Hurtigruten pone rumbo a la historia de América del Norte

 

Vivo en exclusiva la nueva ruta de Hurtigruten, que recorre los lugares más emblemáticos de la historia de los Estados Unidos de América y Canadá.

Verrazzano, navegante italiano financiado por el rey de Francia, pisó tierras lenapes por primera vez en 1524. Pero no fue hasta principios del siglo XVI cuando los holandeses comenzaron los asentamientos y las primeras relaciones comerciales con los indios. Tras la firma del Tratado de Westminster, la zona pasó al poder británico, quienes bautizaron la ciudad en honor a su gran Duque de York. Comenzaba a perfilarse un icono: Nueva York. Sus tierras colindantes pasarían a llamarse Nueva Inglaterra y más al norte Nueva Escocia. El origen de los EE.UU de América ya estaba en marcha.

Navegando llegaron desde el viejo continente, como tantos inmigrantes lo hicieron después durante los siglos XIX y XX. Entre todos construyeron un nuevo mundo que hoy es ejemplo de democracia y libertad. Navegando lo he recorrido los últimos diez días y navegando he disfrutado de sus costas, faros, acantilados y montañas. Se trata de nueva ruta de Hurtigruten que recorre los lugares más emblemáticos del origen de los EE.UU hasta Nueva Escocia y Newfoundland, en la vecina Canadá.

 

Un viaje cargado de historia que comienza en la gran manzan,a donde la propia reina Sonia de Noruega dio el pistoletazo de salida y sus bendiciones a los nuevos exploradores que seríamos nosotros. Tuve el privilegio de ser la única escritora de viajes que llegara desde España, junto a las mejores periodistas europeas que también cubrirían la ruta inaugural.

Cada lugar visitado tiene sus historias, misterios y leyendas. Poco a poco los iremos conociendo con detenimiento, pues todos son fascinantes y merecen su lugar en este blog. Hoy os descubriré estos lugares, y también cómo la filosofía Hurtigruten amplía sus fronteras desde los fiordos noruegos hasta el nuevo mundo.

Para quienes sientan recelo, pereza o incluso mareo ante la idea de embarcarse en un crucero, he de decir que Hurtigruten no es un crucero al uso. Para empezar, son líderes en aventuras y expediciones marinas. Tuve el inmenso placer de descubrir esta compañía hace dos años, atravesando con ellos los increíbles fiordos noruegos desde Throdheim hasta Kirkenes. Una ruta que a modo de cuaderno de bitácora os relaté al comienzo de este blog. En aquella primera ocasión, me impactó su filosofía y manera de encauzar una auténtica expedición marítima.

 

En esta segunda aventura por las costas del Nuevo Mundo he comprobado que ampliando sus rutas mantienen, sin embargo, la inquietud por el aprendizaje, el ejercicio y la auténtica aventura. Las embarcaciones de la naviera son pequeñas y están decoradas con un sencillo estilo modernista, haciendo honor a los primeros barcos correo de la compañía. No hay masificación a bordo, y los pasajeros que aquí se embarcan lo hacen para aprender y disfrutar.

 

Como resumen, os diré que a bordo del MS Fram de Hurtigruten pueden recorrerse más de 70 kilómetros en diez días y subir más de 200 pisos. Y no precisamente porque el barco sea grande. En cada puerto donde atraca hay organizadas visitas con guías profesionales, rutas de senderismo, paseos en kayak, pesca y actividades propias de cada zona. Durante las travesías se imparten charlas, conferencias y clases magistrales a cargo de profesores que forman parte de la tripulación. Es esta filosofía Hurtigruten la que hace tan atractivo cualquiera de sus cruceros, que ya llegan incluso a Groenlandia o la Antártica.

La ruta por la costa noreste entre EE.UU y Canadá mantiene este espíritu de aprendizaje, cultura y aventura. De Nueva York ponemos rumbo a Newport atravesando una tormenta que hacía presagiar ciertas vicisitudes.

 

La niebla y la lluvia aportaban una sorprendente y misteriosa panorámica de Manhattan, muy alejada de las que podemos ver en Google. Una tormenta que nos impidió parar en Newport, pero sin embargo nos permitió disfrutar de Boston con mayor tranquilidad.

 

Una de las ciudades más antiguas de EE.UU, fundada por colonos ingleses en 1630. Nueva Inglaterra comenzaba en estas tierras su expansión, se fundaba Harvard, la primera universidad de América del Norte, y de aquí surgió la idea de libertad, el primer sueño americano que culminaría el 4 de julio de 1776.

 

 

Rockland y luego East Port en las costas de Maine, serían los siguientes destinos, para practicar senderismo y disfrutar en kayak de las aguas del Atlántico americano.

 

 

Paraíso de la langosta, de la pesca y donde se encuentran las mareas más potentes del mundo.

 

Dejamos Nueva Inglaterra para llegar a las costas de Nueva Escocia. Tal y como hicieron los británicos evacuados de Boston meses antes de la independencia definitiva. Su puerto natural y de aguas profundas, convirtió este enclave en la principal base naval del Imperio Británico.

 

La herencia de aquellos tiempos se concentra en su Citadel una majestuosa fortificación en un enclave privilegiado, que comenzó a levantarse a mediados del siglo XVIII.

Imagen de Google de la Citadel de Halifax

Una gigantesca trinchera de forma estrellada desde la que se domina toda la ciudad. Edificios victorianos, otros incluso más antiguos, conviven en paz con los más modernos. La arquitectura se ha compinchado con los orígenes de la ciudad para convivir en armonía ejemplar.

Tras casi 24 horas de pacífica navegación, entre ballenas e icebergs, el MS Fram llega al puerto de Saint Johns, San Juan de Terranova en la isla de Terranova-Labrador (Newfoundland).

Fueron mis antepasados vascos los primeros pobladores que llegaron a estas lejanas tierras en busca de nuevos caladeros para la pesca. Era el siglo XVI y lo bautizaron como San Juan de Pasajes.

Pero la ciudad se convirtió poco después en el asentamiento británico más antiguo de América del Norte. Luego vendrían las disputas por poseer este fabuloso enclave pesquero entre Francia e Inglaterra. De aquí partió también el primer vuelo tras oceánico que acabaría en un pantano de Irlanda.

Una ciudad pintoresca y llena de color. Cada detalle es reflejo de la hospitalidad de sus habitantes. Una ciudad que me ha enamorado y sobre la que os hablaré con más detenimiento.

Desde Terranova el Ms Fram retornaba a Nueva York, haciendo paradas en otros puertos, pero siempre fiel a la aventura. Y yo ponía rumbo a Madrid con la esperanza de volver pronto a embarcarme con Hurtigruten.

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