El día que Juana la Loca se liberó para siempre

Tal día como hoy, el 12 de abril de 1555, la reina Juana, conocida como Juana la Loca, partía hacía la libertad eterna.

 

El Duero como testigo de la historia, Tordesillas una de las ciudades que atraviesa. Una reina, tachada de loca, como la melancólica canción de Mocedades. Estaba loca, pero fue por amor. Aún no había cumplido los treinta, jamás imaginó aquel día de marzo de 1509, que el torreón del palacete de Tordesillas, la alojaría sus próximos 46 años, ni que de ahí jamás saldría con vida.

 

Fue el 12 de abril de 1555, Viernes Santo. Aquel día Juana recuperaría la libertad eterna. Hoy celebro su aniversario, aquel momento que muchos hubieran deseado se produjera antes, empezando, quizá, por ella misma.

La más guapa, culta, polifacética e inteligente hija de los Reyes Católicos fue, sin embargo, prisionera desde el mismo día de su nacimiento. Reina de Castilla, Aragón y Navarra, mal que pesara a muchos. Vivió siendo niña la Reconquista de Granada y desde entonces quedó fascinada por la Alhambra, al igual que su madre Isabel La Católica.

 

 

Siempre quiso que su hijo Carlos estableciera allí la corte, y lo único que consiguió fue ser enterrada, años después de su muerte, en La Capilla Real.

 

Su nieto, Felipe II, fue quien la llevara a reposar para siempre a su querida Granada, junto a sus padres Los Reyes Católicos, y Felipe, el hombre que jamás la quiso y destrozó su vida.

 

 

La escritora Brígida Gallego-Coín recuerda su triste historia en el libro Juana la Loca, la reina que nadie amó. Publicado por Almed Ediciones, se trata de una novela histórica que relata la vida de la Infanta Juana, enviada a Flandes con 16 años para esposar con Felipe de Habsburgo y convertirse en Archiduquesa del Sacro Imperio Romano Germánico y tiempo después, en Reina de Castilla, Aragón y Navarra.

 

Pero la ambición de todos los hombres que rodearon su existencia, padre, esposo e hijo, hicieron de ella la eterna reclusa.

La autora es muy clara en este sentido: “Me hiciste sufrir, Felipe. Tú también me hiciste sufrir, padre. Y tú, Carlos, hijo mío. No quise rebelarme porque me educaron para la obediencia y porque a todos os amé demasiado”. Con estas palabras, que seguramente la reina Juana pensó muchas veces durante sus casi 50 años de cautiverio, Brígida Gallego-Coín resalta lo que se escondía tras su cruel apodo de la Loca: una mujer que antepuso su educación y el amor a su propia vida. Llegó incluso a rechazar el apoyo de los Comuneros de Castilla para no enfrentarse a su hijo Carlos, quien prisionera la mantuvo.

Juana la Loca, la reina que nadie amó, es un alegato y denuncia al maltrato. Si bien aquella fue otra época, sirva su ejemplo y desgraciada vida para recordar el daño, personal y profesional que sufren aún hoy muchas mujeres. La autora dedica el libro “A quienes todo perdieron”. La reina Juana debería ser estandarte de las mujeres, reclamando así el papel que la historia le negó y denunciando con su recuerdo la violencia, el maltrato y el acoso actual.

Para muchos artistas del Romanticismo, Juana fue inspiradora. También lo es para nuestra protagonista de hoy. A Brígida le atrae su fragilidad, enorme sensibilidad, las contradicciones de su vida, la injusticia que le rodeó y el hecho de haber sido ante todo una mujer buena, sin ninguna maldad ni ambición perversa. Antepuso sus sentimientos al poder, y sus sentimientos acabaron con ella.

La autora reprocha también el apodo de Loca, al que califica como cruel. Un libro que atrapa, obligando al lector a profundizar en el personaje y en la vida de Juana.

Personalmente, me parece fascinante que una mujer que estuvo casi cincuenta años encerrada en un torreón, haya dejado la huella que nos dejó la Reina Juana I de Castilla. Ninguneada y casi olvidada durante siglos, la resucitaron en el Romanticismo, y desde entonces, su personaje atrae más y más.

 

La soledad de la Reina fue plasmada en la portada del libro, obra de la fotógrafa María López-Linares. Nos muestra una jovencísima Juana abstraída por su joyero, pero rodeada de la melancolía que viviría después. María López-Linares ha ilustrado con sus fotografías el libro de Brígida y es también la autora de las réplicas de las joyas de la reina Juana.

La autora, orgullosa granadina, resalta en su novela histórica la belleza de la Alhambra y el poder de seducción que ejerció a propios y extraños tras la Reconquista. Granada fue testigo de los pocos momentos de felicidad que tuviera Juana en su vida, aquella lejana infancia que nunca olvidaría. La reina Juana fue de las primeras personas en apoyar que la Alhambra no se destruyera.

 

Juana amó Granada por haber sido feliz en ella, por su infinita belleza y por dar sepultura a sus padres y esposo.

 

”No fueron el amor y los celos los que desencadenan la tragedia de Juana. Su vida entera fue desgraciada”, asegura la historiadora y autora del libro.

 


El 12 de abril de 1555, con 76 años, Juana I de Castilla decía adiós a este mundo. Hoy 463 años después de la liberación de Juana, os invito a descubrir los lugares que marcaron su vida: Tordesillas y Granada. Pero sobre todo, a descubrirla a través de las páginas de este fascinante libro. Enhorabuena, Brígida, por recordar su vida y por alzarla en denuncia al maltrato que aún existe.

El 12 de abril debería ser el Día contra el maltrato.

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