Acampando entre guepardos

 

Dejamos atrás la tribu Himba para seguir aprendiendo de este fascinante país y preparar la siguiente acampada en territorio de guepardos.

Los primeros habitantes de Namibia fueron los Sam, de ellos volveré a hablaros cuando lleguemos a los petroglifos. El primer europeo que pisó tierra en el país fue el portugués Diego Cao en 1486 cuando llegó a Cape Cross. Sin embargo, Portugal no le dio importancia suficiente y no lo colonizaron. Los primeros colonos llegaron de los Países Bajos pero la auténtica ocupación fue con Alemania a mediados del siglo XIX. Tras la I Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones quien decidió que el país se legaba a SudÁfrica que ejercería la ocupación hasta la independencia definitiva de Namibia en 1989.

A pesar de tener una extensión de casi el doble que España, su población es de dos millones de habitantes. Para que os hagáis una idea, dos personas y media para cada kilómetro cuadrado. De todos ellos una parte muy importante son los llamados Africáners. Los primeros fueron de los Países Bajos, cuando reclamaron Walbis Bay, pero ya hemos visto que luego se sumaron los alemanes y después los británicos con la ocupación sudafricana. Tienen un idioma muy peculiar mezcla de su historia. Son terratenientes, hombres de negocios, y granjeros.

Estamos en el Desierto de los Damara, una tribu que se dispersó completamente, zona de guepardos. Allí tiene su finca Markus, africaner orgulloso de su país.

Hace años destinó una gran parte de sus miles de hectáreas para ofrecer a los guepardos, en peligro de extinción, un lugar donde asegurar su existencia. Más de 200 hectáreas protegidas les mantienen alejados del furtiveo y de otros depredadores más fuertes.

Cheetah Park será nuestra próxima acampada con Ankawa Safari.

Markus ha ido adoptando cachorros guepardo que nacieron con alguna afección y de no haber sido por su generosidad, la propia manada u otros depredadores, los hubieran matado. Baba, Celta y Kuaki viven ahora con él y su familia. Resulta sorprendente ver como el bebé de Markus camina con sus torpes primeros pasos junto a los guepardos como si fueran sus lindos gatitos. Pero todos queremos fotos y videos con los guepardos de Markus. Son una maravilla, una obra de arte de la fauna salvaje.

Después de acariciarles e incluso jugar con ellos, porque al igual que los gatos ronronean y piden ¡mimos en la barriga!, Markus nos llevó a la parte de su finca donde los guepardos salvajes pueden vivir en plena libertad, pero tranquilos. En el remolque de su tractor nos paseó entre ellos para verlos muy de cerca y escuchar las explicaciones de Dani Serralta. Todos sus primos de la familia de los Acenonyx se han extinguido ya. Solo queda el guepardo chita.

Es el animal más rápido que existe, puede alcanzar los 110 kilómetros por hora en tan sólo 4 segundos. Sin embargo, sus carreras son cortas, no más de 500 metros, lo justo para alcanzar la presa, casi siempre las springbok (gacelas). Gracias a su increíble vista, pueden escoger la presa y sigilosamente acercarse hasta que calculan puedan llegar a ella a toda velocidad. Toda su fisionomía esta diseñada para la carrera. Por eso tienen el corazón y los pulmones más grandes, para poder bombear más sangre y obtener más oxígeno. Sin embargo, su cabeza es proporcionalmente más pequeña, es para hacer de su cuerpo un cohete aerodinámico.

Su larguísima cola les da mucha estabilidad cuando van a toda velocidad, pero lo más curioso son sus garras. Es el único felino que no las tiene retráctiles. Siempre las tienen fuera, como los perros. Dani nos puso el ejemplo de las botas de los futbolistas, los tacos, al igual que las garras les permiten tener una mayor fijación al suelo.

 

Las franjas negras que bordean sus ojos hacen efecto de kohl para disminuir la luminosidad del sol. Quizá por esa semejanza, a los egipcios les encantaban y los faraones solían tener guepardos amaestrados. Son símbolo de poder y estatus social. Sólo cazan para comer y suelen hacerlo de día que es cuando otros depredadores como los leones, no pueden robarles las presas porque descansan.

El Desierto Damara les encanta por que la sabana se mezcla con zonas arboladas, y arbustos que les permite esconder las presas y comerlas con tranquilidad.

Los vimos jugar, correr, mimarse, pudimos admirar su belleza perfecta y tuvimos la inmensa suerte de ver a una madre cuidando y alimentando a sus cachorros.

Otro día de aprendizaje que espero también vosotros hayáis podido disfrutar y conocer algo más sobre este curioso animal que gracias a personas como Markus y su familia podrá seguir viviendo entre nosotros.

Tras la increíble experiencia entre guepardos, acampamos dentro de la propiedad de Markus, donde su padre habilitó una zona de campamento con baño e incluso una pequeña piscina. Después de un día intenso e inolvidable con los himba y los cheetah, pasamos aquí una noche para continuar mañana rumbo a Khorixas y a su bosque petrificado. No os perdáis el siguiente post, hablaremos de lo que sucedió hace 280 millones de años y de los primeros habitantes de Namibia durante la Edad de Piedra.

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