Kirkenes

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Amanece mientras cruzamos el fiordo de Varanger donde se han encontrado restos de construcciones del año 9.000 a.C. Estamos expectantes ante la inminente llegada a la ciudad de Kirkenes, fin de nuestro viaje y frontera con Rusia.

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Aprovecho para hacer las últimas fotografías desde la cubierta más alta del barco.

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A las 9:45 h según el horario previsto, el MS Finnmarken atraca en el puerto.

Estamos en la desembocadura del río Pasvikelva que hace de frontera natural. El puerto se encuentra muy dentro del fiordo, por lo que las corrientes del Golfo (Ver Hurtigruten Día 2) no llegan con facilidad y sus aguas se congelan a menudo.

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Fuera hay -10º, aún es otoño y no hace frío. Durante el invierno pueden llegar a los -45º. Sin embargo nuestro guía nos cuenta que a partir de los -35º la sensación térmica no varía, ¡ya da igual!

Bien abrigados nos despedimos del que ha sido nuestro hogar los últimos cinco días. Hay sensación de tristeza. Los buenos momentos pasados hacen que un brazo invisible tire de mí hacia su interior. El grupo apenas habla. Esta vez saldremos para no volver a entrar, nos gustaba escuchar aquella voz metálica del lector de billete cuando nos decía: Wellcome.

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El crucero más bello del mundo ha llegado a su fin, pero aún nos queda un intenso día en Kirkenes.

Comenzamos visitando la ciudad, sus viviendas de colores seguramente para alegrar la oscuridad del invierno.

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La zona residencial de Prestfjellet, desde donde las vistas de la ciudad son amplias y muy bonitas. Desde ahí vimos en el muelle atracado el SM Finmmarken.

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Kirkenes fue invadida por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y allí establecieron su base de Marina con vistas a entrar en Rusia. Los aliados bombardearon la ciudad hasta destruirla por completo. Poco más de 10 casas quedaron en pie.

Sin embargo los alemanes construyeron un gran bunker antiaéreo a 8 metros de profundidad y allí se refugiaban los habitantes de la ciudad durante los bombardeos. Cuentan que tan solo 8 personas murieron a consecuencia de los ataques. Es el bunker de Andersgrotta donde nos proyectaron un vídeo explicando la tragedia que vivió Kirkenes durante la Guerra Mundial.

IMG_0007 Junto al bunker se encuentra la famosa señal que los alemanes pusieron en aquel lugar señalando las distancias hacia otras ciudades.

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A 15 km se encuentra la frontera de Storskog, la frontera oficial con Rusia. Fue en 1926 cuando se delimitaron fronteras y pasos fronterizos. Y fue esta una zona muy tensa durante los años de la Guerra Fría.

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¡Quién lo diría! Admirando las vistas y el reflejo de las nubes y montañas en las aguas del fiordo… Tanta paz. ¡Cuánta belleza!

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Atardece pronto, o mejor dicho, durante todas las horas de luz en nuestro viaje ha estado atardeciendo. El sol permanece casi en el horizonte durante el tiempo que acompaña.

A partir del 20 de noviembre no volverá a asomarse hasta el 20 de enero. Luego durante los meses de verano se podrá disfrutar, por el contrario, del sol de media noche. Ahora las auroras boreales pueden aparecer en cualquier momento desde que el astro rey se despide.

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Así que antes de que anochezca hay que seguir ruta porque nos espera una salida en lancha rápida para recoger las nasas de King Crab y preparar con ello el almuerzo. Podéis recordar cómo era la gastronomía noruega en este post.

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Una experiencia genial y un anochecer precioso desde la cabaña donde fuimos a preparar el cangrejo real. Paseando por la costa de los fiordos nos llevaron a ver otro bunker alemán cavado en la piedra del fiordo.

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Mientras los colores son cambiantes, la luz de la tarde se refleja en la nieve.

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Y la roca milagrosa para los samis y donde antiguamente iban antes de recolectar las cosechas. Dos siluetas eran muy importantes para ellos. Una mujer postrada para dar a luz y un dedo que apunta al cielo.

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Luego en la cabaña nuestro guía nos explica muchas curiosidades, el origen, y otros datos sobre el cangrejo real. Lo podéis leer también en el post sobre gastronomía noruega.

La luna vino hasta la pequeña cabaña de madera. Parecía entre árboles querer decir hasta pronto.

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Ya de vuelta a la ciudad nos esperaba la mejor de las sorpresas. El premio de despedida. La ilusión de cualquier persona que viaje hasta el Círculo Polar Ártico en esta época del año. ¡Las auroras boreales!

La primera apareció en la explanada del hotel Thon mientras esperábamos el coche para ir a cenar. A todos se nos quitó el hambre de golpe. Pudimos ver cómo la aurora salía tras la montaña nevada extendiendo su verdor como si fuera una alfombra bajo la Osa Mayor. Creo que jamás vi algo tan hermoso.

Aurora boreal en Kirkenes

La segunda aurora nos sorprendió mientras cenábamos en el fabuloso hotel de hielo. Pero no pude fotografiarla. La tercera aurora, la que nos hizo gritar con mayor ilusión, pues ya no contábamos con ella, fue la que vino a despedirse entre nubes mientras caminábamos rumbo al hotel después de una cerveza final. Esta vez parecía un gran gusano que se estiraba y encogía de forma caprichosa.

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Sólo los afortunados que han presenciado este espectáculo de la naturaleza saben a lo que me refiero cuando hablo de emoción. Para el resto, os prometo que es algo único, mágico y muy especial.

¡Soy afortunada! Gracias Hurtigruten por plantear este fabuloso viaje y darme la oportunidad de probar Carla Bulgaria Roses Beauty en el crucero más bello del mundo.

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