Esqueletos, leones marinos y dunas en el mar

Spielberg imaginó al Cotopaxi emergiendo entre las dunas del desierto de Namib, así comenzaba Encuentros en la Tercera Fase. Cuarenta años después de la mítica escena, un barco del siglo XVI cargado con oro español parecía celebrar el aniversario de la película apareciendo entre las dunas.

Quizá aquel barco portugués fue el primero en naufragar en la temida Costa de los Esqueletos, pero no sería el último.

Las dunas submarinas y la bruma frecuente de la zona que impide la visibilidad a los barcos, hacen que sea una de las costas más peligrosas del mundo.

Para acceder por carretera hay que registrarse tanto al entrar como al salir. Es obligatorio llevar gasolina suficiente, comida y ropa de abrigo.

Los vigilantes comprueban cada coche que entra en el Parque Nacional de la Costa de los Esqueletos. El rescate en los más de 400 kilómetros de costa es complicado así que no es buena idea perderse. Dani ha hecho esa ruta cientos de veces y nos sentimos a salvo.

Resulta impactante ver cómo el desierto avanza imparable hacia el mar. Es fácil encontrar huesos de animales, los elefantes en busca de agua llegan hasta aquí cruzando las dunas y el mar se convierte en su último destino. Las ballenas, al igual que tantos barcos a lo largo de la historia, también encallan en las dunas submarinas. Incluso se han encontrado huesos humanos, probablemente de tantos y tantos náufragos que jamás pudieron atravesar el desierto.

Es un lugar inhóspito, pero es esa desapacible sensación unida a la peculiar belleza del lugar lo que convierte la Costa de los Esqueletos en uno de los lugares más extraños del planeta. Para mí siempre será la costa del fin del mundo.

Las fuertes corrientes de Bengala y el viento del Este que sopla fuerte hacia el mar hacen que aquí se encuentre la calificada como mejor ola para surferar.

Solo los grandes surfistas han demostrado que los tubos de Skeleton son los más largos, superando incluso el minuto. Pero llegar hasta la ola no es fácil, ningún mapa ni cartel indican dónde se encuentra. Es casi una leyenda que Ankawa Safari puede hacer realidad.

La única carretera que atraviesa la costa parece no tener fin, pero llegamos a Cape Cross. Una cruz recuerda que ahí llegó en 1485 el navegante portugués Diego Câo. A nosotros nos esperan cientos de miles de leones marinos.

Nunca tuve un recibimiento tan multitudinario ni tan ruidoso. El olor que desprenden es inolvidable, pero forma parte de la intensidad del momento. Dani nos explica que se trata de la mayor concentración de leones marinos de África y que las crías son capaces de reconocer el rugido de sus madres. Emiten extraños sonidos difíciles de identificar, pero algo así como un disparatado concierto.

Playa, dunas, desierto, salinas y mar. No se nos ocurre mejor lugar para almorzar. Sí, estamos en el fin del mundo.

Un fin del mundo que los alemanes escogieron para fundar en 1892 el puerto principal de su colonia. Hemos llegado a la curiosa ciudad de Swakopmund, donde sus habitantes siguen siendo alemanes y sus edificios son la mejor representación de la arquitectura colonial germana. En el hotel A la Mer haremos noche, no sin antes probar la hamburguesa de Orix y el escalope de gacela en el restaurante Khuki´s. Los dos muy ricos, por cierto.

Aún nos queda recorrer en quad las dunas del desierto, muy cerca de Swakopmund, mientras amanece un nuevo día. Más allá que la sensación de libertad, podría ser navegar entre dunas o flotar en la arena, difícil de explicar, pero inolvidable.

Continuamos ruta hacia el sur, parando a comer en el Trópico de Capricornio, mi trópico.

Nuestra siguiente acampada será en Sesriem, dentro del Parque Nacional del Desierto de Namib.

Para reservar en este campamento hay que llamar varios meses antes, incluso así suele ser complicado. Hay muy pocas plazas y miles de solicitudes.

La cuestión es que solo quienes duermen dentro del Parque pueden estremecerse contemplando el amanecer desde lo alto de la Duna 45.

Nosotros además tuvimos un regalo extra, la luna llena se ponía entre las dunas.

Dos noches y dos días que pasarán demasiado rápido entre las dunas del desierto más antiguo del planeta. Son rojas porque van cargadas de hierro y también las más altas de todos los desiertos. 

En esta zona hubo charcas y árboles hasta hace 800 años, cuando un golpe de calor las secó de la noche a la mañana.

Como esqueletos, los árboles permanecen en pie sobre la base blanquecina que fuera agua. Es Deadvley, otro mágico escenario de ciencia ficción. En mi cuaderno anoto: ”Este lugar debería inquietar, y sin embargo da paz”.

Para decir adiós, nada como sobrevolar uno de los paisajes más bonitos que he visto en mi vida.

Aquí termina la crónica de un viaje fascinante, cargado de aprendizaje, sensibilidad, aventura y amistad. Ojalá lo hayáis disfrutado y para ver la cronología si os perdisteis algo, podéis pinchar en la etiqueta Ankawa Safari.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer