciente para seguir caminando. Una obra de arte que conjuga naturaleza e ingeniería, botánica y buen gusto. El agua domina y el verde acompaña en perfecta sintonía un paisaje único.

 

Cada pocos metros una nueva cascada, quizá más bonita aún que la anterior, sorprende a quien no sepa dónde esta y vuelve a sorprender a quienes no se cansan de visitar el parque.

Un parque que se adapta a las estaciones para convertirlas en reflejo de sí mismas y donde el aroma de cada una impregna el ambiente para aportar la emoción de disfrutar con los cinco sentidos.

Los colores del otoño nunca defraudan, pero el frío invierno le aporta el espíritu de la soledad de los monjes, la primavera cautiva por su agradable y verde frescura y en verano, la humedad consigue que sea un lugar perfecto para huir del calor peninsular.

Un parque abierto todos los días del año y en el que se permite la entrada con perros, eso sí, siempre con correa.

Es importante seguir las rutas marcadas en el mapa ya que hay zonas de dificultad, sobre todo por las escaleras o las bajadas por las grutas que pueden no ser aptas para personas que sufran claustrofobia.

Hoy en día el Parque Natural Jardín Histórico del Monasterio de Piedra es Bien de interés Cultural.

Fue construido por el hombre a mediados del siglo XIX, pero respetando la exuberancia del bosque y la espectacularidad del agua, que abundante y generosa cae como del cielo, en realidad es el agua del Río Piedra.

Si, el Monasterio se llama de Piedra por el río que lo vio nacer.

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