Se quedaron de piedra

Como cada mañana, amanecemos antes que los primeros rayos de sol. Cojo mi café achocolatado y me subo al torreón de madera que hay en el camp para disfrutar desde lo alto del amanecer africano. No muy lejos se escucha cómo los guepardos nos dicen adiós. Encantada de haberos conocido y hasta pronto.

Hoy nos espera un día peculiar que nos dejará de piedra. Vamos hacia Khorixas y cae alguna siesta mañanera en el camión. Llegamos al Bosque Petrificado Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad desde el 2004. Estaba claro: como hicieron aquellos árboles gigantes, también nosotros nos quedamos de piedra al comprobar el poder de la naturaleza y su capacidad de transformación. El paseo por el bosque se hace guiado, los árboles están protegidos y coger un pequeño trozo supone 1 año de cárcel. Poco me parece si tenemos en cuenta que estos árboles llegaron aquí hace 280 millones de años.

 

Retrocedamos hasta entonces imaginando un gran continente al que el hombre denominó Pangea. El cambio climático de aquellos tiempos fue el más drástico que ha sufrido nuestro planeta. Gigantescos glaciares comenzaron a derretirse y sus aguas provocaron terribles riadas. En una zona de aquel macro continente, que luego se llamaría Angola, había un gigantesco bosque de Dadoxylon arberi Seward, un tipo de conífera que se extinguió. Algunos de aquellos árboles superaban los 45 metros de altura. Pero nada permanece si la madre naturaleza decide que algo debe cambiar. Y así sucedió. No fue una riada, sino una gran avalancha de agua la que arrasó la zona. Seguimos imaginando y el espectáculo debió ser brutal.

Miles de gigantescos árboles bajando sin control kilómetros y kilómetros. Hasta que la inercia se detuvo aquí, en lo que luego sería el Valle del Río Anabib. El lodo lo cubrió todo y durante millones de años los árboles permanecieron ocultos bajo arenisca. El periodo Pérmico terminó con la división de Pangea en dos nuevos continentes, al norte Laurasia, al sur Gondwana. Fue el periodo más drástico para las especies que habitaban el planeta, al siguiente solo llegaron el 5%.  La evolución del planeta siguió su curso, y al tiempo los cinco continentes dibujarían el mapa del nuevo globo terráqueo. Durante todo ese tiempo las coníferas siguieron ocultas, pero también durante todo ese tiempo los minerales del lodo y arenisca que las cubrió fueron impregnando cada hueco de los troncos. La materia orgánica desaparecía mientras el cuarzo, el hierro, el ácido silícico y el magnesio lentamente se adueñaban de sus nuevos cuerpos y juntos crearon el ópalo de madera.

Los fósiles que ahora vemos y que por cierto, pesan muchísimo

280 millones de años después, la erosión y la casualidad se juntaron para descubrir esta joya de la evolución. A mediados del siglo XX un pastor contó que había encontrado árboles de piedra, y así fue como se descubrió la mayor concentración de árboles petrificados de África.

Se aprecian a la perfección sus anillos de crecimiento, la corteza e incluso los ojos aún parecen mirarnos. Yacen troncos de más de 30 metros de longitud, otros aparecen fragmentados, pero así llegaron y así se quedaron.

Junto a ellos sólo podía vivir la mejor vecina y otro milagro de la naturaleza. Milenaria, aunque no tanto como los troncos de piedra, es la planta oficial de Namibia y símbolo del país.

Se llama Welwitschia Mirabilis, la más anciana tiene 1500 años. Fue catalogada por el Dr Welwitsch, le puso su nombre, y el apellido latín Mirabilis que significa “extraordinario”.

Vive de la absorción de la humedad de la niebla y solo tiene dos hojas, que con el tiempo se van rompiendo. Hay machos y hembras, su tronco es subterráneo. Pueden verse tanto en el Desierto de los Damara como en el de Namib, pero están ultra protegidas.

Dos plantas más llamaron mi curiosidad: la conífera aromática, aquella que utilizan las mujeres Himba para perfumarse y la Euphorbia virosa, una especie de cactus que en su interior tiene una sustancia lechosa muy tóxica, puede incluso provocar ceguera. Los bosquimanos la utilizan para rociar con ella la punta de sus flechas y paralizar más rápido a la presa.

Con la cabeza y el cuaderno lleno de datos nos vamos a Twyfelfontein porque hoy el día va de datos milenarios.

Si nos habíamos quedado de piedra en el bosque, ahora retrocederemos hasta la Edad de Piedra. Entre 6.000 y 2.000 años antes de Cristo aquí habitaban los primeros moradores de Namibia, los San, que después serán los bosquimanos.

Y en esta parte del Desierto de Damara, resguardados por las rocas que conforman el terreno, y que son auténticas esculturas de la naturaleza, los San habitaron durante siglos.  Lo peculiar de esta parte del desierto es que aquí se encontraron sus dibujos tallados en las piedras.  Los petroglifos fueron realizados con ánimo de enseñanza.

Los círculos señalan a modo de mapa dónde se encuentra el agua, y si dentro del círculo hay un punto, significaba que el agua es permanente. También explicaban a los más jóvenes cómo debían cazar y a qué animales. Los rinocerontes, las jirafas y los elefantes no podían cazarse porque eran y son los animales del agua. A ellos había que seguirles para que les condujeran hasta ¡las charcas! Una curiosidad, muy lejos de ahí, en Australia, sus contemporáneos también utilizaban el símbolo del circulo para señalar el agua.

En todo el recorrido, también con un guía especializado, se van mostrando las piedras y sus diferentes dibujos.

Lo más curioso es ver un pingüino y una foca dibujados entre rinos, elefantes, orix y leones. Lo más emblemático, el león con pies humanos y una larga cola terminada en mano. Es el símbolo del parque.

El pingüino y la foca son la prueba que aquellos San de la Edad de Piedra viajaban y al regresar contaban sus viajes y lo que en ellos vieron. ¡Fueron los primeros instagramers!

¿Veis el pingüino?

Estos petroglifos fueron hallados en 1921 pero entonces no se hizo nada la respecto. En 1946 a los africaners se les permitió invadir la zona y se expulsó a los Damara. Pero poco dura la felicidad en la casa del pobre y aquellos colonos probaron su propia medicina cuando en 1958 el gobierno también les expulsó para preservar los petroglifos que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 2007.

Tras un día fascinante montamos la acampada en Xaragu, hay que descansar y memorizar todo lo aprendido, mañana nos espera la temida Costa de los Esqueletos.

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