Belcastel, viaje a la Edad Media

Me alegra saber que Iberia Express ofrece, desde el pasado mes octubre, un vuelo directo de Madrid a Toulouse. La ciudad rosa será un próximo destino ya apuntado en mi cuaderno de rutas anheladas. Pero además, porque desde ahí es la forma más rápida y sencilla de llegar a gran parte de los pueblos más bellos de Francia, los que se encuentran en la comarca de Aveyron. Es tiempo de programar viajes para el 2018, un nuevo año se avecina y con él ganas de descubrir nuevas rutas. Es tiempo de sentir cómo se pasa la vida, pero también de disfrutar con su armonía. Hoy os propongo viajar hasta Belcastel porque es uno de esos pueblos más bellos de Francia que conozco, aunque hay muchos más; podéis ver la lista y su ubicación en la Carte des plus beaux villages de France.

Un gran número de ellos se encuentra precisamente en Aveyron. Otro día viajaremos hasta Couvertoirade, para rendirnos ante los templarios y hospitalarios.

Es Belcastel un pequeño entramado de casas de piedra coronadas por un castillo medieval.

Fueron los Señores de Belcastel quienes construyeron el castillo-fortaleza allá por el siglo X. Desde ahí protegían a los habitantes del pueblo y controlaban el río Aveyron. Durante las Cruzadas del siglo XIII, los Señores de Belcastel se arruinaron y el castillo fue confiscado por el rey Raymond IV de Toulouse, y luego okupado por unos bandidos durante tres décadas, hasta que el Rey de Francia ofreció 300 florines a cambio de recuperar el castillo. En su retirada, los bandidos fueron aniquilados por las tropas del Rey, que recuperó también los 300 florines…

Jean III de Armagnac utilizó entonces el castillo como bastión militar durante el fin de la Guerra de los Cien años contra Inglaterra y culminado el desalojo inglés, regaló el castillo a uno de sus caballeros, Guillermo II de Saunhacs. Él y sobre todo su hijo Alzias, transformaron el castillo en una agradable vivienda, construyeron el puente y la iglesia del pueblo, que poco a poco recuperó su esplendor.

A finales del XVI fue nuevamente abandonado por los herederos, hasta que cien años después se vendieron sus ruinas por el equivalente a 300 euros. La nueva propietaria lo compró para vender los marcos de puertas y ventanas, sus piedras, viejas tejas… en fin, lo que hoy llamamos material de derribo, muy apreciado por arquitectos y decoradores.

En 1928, el Ministerios de Cultura lo clasificó como monumento histórico y el espolio terminó. Pero para entonces poco quedaba del precioso castillo-fortaleza. A partir de entonces, su nuevo ocupante fue la vegetación, que en pocos años lo invadió. Los niños del pueblo jugaban a las Cruzadas y al asalto de bandidos entre las piedras del viejo castillo de Belcastel.

En 1973 aparece Fernand Pouillon, un prestigioso arquitecto que se enamoró de la ruina y decidió restaurarla. Lo compró al gobierno francés por 20.000 euros y en ocho años había culminado su restauración, preservando su aspecto original. En 2005 el castillo fue nuevamente vendido a un matrimonio americano que ahora lo utiliza como sala de exposiciones y puede visitarse por los turistas.

Se accede cruzando el puente levadizo, varios pequeños jardines ofrecen rincones medievales, podremos subir por las murallas y entrar en las salas. Galerías y capilla. Hay una gran colección de armaduras de la época, pero también vestimentas, adornos de caballos y carrozas, mallas y otros enseres medievales. Desde el balcón principal, en la sala de exposiciones, tendremos las mejores vistas de Belcastel, del meandro que forma el río Aveyron a su paso por Belcastel y sobre todo el valle de Aveyron.

Dicen que aún se escuchan los lamentos de Madame Blanche, la esposa infiel de Alzias, quien al descubrir el adulterio de su mujer, la encerró para siempre en el castillo.

La bajada desde el castillo hasta el pueblo es un paseo delicioso, entre las empedradas calles, casas medievales, cuidados detalles, flores y macetas.

Una vez abajo hay que cruzar el puente medieval hasta la iglesia que construyera Alzias, y desde ahí podremos tomar imágenes de postal.

La gastronomía es plato fuerte de esta zona y en Belcastel nos resultará fácil, pero si además somos buscadores de estrellas Michelín, aquí encontraremos una. Se llama Nicole Fagegaltier, y es la única mujer con estrella de la comarca. Su restaurante, Vieux Pont, está junto al puente. Cocina ingeniosa, creativa, pero de temporada y muy centrada en los productos de su tierra.

Una ruta inspiradora, cargada de paz, naturaleza, historia y gastronomía

 

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