Parque Nacional de Etosha

A modo de cuaderno de Bitácora iré relatando mi último viaje a Namibia. Tan apasionante como bello, extremadamente bello. Es Namibia uno de los países más seguros de África, pero sobre todo de los más variados en cuanto a paisaje. Con Zimbabwe y Botswana se compiten el ranking. Pero siempre hay que empezar por algún sitio.

Además, tenía muchas ganas de ver rinocerontes en Etosha, caminar por su salar, visitar las tribus himbas, acariciar guepardos, fotografiar la única planta prehistórica que queda sobre la faz de la tierra, ver amanecer desde la Duna 45, sobrevolar el Desierto de Namib y pasear por Deadvlei. Bienvenidos a Namibia.

Pero empecemos por el principio, cuando Dani Serralta y su fabulosa tripulación, Silver a los mandos del camión, Denis el mejor cocinero y Derek el ayudante que vale para todo, nos recogen en el aeropuerto de Windhoek para poner rumbo a Etosha.

Os pongo en antecedentes. Dani Serralta se enamoró de África hace más de 20 años. Aventurero y apasionado, quiso dedicar su vida a transmitir a los demás su amor por África. Para tal efecto construyó un camión y montó una empresa, Ankawa Safari. Hoy en día es uno de los mejores guías, pues conoce el sur del continente como la palma de su mano. Todos sus viajes son personalizados y recorre Namibia, pero también Botswana, Zimbabwe, Tanzania, Uganda, Kenia y Zambia.

En su camión todoterreno caben 18 personas sin contar con la tripulación. Está perfectamente equipado para recorrer las pistas africanas, dormir en acampada, y tener el estómago siempre contento.

Son las tres de la tarde y como no hay tiempo de llegar a Etosha antes de que cierren las puertas del parque, hacemos parada en Otjiwarongo para dormir en el hotel C´est ci bon. Hay ganas de comenzar la acampada, pero como todo lo bueno se hará de rogar.

La cena supone la primera toma de contacto con la gastronomía africana y la carne de kudu nos sorprende por su sabrosura y delicada textura. Tafel será nuestra cerveza los próximos diez días. El viaje ha sido largo, Madrid, Johannesburgo, Windhoek y tras tres horas de camión, al fin podemos descansar en la cama de un hotel.

Dani Serralta ha preparado el viaje con cabeza, sabe que vamos a llegar cansados y que mañana nos espera una jornada tan bonita que habrá que estar bien despejado para disfrutarla a tope.

El despertador ha sonado y aún es de noche. Pero hemos descansado bien y hay muchas ganas de llegar al Parque Nacional. Etosha era en tiempos coloniales una gran reserva de caza de más de 100.000 k2. De ellos, 22.000 se dedicaron al Parque Nacional, convirtiéndolo en uno de los más grandes del continente y también de los más variados pues tiene zona de sabana, bosque bajo, charcas naturales y un gigantesco salar.

En Etosha dicen que llegó Noé con su arca y con los más bellos animales del mundo. El camión de Ankawa tiene muchas ventajas, pero sin duda una de las mejores es poder disfrutar de sus vistas en 360 grados y desde una altura muy superior a las del resto de 4×4 que nos cruzamos por el parque.

Y es que a veces los arbustos y bosque bajo impiden ver a los animales que se esconden tras ellos. Sin embargo, desde las alturas de Ankawa no habrá escondrijo que se nos resista.

La otra gran ventaja es que Dani lo sabe todo y lo ve todo. Va pendiente del paisaje y en cuanto vislumbra algo de interés pulsa un botón para que Silver frene y podamos disfrutar de la fauna salvaje y de todas las curiosidades que, sobre ella, cuenta Dani. Imposible aburrirse.

Hemos visto cebras, impalas, elefantes, jirafas, avestruces, leones, rinocerontes, orix, ñus… Y durante tres días seguiremos disfrutando y agotando las baterias de las cámaras.

Próxima parada la tribu de los Himbas y sus curiosas costumbres.

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