Salem, la ciudad de las brujas

¿Os ha pasado alguna vez que llegáis a un lugar con una idea y os encontráis algo inesperado?

Eso es lo que me pasó en la ciudad de Salem, a pocos kilómetros de Boston. Me habían dicho que es la ciudad de las brujas y encontré un precioso, elegante y cuidado pueblo que además tiene historia. A ella llegué desde Boston donde el barco de Hurtigruten atracó unos días en nuestra ruta hacia Nueva Escocia.

 

Todo empezó hacia 1630 cuando un grupo de puritanos del Reino Unido buscaron libertad en tierras americanas y se instalaron en Salem. Buscaban libertad, pero ellos eran los primeros fanáticos de la religión. En 1692 dos niñas enfermaron con fiebres o incluso epilepsia, que les hacía convulsionar. Las niñas acusaron a su cuidadora y los jueces llegaron a la conclusión que habían sido endemoniadas por ella. Cundió el pánico en la ciudad, muchos vecinos aprovecharon para vengarse de sus enemigos acusándoles de brujería, aparecieron más casos de niños con espasmos, y comenzó la caza de brujas. Más de 140 inocentes fueron acusadas de brujería. Se ahorcaron a 18 personas, casi todas mujeres, y varios detenidos murieron en la cárcel, hasta que años después se demostró que todo fue un terrible error.

 

Pero la fama de las brujas de Salem se hizo universal. Hoy hay en la ciudad un museo dedicado a ellas. Durante las fiestas de Halloween miles de personas de todo el mundo se dan cita en Salem que se convierte en la ciudad más terrorífica del planeta.

Sin embargo, al llegar a Salem descubrí una ciudad con un encanto especial y en lugar de visitar el Museo de las Brujas, decidí pasear por sus calles y fotografiar cada detalle.

A finales del siglo XVIII  los navegantes de Salem comenzaron a viajar por todo el mundo, especialmente Asia. Se decía que en China pensaban que Salem era todo un continente. Regresaban con sedas, pimienta y riquezas inimaginables. La ciudad se hizo cada vez más próspera.

 

Navegantes, capitanes y comerciantes comenzaron a construir espectaculares mansiones que encargaron a uno de los arquitectos más famosos de la época, Samuel McIntire.

 

Samuel era también artesano y diseñaba mobiliarios, como anécdota, una de sus sillas de caoba se subastó hace unos años en Christies por un valor de más de 600.000 dólares.

Hoy en día el distrito de McIntire cuenta con más de 400 mansiones de arquitectura federalista, que se caracteriza por la simetría. Phillips House es la única que se encuentra abierta al público, el resto siguen siendo propiedad privada. El distrito lleva el recorrido marcado en el suelo con una línea roja y cada pocos metros una placa de bronce indica que vas por el buen camino.

 

La calle principal de este impresionante distrito se llama Chestnut Street, el propio Mcintire vivía en una de sus adyacentes. El distrito de Samuel McIntire es Patrimonio Histórico y puede presumir de tener la mayor concentración de edificios de la época colonial americana. Nueva Inglaterra en todo su esplendor.

Cada casa lleva un cartel de madera indicando el nombre de su primer propietario, su actividad laboral, el arquitecto y la fecha de construcción.

En casi todas las puertas hay coronas de flores, viejos timbres de bronce, o cuidados detalles que indican que sus habitantes de brujos tienen poco, más bien parece gente acogedora y entrañable.

Iba a cazar brujas y me dediqué a cazar mansiones, detalles, rincones e historia de Nueva Inglaterra.

 

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