Ensueño en Maldivas

Viajar a Maldivas es el sueño de mucha gente. También lo fue el mío y se vio cumplido hace unas semanas. El impresionante color turquesa de sus aguas se debe al reflejo que en ellas produce la arena blanca de las playas. Resulta asombroso y espectacular. Pero también lo son sus fondos marinos, uno de los más bellos y famosos del mundo por su gran variedad en corales y peces.

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El archipiélago está formado por 1200 islas, repartidas en 26 atolones. Habitadas sólo hay 200, y la mayoría están ocupadas por resorts y hoteles. Las menos son las islas locales, donde viven lo maldivos. La pequeña dimensión de las islas hoteleras hace que cada isla esté ocupada por un solo hotel. De tal forma que, si queremos viajar a Maldivas, seguramente nos volvamos locos buscando el hotel que mejor se adapte a nuestras necesidades, o tendríamos que fiarnos del tour operador.

En el post de hoy os voy a contar mi experiencia en los resorts en los que estuve, por si puede ayudaros en la elección.

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Desde Malé, la capital, volamos en un hidroavión hacia los atolones del sur. La conexión con el hidroavión es sencilla, pues en la terminal internacional habrá alguien del hotel esperando para llevarte a él. El Angsana Velavaru en Dhaalu era nuestro primer destino. El vuelo dura 45 minutos y es un espectáculo.

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El hotel Angsana Velavaru se encuentra en la pequeña isla Velavaru. La isla está rodeada por una gran laguna turquesa, que a su vez está flanqueada por el arrecife de coral.

Es el hotel de las 101 actividades. Desde cursos de cocina maldiva hasta todo tipo de deportes y actividades acuáticas. El hotel organiza las expediciones y tiene a disposición del huésped gafas, tubos, aletas y todo lo necesario para practicar la actividad correspondiente. Aquí descubrí que aburrirse en Maldivas es imposible. Lo más impresionante era bucear. Yo ni siquiera usaba aletas. Un tubo, unas gafas y ganas de nadar (el agua está a 28º) es suficiente para ver tiburones, mantas raya, tortugas, y todo tipo de peces de colores que nadan junto a ti.

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Además, las figuras y colores que aportan al paisaje submarino los corales son realmente únicos y fascinantes. Una gigante galería de arte natural se abre ante tus ojos. Para bucear en Velavaru, un barco típico maldivo te lleva hasta el arrecife, espera mientras nadas y buceas, y te lleva de vuelta. El paseo es muy agradable.

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En el Marina Center puedes recibir una clase magistral sobre los arrecifes, el coral, la flora y la fauna submarina, los problemas causados por el fenómeno del Niño y la forma que tienen Banyan Tree y Angsana de salvaguardarlos y protegerlos. Una auténtica experiencia de sostenibilidad y respeto al medio ambiente.

También hice esquí náutico y moto de agua. Además, hay canoas para remar, tablas y equipo de windsurf, pesca nocturna, soccer, water polo, y cruceros para ver delfines y ballenas, entre otras muchas más actividades.

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En Maldivas hay dos tipos de resorts. Los que están en una isla, y las villas se encuentran en la playa; y los llamados Ocean Villa, son como largos pantanales con las habitaciones sobre el agua. El Angasana Velavaru es de los pocos hoteles que ofrece las dos posibilidades.

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Nosotros preferimos las villas de la playa, para poder tumbarnos sobre la arena, pasear, y tener mejor acceso a los deportes acuáticos. Las Ocean Villa son impresionantes, pero están más limitadas. En general son las preferidas por el turismo asiático, mientras que las villas de playa son elegidas por los europeos.

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Nuestra habitación estaba orientada al amanecer, pero casi todos los días estaba nublado y no pudimos disfrutarlos. El tiempo en Maldivas es capaz de cambiar en cinco minutos. De nublado a sol intenso, siempre hay que ir bien protegido contra el sol. Cada habitación tiene su jardín privado con piscina y duchas exteriores. Tienen también un acceso privado a la playa, tumbonas y sombrilla.

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Una de las noches fuimos a cenar al restaurante de las Ocena Villas, Azzurro. Muy sofisticado, sobre el agua, y ofrece cocina tradicional maldiva con toque afrancesado. Exquisito el salmón y todo muy bien presentado.

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El restaurante Kaani también es estupendo y variado, con cocina de todo el mundo perfectamente diferenciada. Las mesas están casi en la playa y la decoración y vajillas son alegres y contemporáneas. Por las noches puedes optar por una cena privada a pie de mar, con las olas rozándote los pies, la brisa marina y la luz de la luna y las estrellas.

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Pero lo mejor del Angsana Velavaru aparte de ser el paraíso, es la calidez con que todo el personal trata y cuida a los huéspedes. El mimo constante y la sonrisa permanente. Hacen que te sientas relajado y feliz. Desde aquí un saludo a Mohamed que nos cuidaba en el restaurante y a Alissa que fue nuestra perfecta anfitriona. Guardaré siempre un recuerdo imborrable de mis cuatro días en Velavaru.

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Otro hidroavión nos llevó al segundo hotel, el Banyan Tree Vabbinfaru.

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Una pequeña isla de apenas 3 hectáreas en el atolón de Malé. Las villas también en la playa, sorprendían por sus techos en forma de caracola hechos con palmera.

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Carta de almohadas, fruta tropical, y cada día inciensos diferentes. Todo eran pequeños grandes detalles que te  hacían sentir especial.

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El Vabbinfaru tiene duchas al aire libre en el recinto cerrado de la habitación y jacuzzi, dos tumbonas en el acceso a la playa y colchonetas para hacer flotting en el mar.

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También aquí hay muchas actividades acuáticas, y además el buceo es más accesible ya que se puede llegar al arrecife nadando, no hace falta el barco. Así que las jornadas pasaban entre peces de colores y muchos tiburones, que aunque impresionan las primeras veces, cuando efectivamente compruebas que no hacen nada, tienen comida suficiente… es un auténtico lujo y toda una experiencia. 

Después de desayunar hacía una hora de paddle surf, sintiéndome caminar sobre esa agua tan mágica como sorprendente. Subida a la tabla podía ver perfectamente los peces nadando y varios tiburones pasaban cada día a mi lado, acompañando mis remadas.

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En Banyan Tree Vabbinfaru la cocina es rica, el desayuno espectacular y los postres y dulces impresionantes. La cena es bajo pedido a la carta, más sofisticado, pero no tan variado como el buffet del Velavaru. Y también aquí se puede cenar en la playa, una forma muy romántica de comenzar la noche.

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A 900 metros del Banyan Tree Vabbinfaru hay otro Angsana, el Ihuru. Ambos grupos están hermanados y los huéspedes de una y otra isla pueden disfrutar de las instalaciones de los dos hoteles. Esto es muy agradable, ya que ayuda a complicar un poco la jornada, bucear en uno u otro arrecife, comer en lugares diferentes, dar un paseo en barco.

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O disfrutar del increíble SPA que tienen siempre en los Angsana. Todo tipo de masajes, en cabañas al aire libre, y una decoración exquisitaimg-8384

Uno de los planes que más disfruté en Vabbinfaru por la espectacularidad del momento fue una puesta de sol desde un barco de vela clásico. Muy similar a nuestra vela latina. Aquella tarde el sol nos sorprendió, perfecto, gigante, redondo, y rojo, muy rojo. Fue sin duda un momento único.

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Las islas que he conocido están cuidadas hasta el mínimo detalle. En Velavaru crecen orquídeas en las palmeras, hay loritos y agapornis a los que puedes alimentar a las horas establecidas, pero también mantas rayas que vienen al atardecer a la orilla para recibir el alimento que los cuidadores les ofrecen.

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En Vabbinfaru tienen un criadero de tortugas  a las que sueltan al mar una vez hayan pasado el peligro de ser comidas por otros peces. Es la biodiversidad y la sostenibilidad en estado puro, todo por y para la flora y fauna marina, y para que el huésped aprenda la importancia que tiene nuestra acción en el medio ambiente.

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Sin embargo, en ninguno de estos hoteles hay un solo mosquito. Limpian uno a uno cada charco que se forma tras las lluvias para que no críen y luego fumigan con productos especiales no nocivos para el ecosistema. Los mosquitos pueden ser un problema cuando viajamos al trópico. Lo que sí hay son gigantescos murciélagos, pero cuando los veáis no os asustéis, ¡que no hacen nada!

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Por último, si viajáis a Maldivas os recomiendo llevar pareos, sombreros y cangrejeras, ya que la arena es de coral y a veces puede molestar. También es importante llevar un adaptador para los enchufes, y tarjetas de memoria para la cámara de fotos, ya que nos volveremos locos fotografiando. La mejor época para viajar a Maldivas es de noviembre a marzo, luego comienzan los monzones y aunque siempre hace calor, la luz del sol es la que aporta el color turquesa al agua en su reflejo con la arena blanca de los corales.

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Espero que os haya gustado, aunque lo realmente increíble es vivirlo en persona, como yo tuve la suerte de poder hacer. Creo que las Islas Maldivas es uno de esos lugares del planeta que merecen la pena ser visitados una vez en la vida.

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Hoteles en Maldivas:

  • Angsana Velavaru. Atolón de Dhaalu
  • Banyan Tree Vabbinfaru. Atolón de Malé
  • Angsana Ihuru. Atolón de Malé

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