Liérganes y la leyenda del hombre pez

Hoy nos vamos hasta este pequeño pueblo montañés de los valles pasiegos de Trasmera, mi Cantabria del alma.

Coronado por los picos Marimón y Cotillamón, popularmente conocidos como Las Tetas de Liérganes, es uno de mis pueblos favoritos de la tierruca.

De vez en cuando me gusta acercarme desde Santoña y pasear tranquilamente por sus empedradas calles y disfrutar con las flores de los balcones y el aroma a humedad y campo que desprende cada rincón.

El casco urbano de Liérganes fue declarado de interés histórico-artístico nacional gracias a lo bien conservadas que están sus casas de arquitectura civil montañesa. Los blasones en los portales indican que allí hubo poderío, y el dinero de muchos valientes cántabros que marcharon a hacer las américas y volvieron con la cabeza bien alta.

Todos los edificios y construcciones han pasado de padres a hijos y ninguna de las familias de Liérganes ha dejado caer sus propiedades en el olvido. Todo esta perfectamente mantenido y la nueva construcción no ha arrasado, como en otros bellos pueblos que fueron de Cantabria.

Liérganes me da paz, seguramente por no sentirme invadida por la absurda construcción del ladrillo y la especulación. Me reconforta ver balcones llenos de flores, pequeños comercios a la antigua usanza, centenarias construcciones de sillería, habitantes orgullosos de su pueblo y tanta armonía.

Hay muchas casas y casonas de fabulosa construcción como la Casa de los Cañones de fachada almohadilla del siglo XVIII, cuyo precioso blasón muestra las armas de la familia Cantolla y Miera.

La casa Cuesta de Mercadillo del siglo XV tiene un cuidado balcón adorando con cactus colgantes, o la casa Setién que también es de las más antiguas.

Me divierte la Torre de Cacho o Giraldilla, de construcción más moderna, fue convertida en hotel, pero me resulta muy especial en la zona por su aire claramente andaluz.

El Puente Mayor de Liérganes supuso un impulso económico a la comarca que en aquellos años, y hasta el siglo XVIII, fue muy próspera gracias a una fábrica de artillería. Data de 1606 y junto a él hubo un molino de agua que ahora es el Centro de Interpretación del Hombre Pez.

Como todo pueblo que se precie ha de tener una leyenda, mitad verdad, mitad imaginación, que cruzó la historia del lugar contada de padres a hijos. Dice la leyenda que en el siglo XVII una madre viuda envió a su hijo Francisco de la Vega a Bilbao para aprender el oficio de carpintero y ayudar económicamente a la familia. El chico fue un día a nadar y, llevado por la corriente, desapareció. Sin embargo, años después marinos, pescadores y gentes de otras costas aseguraban haber visto un hombre pez hasta que Francisco apareció en la bahía de Cádiz. Aquella criatura balbuceó la palabra Liérganes y le llevaron a la montaña. Una vez ahí reconoció su casa, y su madre lo abrazó con la alegría de haber recuperado a su hijo que creía muerto. Sin embargo, él nunca volvió a ser el mismo y años después volvió a desaparecer en el mar, esta vez para siempre. Hasta que una escultura lo inmortalizó junto al puente.

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