Perdida en Florencia

Florencia. Ponte Vecchio

Florencia es una ciudad que todo amante del arte ha de visitar alguna vez. Arquitectura, pintura, y escultura se dan cita en Florencia. Y Dante, el poeta supremo, también llamado “padre del idioma”, nacido en Florencia en el siglo XIII, aporta a la ciudad la mágica sabiduría de la Divina Comedia, pasear por el barrio de Dante es retroceder al medievo. Pero también Florencia es la cuna, la meca del perfume.

Nada mas llegar fuimos a comer algo en la Plaza de la República. Si algún día vais a Florencia no paréis por mucha que sea la tentación, en ninguna de las terrazas de esta plaza. Nosotros cometimos la novatada del turista emocionado. Teníamos hambre y sed y el día era un espectáculo. Así que con todo nuestro romanticismo y ganas de disfrutar nos sentamos en una de estas terrazas. Dos ensaladas bastante regulares y dos cervezas: 70 euros. Un auténtico disparate, pero nuestras protestas solo hicieron reír al camarero. Total, si no somos nosotros, otros turistas volverán a sentarse en la misma mesa y a pedir más de lo mismo. Ese fue el primer impacto económico y ya asustados pensábamos que todo sería igual. Gracias a dios no fue cierto y descubrimos dos restaurantes extraordinarios y a un precio fabuloso. De la Plaza de la República caminamos hasta el Duomo. Florencia es una gran ciudad que sin embargo se recorre a pie con facilidad. La parte histórica, el corazón de Florencia es pequeño y manejable.

Catedral de Florencia, el DuomoPuerta del Paraíso, Baptiserio

Cúpula de Brunelleschi

Decidimos empezar por El Duomo para desde su torre, 414 escalones, poder hacernos una mejor idea de la ciudad a visitar. El Duomo es la imagen del primer renacimiento, la exaltación de la gloria del hombre. La catedral se empezó a construir a finales del siglo XIII y no se acabó hasta 1437, cuando Brunelleschi la culminó con la magnífica cúpula roja. En la plaza se encuentra el Baptisterio, lugar donde los florentinos recibían las aguas bautismales. Una de las puertas del Baptisterio es la llamada puerta del Paraíso, de una belleza sin igual. La auténtica se encuentra en el Museo dell´Opera del Duomo.

Vistas desde la Torre del campanario. DuomoVistas desde la torre del Duomo

Después de subir los 414 escalones y disfrutar de las bellas vistas de la ciudad, fuimos a retomar fuerzas a una heladería que nos habían recomendado, y que se encuentra muy cerca. El Grom (via del Campanile, 2) Solo hacen helados de temporada, el de pistacho delicioso. Con un helado entre las manos y recompuestos por la belleza del susto de las cervezas, tomamos rumbo al barrio de Dante. La Florencia medieval a pocos metros del esplendor renacentista. La casa de Dante, la Iglesia de Santa Margherita, la Abadía Florentina, y callejuelas cuya sobriedad medieval invita al paseo silencioso hasta llegar a la plaza de la Signoria, la más bella de Florencia.

Detalle en una calle del Barrio de Dante

Casa de Dante

Detalle de puerta en el barrio medieval de Dante

Barrio de Dante

Barrio de Dante

Callejuela en el Barrio de Dante. Palacio Vecchio al fondo

Y después de este paseo medieval uno llega a la famosa Plaza de la Signoria, el corazón de la ciudad vibra y nuestros corazones se paran unos segundos. Era la plaza de las fiestas pero también la de los suplicios. En el centro de la plaza, subido en su caballo, Cosme de Medicis domina el espectáculo. Le hacen compañía a Judit, Hércules o Neptuno. Y junto a tanta estatua, la gran fortaleza símbolo del poder de los burgueses del Renacimiento, el Palacio Vecchio y su torre de Arnolfo di Cambio. En su entrada una réplica del David de Miguel Angel (El original  está en la Accademia)

Palacio Vecchio y Cosme de Medicis

Palacio Vecchio

Patio interior del Palacio Vecchio

Para culminar tanta belleza histórica, cultural y artística, la Galería de los Uffizi. Fueron las oficinas de los duques de Toscana, y Francisco de Medicis las transformó en su galería de arte particular, hoy el Museo más importante de Florencia. Las colas para entrar pueden ser interminables, pero en los hoteles con un suplemento de 5 € nos pueden hacer una reserva previa y evitar así las colas.  En el Uffizi nos esperaban las obras de Botticelli, Uccello, Tiziano, Rafael, Caravaggio y Leonardo Da Vinci. Y unas vistas del Ponte Vecchio inolvidables.

Bordeando la plaza por la derecha, hay unas calles y callejuelas también muy bonitas, iglesias y un lugar que nos divirtió por lo no esperado, Al Pórtico, un patio de flores, dentro de un palacio, donde se pueden comprar las semillas más raras para huertos caseros y jardines. Guindillas, tomates, albahaca y otras flores y plantas hicieron nuestras delicias, ahora esperamos saber cultivarlas y disfrutarlas después. Luego nos perdimos por las calles, paseando entre el arte que se respira en cada esquina y nos dejamos llevar hasta caer, sin darnos cuenta en el Ponte Vecchio.

Plaza S Firenze

Florencia

Rincones

Detalle de una casa florentina

Calles florentinas

Iglesia escondida

Y por fin el Ponte Vecchio. Repleto de puestos y tiendas de joyas que han sustituido a los carniceros de la época. Es el puente más antiguo de la ciudad y Cosme I lo hizo coronar por una galería cubierta que comunicaba sus palacios a uno y otro lado del río para poder cruzarlo sin tener que mezclarse con la muchedumbre. El atardecer en el Puente Vecchio no tiene similar.

Ponte Vecchio

Vistas del puente de la Santa Trinita desde el puente Vecchio

Vistas desde le P. Vecchio

Detalle desde el P. Vecchio

El paseo de un puente a otro puede hacerse desde cualquier orilla, las dos son bellas y sorprendentes. Un buen calzado y ganas de disfrutar de la arquitectura, de cualquier detalle y rincón.

Desde el Puente de la Santa Trinita llegamos a la calle Tornabuoni. La milla de oro de Florencia. Las mejores tiendas y marcas italianas de Alta costura se dan cita en esta avenida. Majestuosos palacios la bordean y al parecer es desde el siglo XV la calle aristocrática de Florencia. Allí se encuentra entre otros el palacio Ferragamo que además de albergar en su parte de abajo la tienda Salvatore Ferragamo, tiene en su interior un museo con las piezas más emblemáticas del famoso zapatero. Las más caras tiendas de moda te obligan a mirar sus escaparates, sin embargo una tienda consiguió que entráramos. El Olfattorio, una bar de perfumes. Penhaligon´s, Diptyque, T.Le Clerc, Sud Pacifique, Honoré des Prés, The Diferent Company, Les Parfums de Rosine o L´Artisan Parfumeur, es decir las mejores casas de perfumes de autor reunidas en un sólo lugar. Casi me vuelvo loca, y no pude resistirme al Verte Violette de L´Artisan Parfumeur. Violeta pura, fresca y elegante. Luego en Santa María de Novella volví a caer en la tentación, con un perfume de cuero que se llama Agua de España y muy similar al Tabac Blond de Caron y otro de iris, llamado Los Angeles de Florencia, como recuerdo de la ciudad.

A dos manzanas del hotel, en la propia calle Porta Rossa hay un palacio medieval que puede visitarse para ver cómo vivían los aristócratas de la época. Es el Palacio Davanzati. Paredes decoradas con frescos, con loros, con escudos. Puede visitarse la habitación nupcial del señor del lugar, Tomaso Davizzi y hacerson una idea de las costumbres y forma de vida de la época. Y el Palacio de Strozzi,  fue un banquero de la época de Cosme de Medici cuyas pretensiones de grandeza le llevaron a construir el palacio más grande de Florencia, más grande aún que cualquiera de los palacios Medici del momento, y en epicentro de la ciudad. Al parecer tanta pretensión le salió mal y acabó muriendo encarcelado, pero su Palacio es uno de los monumentos más carismáticos de la ciudad.

Iglesia de la Sta Trinita

Palacio Ferragamo

Otro lugar imprescindible en una visita a Florencia es la Basílica de Santa María de Novella, de fachada renacentista diseñada por Alberti. Su interior es igualmente bello.

Santa María de Novella

Detrás de la Iglesia se encuentra la Oficina Profumo Farmaceutica de Sta. María de Novella, fundada en 1612. En una antigua capilla de dominicos se encuentra este mágico lugar donde antaño los monjes preparaban sus perfumes, ungüentos y pócimas milagrosas. Ellos mismos cultivaban su propio jardín de flores aromáticas, el lirio (iris) es la flor de Florencia y símbolo de la ciudad. Pero también plantas medicinales de las que aquellos monjes conocían todos sus poderes curativos. Utilizaban el agua de rosa como desinfectante, (me hizo gracia esta explicación, ya que yo siempre digo que el agua de rosa es anti séptica y anti bacteriana y por eso funciona tan bien en casos de acné) y al parecer venían gentes desde muy lejos para conseguir este agua de rosas y otras muchas esencias y resinas milagrosas. Hoy en día es lugar de culto para amantes del perfume. Y allí pasé buena parte de mi última mañana en Florencia.

Sta. Maria de Novella. Oficina del Perfume

Officina Profumo Farmaceutica Sta. María de Novella

Para terminar el fin de semana, un paseo por el barrio que rodea el Palacio Pitti, al otro lado del río Arno. En la Plaza del Palacio descubrimos la primera noche un restaurante que se llama Caffe Pitti donde nos dieron un menú degustación a base de trufa blanca realmente delicioso y a un precio muy asequible. Y también en esta zona al otro lado del río fuimos a una trattoría muy típica florentina, Il Cuatro Lioni, nos gustó tanto que repetimos nuestro último almuerzo. Trattoría muy recomendable. El último día volvimos para pasear a esta zona del Palacio Pitti. Allí se encuentran los jardines de Boboli que no nos dio tiempo a visitar. Pero en su lugar caminamos bajo la lluvia. Contemplamos bellos jardines y parques, rincones húmedos, calles mojadas.  Adiós Florencia, cuanta riqueza en tan poco espacio concentrada.

Barrio tras el palacio Pitti

Calles mojadas de Florencia

Pequeños altares en las calles de Florencia

Nos hospedamos en el Porta Rossa, un NH en un antiguo palacio recién restaurado por la cadena hotelera. Sinceramente la elección fue un éxito. La ubicación del Porta Rossa no puede ser mejor. Se encuentra en la calle con el mismo nombre, en el epicentro de la ciudad, a un paso de cualquier lugar de interés turístico. Además el hotel esta muy bien decorado, acogedor, moderno pero con mucho estilo, elegante y actual. Nuestra habitación era preciosa y tenía fresco del siglo XVIII en las paredes y en el techo. El servicio y la atención recibida por el personal del hotel también fueron impecables. Así que desde aquí un diez al NH Porta Rossa.

Sthendal se quedó corto con su síndrome.

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